El Kumpo SENEGAL
Cuando el sol empezaba a descender sobre los arrozales de Casamance y la luz se volvía espesa y lenta, el
pueblo entero se preparaba. No era una preparación visible, sino interior. Los cuerpos se aquietaban, las voces bajaban y los tambores, aún en silencio, esperaban su momento. Todos sabían que sin la
danza, el Kumpo no vendría, porque el Kumpo no camina: responde al ritmo.
Los primeros golpes de tambor no llamaban al espíritu, lo despertaban. Eran golpes profundos, repetidos,
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