Leyenda El Diablo de la Montaña
Los del pueblo dicen que en lo más alto del cerro, donde los árboles no dejan pasar la luz, vive algo que no es de este mundo. Lo llaman el Diablo de la Montaña.
Un joven subió una tarde a buscar ganado perdido. Se le hizo de noche arriba y el camino se le borró entre la niebla. De pronto vio una figura de pie sobre las rocas: alta, sombría, con ojos que brillaban como brasas encendidas.
— ¿Te has perdido? —le dijo una voz que sonaba como piedra rozando con piedra.
El joven quiso correr, pero no podía mover los pies. La figura bajó despacio… y entonces vio que no tenía rostro, solo un hueco oscuro que respiraba.
—Este cerro es mío —susurró—. Y tú ya pisaste lo que es mío.
El joven cerró los ojos y rezó con todo lo que tenía. Cuando los abrió, estaba solo. Corrió cuesta abajo sin mirar atrás. Nunca volvió a subir. Y dice que cada noche sin luna, se le ve encaramado en la cima, esperando a alguien que se atreva a pasar.
Los del pueblo dicen que en lo más alto del cerro, donde los árboles no dejan pasar la luz, vive algo que no es de este mundo. Lo llaman el Diablo de la Montaña.
Un joven subió una tarde a buscar ganado perdido. Se le hizo de noche arriba y el camino se le borró entre la niebla. De pronto vio una figura de pie sobre las rocas: alta, sombría, con ojos que brillaban como brasas encendidas.
— ¿Te has perdido? —le dijo una voz que sonaba como piedra rozando con piedra.
El joven quiso correr, pero no podía mover los pies. La figura bajó despacio… y entonces vio que no tenía rostro, solo un hueco oscuro que respiraba.
—Este cerro es mío —susurró—. Y tú ya pisaste lo que es mío.
El joven cerró los ojos y rezó con todo lo que tenía. Cuando los abrió, estaba solo. Corrió cuesta abajo sin mirar atrás. Nunca volvió a subir. Y dice que cada noche sin luna, se le ve encaramado en la cima, esperando a alguien que se atreva a pasar.