1.3.4. Época árabe (s. VIII - s. XIII). SIERRA MAGINA
La llegada de los musulmanes va a suponer una época de esplendor para la comarca por el desarrollo de la agricultura y del comercio, que se traduce en un importante crecimiento demográfico. Los árabes perfeccionaron los sistemas de regadío favoreciendo el cultivo en aquellas zonas que por su orografía no eran aprovechadas. El impulso de la actividad agrícola durante esta época diversificó el paisaje con la introducción de nuevas plantas, junto con un conjunto de sofisticados e ingeniosos métodos de aprovechamiento del agua, muchos de los cuales se usan en agricultura.
Los molinos harineros de rodezno, difundidos por los árabes en todo el Al-Ándalus, son un ejemplo de otra forma de aprovechamiento de las canalizaciones de agua para los regadíos. Se ubicaban junto a las huertas, como un elemento más del paisaje, muy vinculado al desarrollo de la agricultura. Quedan restos actuales de molinos en Pegalajar, Huelma, Torres, Albanchez, Cuadros (Bedmar), etc, unos mejor conservados que otros. La mayoría de ellos ubicados en las huertas, parajes que son el mayor referente de las nuevas técnicas de cultivo introducidas en la comarca. El desarrollo de las huertas y del olivar va a marcar un modo de vida que tendrá continuación en época cristiana.
Por otro lado, la cría del gusano de seda estaba muy extendida por la zona, vinculada al desarrollo de la morera, que fue introduciéndose en las alquerías de Sierra Mágina y cuyo cultivo ha perdurado hasta épocas recientes, dejando su huella en la toponimia, como en Bélmez de La Moraleda.
Aunque la mayoría de la población era autóctona, algunas familias árabes se asentaron en la zona, como los Asadíes, descendientes de los Banu Mihsan, por el Wadi Abd Allah (río Guadalbullón); los Kilabíes, que se establecen en Jódar, donde también residían los descendientes de al-Sumayl, al que Ardabasto, hijo de Witiza, donó diez aldeas; y los Uqaylíes, en Mantisa (La Guardia). En Walma (Huelma) se asentaron los antepasados de la Banu Yuzzayy, familia granadina que tras la caída de los almorávides se convirtieron en señores de Jaén durante algún tiempo. Durante el dominio musulmán perteneció a la cora de Ilbira (Granada).
La población que más destaca en este período es Xaudar (Jódar), que se convierte en el centro político, administrativo y cultural de la comarca. Esta primacía del pasado ha dejado su huella en el castillo, y en el recuerdo de una gran mezquita de tres naves sostenidas con columnas de mármol y su rica vida comercial. Destacaba por su producción de aceite, que le llevó a ser conocida como Gadir al-Zayt (el depósito de aceite). También era famoso un tinte escarlata (Xodarí), que exportaba a Oriente.
Como Jódar, prácticamente todos los pueblos de la comarca conserva su castillo árabe, a veces sobre otros de construcción romana o visigoda, que en gran parte tienen su origen en la inseguridad reinante en el siglo IX, tales son los de Jimena, Torres, Cambil y Alhabar, Mata Begid, Pegalajar, Albanchez, Jódar, Bedmar, Huelma, Solera, Bélmez,...
La llegada de los musulmanes va a suponer una época de esplendor para la comarca por el desarrollo de la agricultura y del comercio, que se traduce en un importante crecimiento demográfico. Los árabes perfeccionaron los sistemas de regadío favoreciendo el cultivo en aquellas zonas que por su orografía no eran aprovechadas. El impulso de la actividad agrícola durante esta época diversificó el paisaje con la introducción de nuevas plantas, junto con un conjunto de sofisticados e ingeniosos métodos de aprovechamiento del agua, muchos de los cuales se usan en agricultura.
Los molinos harineros de rodezno, difundidos por los árabes en todo el Al-Ándalus, son un ejemplo de otra forma de aprovechamiento de las canalizaciones de agua para los regadíos. Se ubicaban junto a las huertas, como un elemento más del paisaje, muy vinculado al desarrollo de la agricultura. Quedan restos actuales de molinos en Pegalajar, Huelma, Torres, Albanchez, Cuadros (Bedmar), etc, unos mejor conservados que otros. La mayoría de ellos ubicados en las huertas, parajes que son el mayor referente de las nuevas técnicas de cultivo introducidas en la comarca. El desarrollo de las huertas y del olivar va a marcar un modo de vida que tendrá continuación en época cristiana.
Por otro lado, la cría del gusano de seda estaba muy extendida por la zona, vinculada al desarrollo de la morera, que fue introduciéndose en las alquerías de Sierra Mágina y cuyo cultivo ha perdurado hasta épocas recientes, dejando su huella en la toponimia, como en Bélmez de La Moraleda.
Aunque la mayoría de la población era autóctona, algunas familias árabes se asentaron en la zona, como los Asadíes, descendientes de los Banu Mihsan, por el Wadi Abd Allah (río Guadalbullón); los Kilabíes, que se establecen en Jódar, donde también residían los descendientes de al-Sumayl, al que Ardabasto, hijo de Witiza, donó diez aldeas; y los Uqaylíes, en Mantisa (La Guardia). En Walma (Huelma) se asentaron los antepasados de la Banu Yuzzayy, familia granadina que tras la caída de los almorávides se convirtieron en señores de Jaén durante algún tiempo. Durante el dominio musulmán perteneció a la cora de Ilbira (Granada).
La población que más destaca en este período es Xaudar (Jódar), que se convierte en el centro político, administrativo y cultural de la comarca. Esta primacía del pasado ha dejado su huella en el castillo, y en el recuerdo de una gran mezquita de tres naves sostenidas con columnas de mármol y su rica vida comercial. Destacaba por su producción de aceite, que le llevó a ser conocida como Gadir al-Zayt (el depósito de aceite). También era famoso un tinte escarlata (Xodarí), que exportaba a Oriente.
Como Jódar, prácticamente todos los pueblos de la comarca conserva su castillo árabe, a veces sobre otros de construcción romana o visigoda, que en gran parte tienen su origen en la inseguridad reinante en el siglo IX, tales son los de Jimena, Torres, Cambil y Alhabar, Mata Begid, Pegalajar, Albanchez, Jódar, Bedmar, Huelma, Solera, Bélmez,...