Todavía me acuerdo cuando traían el abono a mi
casa, y mi padre, mis tíos y mi abuelo los amontonaban sobre la pared del
patio, y mi entretenimiento era subirme encima de ellos y saltar una y otra vez. Cuando se caía alguno me iba a dar una vuelta por el
pueblo hasta que se olvidaba el percance y a otra cosa.
Siempre teníamos prisa por ir a la
calle, yo he llegado a olvidarme de ir a
comer por jugar con los
amigos en la
pila. Pero no en la nueva, sino en la que había detrás del
abrevadero.
La verdad
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