Pompeu Fabra hurgó en vocabularios antiquísimos o en poblachos perdidos con tal de encontrar un arcaísmo que no se pareciera al término que usualmente se hiciera servir en catalán, y todo por desespañolizar el idioma hasta en las apariencias; de hecho, cuando no podía recurría a galicismos y anglicismos; es bien conocido que la sintaxis catalana y la castellana, a principios del s. XX, eran espantosamente iguales, y la gente del Avenç procuró disimular tal coincidencia con toda clase de artificios, como p.ej. Eliminar complementos directos, omitir preposiciones y demás). Antes de ser el "gran reconstructor de nuestra nación", como ha sido llamado frecuentemente, Pompeu Fabra reconocía, sin embargo, que el valenciano moderno era otra cosa que el catalán. Fue ponerse a reconstruir la nación y parió la burra. Porque sí, introdujo cambios ortográficos (suprimió haches intercaladas y finales, cambió la conjunción y por y, suprimió el uso de los grupos tg y tj en final de palabra, excomulgó el dígrafo africado ch en beneficio de una fricativa por, adoptó las eles germinadas (l.l) como sustituto de prácticamente todas las elles, prefirió amb a en, cambió en todos los sufijos -isar la s por tz, etc.); porque sí, introdujo acentos gráficos nuevos (antiguamente ni el catalán ni el valenciano se acentuaban); porque sí, hizo política con la lengua. No quería/no normalizar una o dos lenguas sino construir "uns paraïsos" que nunca han existido históricamente. ... (ver texto completo)