Sin zapatos
Este pequeño relato está dedicado a mi querido PLUKY
Cuando tenia unos seis años o algo así, recuerdo como no sólo yo sino muchos niños de mi pueblo no teníamos zapatos, como mucho unas sandalias que nos hacia el zapatero en mi caso como a todos los fuenteceros el zapatero se llamaba Alfonso. Eran unas sandalias casi de uso exclusivo para los Domingos y fiestas de guardar, para el resto de los días solíamos ir descalzos porque aquellas sandalias tenían que durar mucho tiempo que
... (ver texto completo)
A igual que con lo Reyes Magos, aquí en el tema del calzado es parecido. ¡TOGU lo cuenta que ni pintado! Efectivamente, cuando hacía buen tiempo, andábamos descalzos, aparte de que nos gustara, para así proteger las sandalias, y de esta manera pudieran durarnos las mismas, más tiempo. “Gracias a esto”, yo tengo algunos de los dedos de los pies, con las uñas rotas y/o deformadas, de los tropezones que nos dábamos en el suelo al andar descalzos; esto se llama ¡miseria!, miseria, por no tener lo suficiente en casa para poder comer y vestir. Es triste, pero es la realidad. Lo digo con tristeza, pero no con amargura. Y ahora os resumos un poco la fábula del sabio, él cual solo comía hierbas que encontraba por los caminos de dios que andaba y se preguntaba si habría alguien más pobre y mísero que él, y mirando hacia atrás, y vio a otro sabio que se alimentaba con las hierbas que él tiraba. Viene esto a colación, que por desgracias estábamos muchos “sabios” pasando alguna que otra “penuria”. Por suerte se ha mejorado, y esto pertenece al pasado, pasado que no se debe olvidar, como por ejemplo, recuerdo que cuando mi madre me daba ¿dos duros? para poder comprarme unas alpargatas en casa de Higinio, me iba a comprármelas, ¡más contento que unas castañuelas!; si, ¡alpargatas de tela para el verano, o descalzo!
... (ver texto completo)