Un perro cayó en una trampa en medio del bosque. De repente, una manada de lobos lo rodeó por completo: hambrientos, salvajes y listos para hacerlo pedazos. Ya le estaban enseñando los colmillos cuando el perro, tragando saliva, tomó la palabra:
— ¡Espérense! ¡No me maten! Les puedo ser de mucha utilidad. Yo me sé los
caminos más cortos para llegar a los rebaños, les puedo ayudar a acorralar las presas. Vamos a chambear juntos en las
cacerías.
Los lobos se sacaron de onda; normalmente la
comida ... (ver texto completo)