En aquel entonces, Otoya, hijo de Tumbe – cacique que reinó en la Península de
Santa Elena – conocida como Sumpa en tiempos prehispánicos, controlaba con mano dura torturando y explotando a todos sus habitantes. Los hombres eran sometidos a trabajos forzados y las mujeres se rendían a los antojos de aquel tirano cacique sumpeño. Pero la cruda realidad de aquellos tiempos cambiaría con la llegada de repente de seres gigantescos, que aparecieron entre las cristalinas y mansas
aguas en balsas aparentemente
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