En
Cádiz, durante años, hubo un perro que se sentaba cada día a la
puerta del
hospital Puerta del
Mar y esperaba. Se llamaba Canelo.
Su dueño acudía allí con frecuencia para recibir tratamiento, y siempre repetían la misma rutina: entraba al hospital y Canelo se quedaba fuera, quieto, aguardando hasta que saliera para volver juntos a
casa.
Pero un día, el hombre no regresó.
Murió dentro del hospital, y nadie pudo explicarle al perro lo que había ocurrido. Canelo siguió esperando en el mismo lugar,
... (ver texto completo)