Que bonito es estar loco y andar suelto. Definitivamente habrá que rendirse a la evidencia de que este mundo está loco. Si abrimos nuestros ojos, si abrimos nuestras mentes, si abrimos nuestro corazón, vamos a darnos cuenta de que este mundo es un lugar mágico. La acción más pequeña, vale más que la intención más grande. En la década de los 90, en las calles de una gran ciudad, vivía un niño llamado Dante. No tenía casa, pero tenía un "tesoro": un trozo de tiza blanca que guardaba en el bolsillo de su pantalón raído. Mientras otros niños usaban la tiza para jugar a la rayuela en los parques, Dante la usaba para algo distinto.
Cada noche, antes de dormir sobre unos cartones bajo el puente, Dante dibujaba una puerta en la columna de cemento. No era una puerta cualquiera; tenía un pomo redondo y un felpudo que decía...