Considerando la sugerencia de la amiga Blasi, con respecto al aprovechamiento de mi tiempo, “contándoles cosas”, he decidido disponerme a ello, quizás no rauda ni veloz, (dada mi inmovilidad), pero sí “inmediatamente”.
Es posible, que de las cosas que aquí relate, a muchos amigos no les parezcan interesantes, ni divertidas. Si así fuera, vaya a éllos, de antemano, mis disculpas. Sólo pretendo mantener mi contacto con este foro (es estimulante para mi), y por otra parte, “activar” este laaaargo tiempo mio.
Al momento de plantearme sobre las cosas que podría contarles, descarto, al menos por ahora, el tema político-social, actual en Venezuela; sí podría hablarles sobre su folklor, costumbres, tradiciones, etc., pero por otra parte, pienso que para informarse de todo esto, ustedes cuentan con el “muy inteligente amigo Google”; así que me he decidido por algo más simple, pero mucho más personal:
Voy a relatarles algunas anécdotas, de la vida de esta jimenata, en aquellos mis primeros años, aquí, en Venezuela.
MI LLEGADA AL PUERTO DE LA GUAIRA
Comienzo por recordar aquel día, cuando después de haber transcurrido 11 días que saliéramos del Puerto de Cádiz, aquel barco, llamado “Virgínia de Churruca”y que durante todo ese tiempo se había convertido en nuestro hogar, llegaba, finalmente, el l0 de marzo del l964, al Puerto. de La Guaira.
De mi estancia en el barco, los recuerdos que sobresalen son: los horribles malestares producidos por los mareos, en casi todo el trayecto del viaje; aquel gran salón-comedor, donde se celebraba “La fiesta del Capitán”, y en donde, por primera vez, oí y ví cómo se bailaba una música llamada “salsa”, la misma que luego me tocó aprender a bailar a mi, pues es lo cotidiano aquí; y algo que causó mucho asombro a mi mente pueblerina, fue ver una piscina dentro de un barco, y más aún, observar el “desparpajo” de aquellas mujeres, que con minúsculos bikinis, se bañaban y tomaban el sol, mientras bebían…, bebían…, fumaban…, fumaban…y fumaban…, como si fuesen “malas mujeres” (¡?!) ¡QUE MENTE TAN CONSERVADORA TENIAMOS EN LA ESPAÑA DE LOS 60!.
Retomo mi narración y me ubico en el punto de nuestra llegada al Puerto de La Guaira:
Era de noche, y por lo tanto fue necesario esperar hasta el día siguiente para el desembarque. En mí había una mezcla de sentimientos, por una parte, el dolor y la tristeza de palpar, por primera vez, la lejanía de mi patria, especialmente mi patria chica: JIMENA, la distancia de mi familia y mis amigos, en fin, todo lo que hasta ese momento, había sido “mi mundo, mi vida”; pero al mismo tiempo, sentía la impaciencia por ver y abrazar a mi padre, al igual que también albergaba la natural curiosidad, propia en mí, de conocer “otras cosas distintas”.
Es posible, que de las cosas que aquí relate, a muchos amigos no les parezcan interesantes, ni divertidas. Si así fuera, vaya a éllos, de antemano, mis disculpas. Sólo pretendo mantener mi contacto con este foro (es estimulante para mi), y por otra parte, “activar” este laaaargo tiempo mio.
Al momento de plantearme sobre las cosas que podría contarles, descarto, al menos por ahora, el tema político-social, actual en Venezuela; sí podría hablarles sobre su folklor, costumbres, tradiciones, etc., pero por otra parte, pienso que para informarse de todo esto, ustedes cuentan con el “muy inteligente amigo Google”; así que me he decidido por algo más simple, pero mucho más personal:
Voy a relatarles algunas anécdotas, de la vida de esta jimenata, en aquellos mis primeros años, aquí, en Venezuela.
MI LLEGADA AL PUERTO DE LA GUAIRA
Comienzo por recordar aquel día, cuando después de haber transcurrido 11 días que saliéramos del Puerto de Cádiz, aquel barco, llamado “Virgínia de Churruca”y que durante todo ese tiempo se había convertido en nuestro hogar, llegaba, finalmente, el l0 de marzo del l964, al Puerto. de La Guaira.
De mi estancia en el barco, los recuerdos que sobresalen son: los horribles malestares producidos por los mareos, en casi todo el trayecto del viaje; aquel gran salón-comedor, donde se celebraba “La fiesta del Capitán”, y en donde, por primera vez, oí y ví cómo se bailaba una música llamada “salsa”, la misma que luego me tocó aprender a bailar a mi, pues es lo cotidiano aquí; y algo que causó mucho asombro a mi mente pueblerina, fue ver una piscina dentro de un barco, y más aún, observar el “desparpajo” de aquellas mujeres, que con minúsculos bikinis, se bañaban y tomaban el sol, mientras bebían…, bebían…, fumaban…, fumaban…y fumaban…, como si fuesen “malas mujeres” (¡?!) ¡QUE MENTE TAN CONSERVADORA TENIAMOS EN LA ESPAÑA DE LOS 60!.
Retomo mi narración y me ubico en el punto de nuestra llegada al Puerto de La Guaira:
Era de noche, y por lo tanto fue necesario esperar hasta el día siguiente para el desembarque. En mí había una mezcla de sentimientos, por una parte, el dolor y la tristeza de palpar, por primera vez, la lejanía de mi patria, especialmente mi patria chica: JIMENA, la distancia de mi familia y mis amigos, en fin, todo lo que hasta ese momento, había sido “mi mundo, mi vida”; pero al mismo tiempo, sentía la impaciencia por ver y abrazar a mi padre, al igual que también albergaba la natural curiosidad, propia en mí, de conocer “otras cosas distintas”.