A las seis y media en punto, el vigilante y avisador, tocó retreta para que los tiradores se entrenaran un poco al tiro al blanco, nos quedamos tres componentes del grupo: el jefe del campamento, el mensajero y el vigilante y avisador, estuvimos un rato descansando, acto seguido bajamos hasta una chopera que hay unos metros más abajo del campamento con la intención de coger leña para la noche, una vez la leña en el campamento, estábamos los tres dispuestos a atacar un plato de olivas con un poco ... (ver texto completo)
Después vimos que habían cazado un par de conejos, lo cual nos llenó de gran alegría a todos; como era muy tarde no arreglamos las dos piezas, por lo que decidimos meterlos en una bolsa y depositarlos en la fresquera. Luego nos dispusimos hace la cena, que consistió en una buena ración de sopa y patatas fritas; varios componentes de los batidores que no querían sopa, cogieron su ración de patatas fritas y se retiraron a sus respectivos aposentos; cuando estuvo preparada la sopa y las patatas fritas nos dispusimos a cenar, una vez concluida dicha cena, la mayoría se marchó a sus aposentos, el resto de expedicionarios nos quedamos un rato más hablando y refrescándonos un poco así estuvimos hasta que se fue extinguiendo el fuego, entonces fue cuando nos retiramos todos a nuestros aposentos. A las cuatro, como de costumbre, llegó el mensajero procedente de la Villa, nos contó que la gente estaba bastante expectante con motivo de nuestra expedición, también trajo carne y pan para el día siguiente; una vez guardado todo, se acostó. Estábamos todos soñando con los angelitos, cuando tuvimos un despertar un tanto ruidoso y bastante cargado de bombo; esto fue debido a que pasó por encima del campamento un avión a reacción que en vuelo rasante, nos dio un gran susto, lo que provocó que saliéramos de nuestros aposentos muy molestos y profiriendo gritos e insultos hacia el piloto de dicho avión. A continuación de esta no muy agradable forma de despertar, tuvimos la más desagradable de las sorpresas que nos acontecieron en nuestro periodo de acampada, pues alguien se acercó a la fresquera y vio con gran desagrado para él y luego para el resto del grupo, que la bolsa que dejamos la noche anterior con los conejos que que mataron los batidores, había desaparecido, una vez certificada dicha desaparición por el resto del grupo, nos dedicamos a buscarla por los alrededores, pero todo resultó inútil, con lo que desistimos en la búsqueda, a continuación nos reunimos todos procurando calmarnos, entonces nos percatamos que alrededor de la fresquera había huellas, huellas que parecían de perro o de zorra; de perro no podían ser, puesto que los perros del pastor estaban a unos kilómetros de distancia y aquella noche no estuvo por allí, por lo que deducimos que solo podían ser de zorra. Después y ya todos un poco más calmados nos dispusimos a preparar el mejor y por cierto, el último de los almuerzos de todos los que hicimos durante el tiempo que duró la acampada. Dicho almuerzo consistió en una sartenada de migas, otra de fritada y otra de tomate frito revuelto con huevos, que por cierto, nos pusimos más que “moraos” después de dar por finalizada dicho almuerzo, nos preparamos para perfumar nuestros pulmones, a la vez de apagar nuestra sed con nuestros originales "PELIFLUS", consistentes en medio limón exprimido en un vaso, vodka o ginebra, según gustos de cada uno y agua de la fresquera, que hacía las veces de hielo.
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