Corría el año 1878. Sentados sobre el poyo que bordea a lo largo de toda la fachada Nordeste de la monumental iglesia de Deza, entre el contrafuerte próximo al campanario y la esquina de la calle que baja de la de “la Red”“, tres paisanos charlan acerca de los problemas con la sequía: ya hace cuatro meses que no llueve y, de no hacerlo pronto, la cosecha se perderá o al menos no granarán bien los trigos ni las cebadas.
El tío Félix, que es el más viejo, sentencia:
-Las cebadas se están secando ... (ver texto completo)
El tío Félix, que es el más viejo, sentencia:
-Las cebadas se están secando ... (ver texto completo)
La historia que aquí nos cuenta pefeval de su bisabuelo, interpretaciones de cada uno aparte, es verosímil por cuanto el testimonio de lo ocurrido ha pasado de padres a hijos en un tiempo relativamente cercano y muy pocas generaciones. Dentro de otros doscientos años alguien podría pensar que estábamos ante otra leyenda -muchas de las consideradas leyendas tienen un fondo histórico cierto, aunque pueda haber rasgos que se exageren- y habría quien lo pusiese en duda, como de lo que fui testigo en ... (ver texto completo)