9. La lámpara del demonio. Los accidentes familiares son un clásico a la hora de contar anécdotas. En casa de Liizeth, unas navidades a una de sus tías le dio por bailar y en su desenfrenado contoneo se llevó por delante una lámpara que le dio de lleno en la cabeza de la protagonista (entonces sólo una niña). Mientras ella se lamentaba de los chichones causados por el golpe en un rincón, todos reían ante la reacción de la abuela. La lámpara era suya, se la acaban de regalar y ya no podría disfrutarla.
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10. Si bebes, no dejes culines. El protagonista de esta anécdota tenía sólo nueve años cuando tuvo su primera resaca navideña. Después de los brindis, los adultos dejaron sus copas de brandy a medio vaciar y el pillastre se dedicó a beberse todos los restos. El resultado fue una borrachera tremenda con el consiguiente escándalo en la familia. Así que señores, aprendan de los errores ajenos y vigilen a sus niños o, al menos, apuren sus copas.
Un abrazo.
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