Procesión del silencio
Soñar es gratis y ser feliz también.. Buenas noches Antonia. un abrazo..
¿Quién se mueve el árbol o el viento?
Un dí­a de viento, dos monjes discutían acerca de un árbol sacudido por el viento. El primero decía:
Lo que se mueve es el árbol no el viento.
El segundo replicaba:
Lo que se mueve es el viento, no el árbol.
Un tercer monje pasó por allí y dijo:
No se mueve el viento y tampoco el árbol. Son vuestras mentes las que se mueven.
La salud empieza por lo que no se ve: cómo respiras, cómo piensas y cómo descansas.
He decidido mantener el amor… El odio es una carga demasiado pesada.
Hay dos tipos de agotamiento, uno se quita con descanso y el otro se quita con paz.
No existe el tiempo perdido, cada tiempo lo hemos dedicado a aquello en lo que creímos, y para bien o para mal, siempre nos enseñó algo.
Antonia buenas noches. que tengas feliz descanso. un abrazo.
Muy buenas noches Sensi, hasta mañana si dios quiere un abrazo.
Antonia buenas noches. que tengas feliz descanso. un abrazo.
Hay muros que solo la paciencia destruye y hay puentes que solo el cariño construye.
Las personas que andan con la nariz muy empinada mirando a los demás por encima del hombro... tienen grandes posibilidades de pisar una mierda.
“Me llamo Daniel. No estoy en la calle por elección; lo estoy porque cada lugar que me ofrece una cama me dice: “No puede traer a su perro”. Rafi estaba conmigo mucho antes de que perdiera mi vivienda. Lo encontré detrás de un edificio abandonado, asustado y cojeando, y es mi única familia desde ese día. Cuando perdí mi trabajo y el alquiler subió, de repente ya no teníamos adónde ir.
Intenté en seis refugios diferentes. Algunos me rechazaron por cuestiones de seguros, otros por falta de espacio. ... (ver texto completo)
En la vida solo hay que cargar con lo que te hace feliz.
Antonia buenas noches. Feliz descanso y dulces sueños. besillos.
Hasta mañana Sensi que descanses un abrazo.
Antonia buenas noches. Feliz descanso y dulces sueños. besillos.
La callejuela tenía nombre, pero nadie lo recordaba. Para todos era simplemente “el pasillo del mercado”, ese espacio estrecho donde cabía el frío, los cartones, y las historias que no entraban en los noticieros.
Allí vivía Don Laureano. Nadie sabía cuántos años tenía, pero su barba blanca le ganaba respeto entre los niños y su silencio, una especie de misterio entre los adultos. Cada mañana barría el tramo frente a su rincón con una escoba sin palo. Cada tarde, daba gracias por el trozo de pan ... (ver texto completo)