Nunca llegué a pensar que fueses tan sensible, no te alarmes, desalarmate, las armas solo para cuando las necesites.
Con esto me estás recordando un chiste que oí ayer del inconmesurable y tristemente desaparecido Eugenio (que bien me ha quedado).
- Un señor grita dentro de un charco desesperadamente: ¡Que me ahogo, que me ahogo!.
-Otro desde la orilla le responde: ¡llora, llora!
- Pero si es que me ahogo, que me ahogo, le inquiere el primero.
- Pues por eso llora, llora, le responde el segundo.
- Pero ¿para qué?, desesperadamente le dice el casi moribundo.
- ¡Coño, pues para que te desahogues, coño, para que va a ser! le responde el presunto benefactor
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