Cuando yo era chico, recuerdo que la Avelina que era la que vendía en la Plaza los confites, (hoy día se dirían los chuches), todos los domingos y fiestas de guardar, tenía entre sus mercancías unos cigarrillos de paja de anís. Estos cigarrillos tenían un sabor dulzón y muchos de nosotros nos fumábamos los seis del atadillo, uno detrás de otro. Era el primer paso para hacerse fumador, sin duda alguna. Entonces no era considerado el fumar, como una aberración: Era cosa de hombres...
Los tiempos ... (ver texto completo)
Los tiempos ... (ver texto completo)
En los largos inviernos de nuestra tierra, los chicos de los pueblos como el nuestro, también nos las arreglábamos para no estar tantas horas dentro de casa a pesar de que no había ninguna distracción para nosotros, pagada por el gobierno. Al salir de la escuela cogías tu merienda y a la calle. Allí jugabas un buen rato a una cosa u otra y después venían las deliberaciones de lo que habríamos de hacer, seguidamente. Una de ellas era ir a buscar por las eras palotes de anís y de garbanzos, tástanas ... (ver texto completo)