Abuela… se rompió.
La niña sostenía entre sus manos la pequeña taza de porcelana que solía usar para jugar al té con su abuela. El asa colgaba como una lágrima a punto de caer. Tenía los ojos rojos y el labio tembloroso.
La abuela la miró desde el sillón, dejó el ovillo de lana a un lado, y con una calma infinita, le dijo:
—Déjala que se rompa, mi amor.
— ¿Cómo…? ¡Pero era tuya! ¡Te la regaló mamá cuando era niña!
La abuela sonrió.
—Y eso la hizo especial, sí. Pero no por ser perfecta. La hizo ... (ver texto completo)
La niña sostenía entre sus manos la pequeña taza de porcelana que solía usar para jugar al té con su abuela. El asa colgaba como una lágrima a punto de caer. Tenía los ojos rojos y el labio tembloroso.
La abuela la miró desde el sillón, dejó el ovillo de lana a un lado, y con una calma infinita, le dijo:
—Déjala que se rompa, mi amor.
— ¿Cómo…? ¡Pero era tuya! ¡Te la regaló mamá cuando era niña!
La abuela sonrió.
—Y eso la hizo especial, sí. Pero no por ser perfecta. La hizo ... (ver texto completo)