Me vienen, sin saber por qué, tal vez por mis manías, de recordar esas sinrazones que inapelablemente la vida nos deparaba desgraciada mente en los pueblos, por la falta de educación que viene bien aquí recordar. Si queremos aprender del daño que se puede hacer con estas y otras injusticias. Había en el nuestro una joven, muchacha, que he cambiado el nombre por obvia precaución, muy guapa y dos señoras, sesentonas y cotillas cerca de mi en una tienda, exclamaron:" ¡MIRA, LA MEDIO-MONJA!". Yo me atreví ... (ver texto completo)