En mi adolescencia veraneé en
Piedrabuena. Todas las
noches mi primo y yo cogíamos una manta y por lo más alto de los
tejados nos íbamos
calle abajo, a la mitad del recorrido siempre a la misma hora, en un
balcón una muchacha bellísima se desnudaba y se preparaba para dormir, una de las escenas más bella de mi vida. Continuábamos nuestro recorrido por los tejados calle abajo y los dos liados en la manta veíamos gratis el
cine de
verano. Un día ella nos vió, nos quedamos atónitos, nos sonrió y siguió
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