TURON: -Quisiera decirte, graciosa niña de ojos claros, que...

Clara se acordo de los consejos de su madre, de las caricias de su padre, de las historias de la abuela Angustias y de las peleas de sus hermanas y sintió deseos de correr, callejón abajo, hacia ellos.

-Quisiera decirte, graciosa niña de ojos claros, que ningun ser de este mundo (ni siquiera las alimañas del monte o los árboles del bosque, que seres son aunque de diferente calaña) escapa a los momentos de soledad y que son esos momentos los que hacen sentir luego el amor y la compaña como algo grande, capaz de elevar el corazón hasta las cumbres y acercarlo a la caricia del cielo, porque muy cierto es que para gozar hay que sufrir primero y el que más disfruta de algo es aquel que antes careció de ello; así pues, hermosa niña, mientras secas ahora tus cabellos, saborea tu angustia y apréndete bien su sabor, y mañana, cuando ya haya cesado en su impertinencia la lluvia, cuando alborezca el dia y la luz asperjada del cielo rompa las sombras en mil pedazos, lávate la boca con el agua cristalina de las fuentes, pues ya no te queda agua de rosas, y levanta la mirada por encima de la Peña Grande pues, al hacerlo, encontrarás sin duda, irisada por algún nuevo rayo de sol, otra vez la ilusión (que es algo asi como el color de tus ojos o la frescura de tu piel).