El Estatut era un empeño personal del presidente Zapatero. Fue él quien, sin que nadie se lo pidiera, y creyendo que no ganaría las elecciones, se comprometió a aceptar "como venga" un texto del parlamento catalán. Pues bien: ya ha venido y ya ha vuelto. Y en su camino no ha dejado títere con cabeza. La persistente anestesia que se ha apoderado de la sociedad española desde el 11-M está paliando los efectos que cabalmente debería causar semejante patinazo, pero sólo es cuestión de tiempo: poco a ... (ver texto completo)