EL GUARDIÁN INVISIBLE DEL METRO DE SEÚL
Seúl, Corea del Sur.
Entre el ruido de los trenes, el ir y venir de miles de personas con los cascos puestos y la prisa en los talones, nadie se fijaba en él.
Era solo un perro callejero más. Uno de esos que parecen formar parte del mobiliario urbano. Nadie sabía de dónde había salido. Pero aparecía cada mañana a las 6:00, puntual, en la estación de metro de Jongno 3-ga, y se acostaba cerca de la escalera mecánica que bajaba al andén 4.
Nunca molestaba. ... (ver texto completo)
El que juega a que lo extrañen, se arriesga a que lo olviden.
Si no te gusta lo que cosechas, cambia lo que siembras.
Uno aprende a ser feliz cuando entiende que estar triste no sirve de nada.
Hay un camino que, si lo eliges, te conduce a todas las direcciones: el respeto.
Buenas noches Antonia. que descanses bien, hasta mañana un abrazo.
En una farmacia pequeña de un barrio popular de Oaxaca, quienes trabajan detrás del mostrador ya conocen de memoria las mismas peticiones de todos los días. Personas que preguntan si pueden pagar después, si es posible llevar solo una pastilla suelta, si hay una versión más barata del medicamento. No es indiferencia lo que se respira ahí, es costumbre. La necesidad repetida termina volviéndose parte del paisaje.
Pero aquella tarde ocurrió algo distinto.
Entró una mujer mayor, de baja estatura, ... (ver texto completo)
No todo lo que pienso necesita resolverse hoy, algunas cosas solo necesitan quedarse un rato sin prisa y seguir sin más.
Ser sencillo no es tener poco, es no necesitar impresionar para sentir valor.
La verdadera fortaleza está en quien habla con respeto, camina con humildad y actúa con coherencia.
Despertar es algo más que abrir los ojos, es sonreír a la Vida y decir:
GRACIAS por este hermoso día.
Buenas noches Antonia. felices sueños. besillos.
Buenas noches Sensi ahora toca descansar, hasta mañana un abrazo.
Buenas noches Antonia. felices sueños. besillos.
Historietas para entretener.

En un pequeño pueblo del interior de Eslovaquia, vivía una anciana llamada Ruzena que tenía una costumbre muy extraña: a todo el mundo le cambiaba el nombre.
Al panadero lo llamaba “Sonrisa de Maíz”. A la señora del mercado, “Manos que curan”. Al cartero, “Caminante Silencioso”.
Al principio, todos pensaban que era parte de su vejez, una excentricidad más. Algunos incluso se ofendían:
— ¡Me llamo Marek! —le reclamó una vez el encargado de la farmacia.
Ella solo ... (ver texto completo)
Todos tenemos nuestras máquinas del tiempo. Algunas nos traen de vuelta y se llaman recuerdos. Otras nos llevan hacia adelante y se llaman sueños.