El año 1939 mi padre sería uno de los mayores cosecheros de anís; pero tuvo mala suerte. Había cosechado unos mil kilogramos de simiente y no sabía que hacer con ellos pues ni siquiera tenía precio. Por su mala suerte lo llevó con sus dos mulillas al pueblo de Ariza, distante unas cinco leguas de Deza. Le costaría hacer por lo menos cuatro viajes o sea unos doscientos kilómetros entre idas y venidas. A peseta el kilo, fueron mil pesetas en total lo que sacó.
El caso es que a los pocos días se lo ... (ver texto completo)
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Cuando yo era chico, recuerdo que la Avelina que era la que vendía en la Plaza los confites, (hoy día se dirían los chuches), todos los domingos y fiestas de guardar, tenía entre sus mercancías unos cigarrillos de paja de anís. Estos cigarrillos tenían un sabor dulzón y muchos de nosotros nos fumábamos los seis del atadillo, uno detrás de otro. Era el primer paso para hacerse fumador, sin duda alguna. Entonces no era considerado el fumar, como una aberración: Era cosa de hombres...
Los tiempos ... (ver texto completo)
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