Si, no tengo excusas para esta tardanza. Que ruego me disculpes con la certeza de que tus palabras de aliento y tu compresión han sido para mí, tan gratas como inmerecidas.
Estoy seguro de que ya, a estas alturas de la
historia, habrás, sin duda, comprendido, si me he explicado bien, cosa de la que desearía tener vuestra confirmación. Que para salir de aquella, que hoy he titulado sinrazón, necesité mucha ayuda, y que de una forma completamente altruista esta persona, todavía anónima, me dio. Y
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