Existe una antigua leyenda japonesa que dice que cuando el alma de una persona sube al
cielo, Dios le regala una pequeña
ventana desde la cual puede mirar a sus seres queridos en la Tierra.
En el alféizar de esa ventana hay una maceta con una
flor. Y amarrado a una de sus ramas, un pequeño campanito.
Cada vez que alguien aquí en la Tierra recuerda a esa persona que ya partió, el campanito suena suavemente.
Cuando alguien dice palabras bonitas sobre ella, el sol se asoma entre las nubes.
Y cuando
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