¡Qué tremenda es la vida para que una manchega de cuna se marchase tan lejos!
Por más que mi mirada registra el horizonte no consigo advertir
señales de su hogar.
Los
paisajes de mi
pueblo son muy humildes comparados con los de su hogar.
Yo tampoco puedo oler la jara, que ahora estará en plena floración.
Pienso que estoy cerca de mi pueblo, pero a lo mejor mi lejanía es mayor que la suya.
Gracias por sus ánimos, pero el mundo me necesita muy poco, pues no merece la pena vivir la vida como yo
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