Había una vez un hombre que, al encontrarse en sus últimos días, decidió repartir su herencia entre sus dos hijos. Uno de ellos era astuto y lleno de picardía, mientras que el otro se destacaba por su tranquilidad y humildad. El padre tenía un extenso terreno: una llanura fértil ideal para la agricultura y una montaña empedrada que parecía inútil.
Con el deseo de evitar disputas futuras, permitió que los hijos decidieran cómo dividirse la propiedad. Sin dudarlo, el hijo pícaro eligió la llanura, ... (ver texto completo)
Con el deseo de evitar disputas futuras, permitió que los hijos decidieran cómo dividirse la propiedad. Sin dudarlo, el hijo pícaro eligió la llanura, ... (ver texto completo)