No quieren a aquellos que defienden la libertad religiosa, como derecho fundamental básico que comprende la plenitud de su ejercicio tanto en el ámbito personal como en el público, única manera como una religión puede existir. No es concebible una comunidad, un colectivo, que no pueda expresarse públicamente. La masonería, sobre todo para aquellas personas que venimos de una educación forjada en la lucha democrática durante el franquismo, siempre ha sido contemplada con indulgencia, cuando no con una media sonrisa de incredulidad en los labios. El uso y abuso de la “confabulación-rojo-judeo-masónica” que desarrolló el franquismo ha creado anticuerpos y nos han situado en el extremo opuesto de lo que es la realidad. Una realidad que, en coordenadas europeas, hace tiempo que es contemplada de una manera mas seria.
Altos cargos de la administración de la Unión Europea en Bruselas no tienen empacho en comentar que el lobby masónico es uno de los tres más importantes por su capacidad de influir. Actualmente esta influencia se dirige a objetivos distintos, pero existe una obsesión, sobre todo en la masonería surgida de la forja francesa, antirreligiosa y especialmente anticatólica. Su voluntad confesada, como puede constatarse en sus webs, es expulsar el hecho religioso de la vida pública, prohibir todas sus manifestaciones. Se trata, por tanto, de una propuesta totalitaria en el sentido de que cercena de raíz un derecho fundamental. Pero está ahí, actúa y ha demostrado su fuerza en la manera como se ha desarrollado la nueva Constitución Europea. Es prudente que seamos conscientes de ello y tengamos información sobre lo que hace y dice esta organización semisecreta que es la masonería.
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