Hola amigos: De nuevo con vosotros para continuar con las vivencias de Deza. Ya decía que lo desagradable se olvida y lo más desagradable para mí, fué tener que ir a espigar. Recuerdo con desagrado hasta la porción de chocolate que me daba mi madre, antes de salir de casa, con las legañas en los ojos, del madrugón. Hacía el camino a regañadientes y, una vez llegado al rastrojo, no había nada que me pareciera bien. Pinchazos en las piernas, picotazos de moscas, mosquitos y tábanos; y el suelo..., ... (ver texto completo)
Donde dije "valgana", léase "galbana". Rectificar es de sabios, aunque hubiera preferido ser más normalito. Un abrazo.