Jimena es un
pueblo singular, algo que no escapa a la visión del visitante
que llega a la población por primera vez y establece contacto con su entorno y
su gente. Esta singularidad también se manifiesta en el
paisaje y la sonoridad
del mismo, producto de una orografía donde el viento convierte sus ráfagas
en
música al cruzar las faldas del Lanchar, bordear las cuatro
esquinas o encajonarse en la Majá.
Música omnipresente en la población, y que desde antiguo ha formado parte viva
de sus
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