La Verdad y la Mentira
Una mañana la Verdad vestida con sus mejores galas salió a esperar al Sol en la más alta de las
montañas.
Cuando los rayos de éste salieron tras la Abantera y dieron en la alta cumbre, ambos comenzaron un lento caminar hacía las dilatadas dehesas del padre Tiétar.
Tomaron el
camino del
agua, siguiendo la corriente de una cristalina
fuente, que poco a poco se iba ensanchando
y ensanchando hasta convertirse en una profunda e incontenible garganta de
aguas verdes y espumas
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