-Quisiera decirte, graciosa niña de ojos claros, que ningun ser de este mundo (ni siquiera las alimañas del
monte o los
árboles del bosque, que seres son aunque de diferente calaña) escapa a los momentos de soledad y que son esos momentos los que hacen sentir luego el amor y la compaña como algo grande, capaz de elevar el corazón hasta las cumbres y acercarlo a la caricia del
cielo, porque muy cierto es que para gozar hay que sufrir primero y el que más disfruta de algo es aquel que antes careció
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