La matanza insólita de once obispos y 8.000 clérigos, la destrucción y saqueo de 40.000 templos durante la Guerra Civil española, así como las persecuciones que los prepararon durante los años finales de la II República fueron gravísimos sucesos contemplados con asombrosa pasividad por los últimos Gabinetes republicanos trufados de masones, así como por el Presidente Manuel Azaña.