Mensajes de FREILA (Granada) enviados por antonio:

¿has visto en La Nuez si ha vuelto Victoria?
hace un momento que he estado alli y ella no estaba
Iba pepito con su perro Pancho y estaban jugando al bombero y un señor los observaba y le dice:
- Pepito si amarraras al perro del cuello y no de los huevos irian mas rapido.
-Y pepito le contesta:
- si pero me quedaria sin sirena…
joder con el pepito
todos juntos, en el que decías que acababas de llegar y 4 o 5 más todos al tirón, y es que los he visto, porque el primero era el mío, y no había ninguno más encima, y además con diferencias en la hora.
pues valla cosa rara, antes cuando me fuy era imposible mandar un mensaje, si tiraba un monton de rato y muchos salian repetidos
eso sería normal cuando te salen de esos repetidos, pero así siendo diferentes es la primera vez lo que veo.
pero que paso, que salieron todos al mismo tiempo?
Un día después, la encontramos muerta. Durante la noche había vaciado su jergón de paja para "hilarla". Había desgarrado además su blusa en pequeños jirones para disponer de más cantidad de materia prima que hilar. He visto muchas muertas, pero pocas caras me han conmovido tanto como la de aquella joven griega. Probablemente había estado empleada en trabajos forzados de hilandería. No había logrado con sus esfuerzos más que recibir palos. Sucumbió, y el terror y la desesperación animal acabaron por ... (ver texto completo)
La sometimos a observación. No tardamos en descubrir que se había cometido una equivocación. Aquella muchacha debía haber sido internada en la sección destinada a enfermas mentales. Casi todo el tiempo estaba sentada, imitando los movimientos precisos de una hilandera. De cuando en cuando, como si la extenuase su trabajo, perdía el sentido, sin que pudiésemos hacerla volver en sí en una o dos horas. Luego movía la cabeza a un lado y a otro, abría los ojos y levantaba los brazos, como para protegerse de golpes imaginarios en la cabeza. ... (ver texto completo)
De una barraca cercana nos trajeron a una joven griega. A pesar de lo demacrada que la había dejado la enfermedad y e ser un esqueleto viviente, conservaba todavía su belleza. No quiso contestar a ninguna de nuestras preguntas y se comportó como muda. Como nos habíamos especializado principalmente en cirugía, no comprendimos por qué nos la mandaban. Su ficha médica indicaba que no tenía necesidad de intervención quirúrgica.
Y sus palabras las alentaron. Antes de que se cerrase la puerta de la ambulancia, las demás enfermeras dijeron el último adiós a su camarada Eva. Aquella joven heroína había sabido evitar con su frío valor la tortura de la ansiedad y del terror a las desgraciadas que la acompañaban a la muerte. Es mejor no pensar siquiera en lo que ella sentiría dentro de sí, según caminaba a la cámara de gas. Naturalmente, fui testigo de centenares de episodios trágicos. imposible escribir un libro que los relate ... (ver texto completo)
Las que sospechaban la verdad estaban al borde de la desesperación. La habitación resonaba con los ecos de los gemidos de las lamentaciones. Les aseguro que no tienen por qué alarmarse -les decía Eva Weiss quien también procedía de Cluj. Están ustedes imaginándose cosas aterradoras. Verán, esto es lo que va a pasar: Nos trasladarán a un hospital mayor, en el cual nos atenderán mucho mejor que nos atienden aquí. Hasta puedo decirles dónde está localizado el hospital: en el campo de los viejos y de ... (ver texto completo)
Cierto día, fui testigo en aquel hospital de una escena particularmente patética. Una joven y bella muchacha judía de Hungría, llamada Eva Weiss, que era una de las enfermeras, contrajo la escarlatina atendiendo a sus pacientes. El día que se enteró de que estaba contagiada, los alemanes acababan de abolir las medidas de tolerancia. Como el diagnóstico fue hecho por un médico alemán, la pobre muchacha sabía que era inevitable su traslado a la cámara de gas. Pronto llegaría una falsa ambulancia de ... (ver texto completo)
La mayor parte del tiempo, las que padecían de escarlatina estuvieron en gran peligro; pero, sin embargo, ocurría de cuando en cuando que las que contraían tal enfermedad eran atendidas, y algunas hasta se' llegaban a curar. Entonces se las devolvía a sus respectivas barracas, y su ejemplo servía para que las demás se convenciesen de que la escarlatina no significaba sentencia de muerte en la cámara de gas. Pero, inmediatamente después, aquella táctica quedaba revocada y era substituida por otra. ¿Cómo podía, por tanto, la gente saber a qué carta quedarse? Sea de esto lo que fuere, el caso era que muy pocas volvían del hospital de la sección, y éstas no habían entrado en la Durchgangszimmer, por lo cual no estaban enteradas de sus condiciones. Aquel "hospital" siguió siendo un espectro de horror para todas. Estaba rodeado de misterio y sombras de muerte. ... (ver texto completo)
Aquello se debía en parte a negligencia. Los alemanes trataban indudablemente de despistar a las presas para disminuir el peligro de una sublevación. Lo mismo ocurría con las selecciones. Durante algún tiempo, eran elegidas automáticamente las que pertenecían a la categoría de enfermas. Pero, de repente, todo cambiaba un buen día, y las que estaban afectadas de la misma enfermedad, como, por ejemplo, difteria, eran sometidas a tratamiento en una habitación aislada y confiadas al cuidado de médicos deportados. ... (ver texto completo)
Día llegaría, pensábamos, en que, por fin, los camiones de la Cruz Roja se presentarían allí y las enfermas serían atendidas. Y así sucedía; pero los supuestos camiones de la "Cruz Roja" recogían a las Pacientes y se las llevaban una encima de otra, como sardinas en banasta. Las protestas fueron inútiles. El alemán responsable del transporte cerraba la puerta y se sentaba tranquilamente junto al chofer. El camión emprendía su marcha hacia la cámara de la muerte. Por eso teníamos tanto miedo de mandar ... (ver texto completo)
pero si es que han entrado de golpe, igual estaban atrancados por ahí.
pues ni idea
Algunas de aquellas desgraciadas eran confinadas en el "Durchgangszimmer", o cuarto de paso, que era una habitación de tres metros por cuatro, donde tenían que tenderse en el duro suelo. Aquella era una verdadera antecámara de la muerte. Las que trasponían aquella puerta, camino a su destrucción, eran inmediatamente borradas de las listas de efectivas y, en consecuencia, no se les daba nada de comer. Así que no les quedaban más que la perspectiva del viaje final.
Cuando teníamos casos contagiosos, nos veíamos obligadas a llevar a las pobres mujeres al hospital de aquella sección. Era un problema para nosotras. Si nos quedábamos con las enfermas contagiosas, corríamos el peligro de extender la enfermedad; pero, por otra parte, en cuanto llegaban las pacientes al hospital, corrían el peligro de ser seleccionadas. Sin embargo, las órdenes eran rigurosas, y nos exponíamos a severos castigos si nos quedábamos con los casos contagiosos. Además, el doctor Mengerlé ... (ver texto completo)
En otro hospital del campo, en la Sección B-3, había en agosto unas seis mil deportadas, número considerablemente inferior a nuestras treinta y cinco mil. Me refiero al año 1944. Tenían habitaciones aisladas para los casos contagiosos. Como era característico en los campos de concentración, dado lo irracionalmente que estaban organizados, esta sección considerablemente más pequeña disponía de una enfermería diez veces mayor que la nuestra, y tenía quince médicos a su servicio. Sin embargo, las condiciones ... (ver texto completo)
Y se puso a explicar que había en el campo quienes creían que las enfermas eran enviadas a la cámara de gas.
El doctor Klein fingió quedar muy sorprendido, y con una sonrisa le contestó:
-No tienen ustedes por qué creer todas esas tonterías que corren por aquí. ¿Quién extendió ese rumor?
Me eché a temblar. Precisamente aquella misma mañana, había explicado la verdad a la pobre mujer. Afortunadamente, la blocova acudió en mi ayuda. Arrugó las cejas y aplastó literalmente a la charlatana con una ... (ver texto completo)
Antes de estar instalada la enfermería y de quedar yo al servicio del doctor Klein, dije un día a mis compañeras de cautiverio quíen deberían evitar tener aspecto de enfermas. Aquel mism a, acompañaba más tarde al doctor Klein en su ronda médica. Era un hombre distinto de los demás S. S. Nunca gritaba y tenía buenas maneras. Una de las enfermas le dijo:
-Le agradecemos su amabilidad, Herr Oberarzt.
Cuando los alemanes desencadenaron sus selecciones en masa, resultaba peligroso estar en el hospital. Por eso animábamos a las que no estuviesen demasiado enfermas a que se quedasen en sus barracas. Pero, especialmente al principio, las prisioneras se negaban a creer que la hospitalización pudiera ser utilizada contra ellas como motivo para su viaje a la cámara de gas. Se imaginaban ingenuamente que las seleccionadas en el hospital y en las revistas lo eran para ser trasladadas a otros campos de ... (ver texto completo)
coño, es que te entran todos los mensajes de golpe?
esto esta muy mal esta noche
Pero, a pesar de todo, el peligro más trágico que corrían las enfermas era la amenaza de ser "seleccionadas", porque estaban más expuestas a ello que las que gozaban de buena salud. La selección equivalía a un viaje en línea recta a la cámara de gas o a una inyección de fenol en el corazón. La primera vez que oí hablar del fenol fue cuando me lo explicó el doctor Pasche, q ue era un miembro de la resistencia.
La situación mejoró un poco cuando se instaló el hospital al otro extremo de la barraca. Este espacio estaba reservado para los casos que requerían intervención quirúrgica, pero, cuando había apuros, se curaban toda clase de infecciones. En el hospital cabían de cuatrocientas a quinientas enfermas. Naturalmente, era difícil conseguir ser admitido, por lo cual las que estaban enfermas con frecuencia tenían que esperar días y crías a poder ser hospitalizadas. Desde que llegaban, debían abandonar todas ... (ver texto completo)
Naturalmente, no podíamos atender a todos los pacientes, y muchos de ellos se agravaban por tenerlos abandonados, como ocurría, por ejemplo, cuando se trataba de heridas gangrenadas. Aquellas infecciones exhalaban un olor pútrido, y en ellas se multiplicaban rápidamente las larvas. Utilizábamos una enorme jeringa y las desinfectábamos con una solución de permanganato potásico. Pero teníamos que repetir la operación diez o doce veces, y se nos acababa el agua. La consecuencia era que otras pacientes ... (ver texto completo)
Los resultados obtenidos en nuestra enfermería distaban mucho de ser gloriosos. Las condiciones deplorables del campo de concentración aumentaban sin cesar el número de las dolientes. Sin embargo, nuestros amos se negaron a aumentar el personal de que podíamos disponer. Con cinco mujeres había bastante. Podríamos haber dado parte de nuestras medicinas y vendajes a los médicos de otras barracas, pero los alemanes no nos dejaban.
Con frecuencia dábamos rienda suelta a la nostalgia, hablando de nuestros seres queridos, o simplemente discutiendo los torturantes problemas del día, como por ejemplo, si deberíamos o no condenar a muerte a algún recién nacido para salvar a la pobre madre. Hasta llegábamos a recitar a veces poesías para adormecernos en un estado de calma espiritual que nos permitiese olvidar y escaparnos del horrendo presente.
Nos pasábamos muchas noches hablando de las posibilidades de nuestra liberación y analizando con comentarios interminables los últimos acontecimientos de la guerra, tal como los entendíamos. En ocasiones muy contadas, nos llegaba de contrabando algún periódico alemán, y estábamos examinando horas y horas cada una de sus palabras, para sacar una partícula de verdad de entre todas aquellas mentiras.
¿por donde anda el personal esta noche?
¿no hay nadie por aqui?
joder, acabo de entrar
Pero la situación, de nuestra vestimenta siguió lo mismo. Mientras atendíamos a las enfermas, llevábamos los mismos harapos pos que nos servían de camisón, bata y todo. Pero las pobres enfermas apenas se enteraban, puesto que iban más andrajosas que mendigas gas, cuando no llevaban el uniforme carcelario.
Al principio, el personal de la enfermería dormía en la misma habitación de consulta, sobre el suelo. Puede imaginarse el lector nuestra alegría, cuando un día, se nos dio todo "un apartamiento". Cierto, era el viejo urinario de la Barraca No. 12, pero lo íbamos a tener para nosotras. En el cuarto angosto cabían a duras penas dos estrechas camas de campo. Por tanto, adoptamos el sistema de ringleras, como las koias de las barracas. Con tres de ellas, teníamos seis camastros. Aquello era un sueño. De allí en adelante, el pequeño dormitorio iba a ser nuestro domicilio privado. Allí estábamos en casa. ... (ver texto completo)
Antes de retirarnos, nos permitíamos el lujo de un buen aseo, gracias al cacharro de que disponíamos. El artefacto se iba por dos agujeros y sólo se podía usar si se tapaban con migas de pan... ¿pero qué más daba? Era una palangana de verdad, que se mantenía sobre un pie de verdad. Contenía agua auténtica, y hasta un trozo de jabón, ¡lujo supremol Bueno, lo que llamaban jabón no era más que una pasta pegajosa de procedencia dudosa y olor asqueroso; pero hacía espuma, aunque no mucha.
Teníamos para ... (ver texto completo)
esto esta muy lento, me voy
Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos entregábamos a nuestro trabajo con fervor, espoleadas por nuestra conciencia de la gran responsabilidad e se nos había confiado. Cuando nos veíamos llegar al límite de la resistencia corporal, no remojábamos la cara y el cuello con unas cuantas gotas de la preciosa agua. Teníamos que sacrificar aquellas escasas gotas para poder seguir adelante. Pero el esfuerzo incesante nos agotaba.
Cuando había varios partos seguidos y teníamos que pasar la noche ... (ver texto completo)
Las consultas se sucedían sin interrupción desde el amanecer hasta las tres de la tarde, hora en que nos deteníamos para descansar un poco. Dedicábamos aquel tiempo a nuestra comida, si había quedado alguna, y a limpiar el suelo y los instrumentos. Operábamos hasta las ocho de la noche. A veces, teníamos que trabajar también durante la noche. Estábamos literalmente abrumadas por el peso de nuestra tarea. Confinadas a una cabaña, sin la más mínima brisa de aire fresco, sin hacer ejercicio físico y ... (ver texto completo)
El total de internadas de nuestro campo ascendía a treinta o cuarenta mil mujeres. ¡Y todo el personal de que disponíamos para nuestra enfermería no pasaba de cinco -Superfluo es decir que no dábamos abasto con nuestro trabajo.
Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada. Las consultas empezaban a las cinco. Las enfermas, que a veces llegaban a mil quinientas al día, tenían que esperar a que les tocase su turno en filas de a cinco. Se le abrían a uno las carnes al ver aquellas columnas de mujeres ... (ver texto completo)
El mobiliario de nuestra enfermería se componía de un gabinete de farmacia sin anaqueles, una mal pasada mesa de reconocimiento que teníamos que nivelar con ladrillos, y otra mesa grande que cubrimos con una sábana para colocar en ella los instrumentos. Poco más era lo que teníamos, y todo en lamentable estado.

Siempre que íbamos a usar algo, nos veíamos frente al mismo problema: ¿utilizaríamos los instrumentos sin esterilizar, o nos pasaríamos sin ellos? Por ejemplo, después de tratar un forúnculo ... (ver texto completo)
Inmediatamente se estableció un nuevo orden de cosas. Todas las internadas que tuviesen algún conocimiento médico deberían presentarse. Muchas se. prestaron voluntariamente. Como yo no carecía de experiencia, me destinaron al trabajo de la enfermería.
En la Barraca No. 15, probablemente la que estaba en peores condiciones de todo el campo, iba a instalarse el nuevo servicio. La lluvia se colaba entre los resquicios del techo, y en las paredes se veían enormes boquetes y aberturas. A la derecha y ... (ver texto completo)
RELATO VERÍDICO: Durante semanas y semanas, no hubo medios para atender a los enfermos. No se había organizado hospital ninguno para los servicios médicos, ni disponíamos de productos farmacéuticos. Un buen día, se nos anunció que, por fin, íbamos a tener una enfermería. Pero ocurrió que, una vez más, emplearon una palabra magnífica ' para describir una realidad irrisoria.
Me nombraron miembro del personal de la enfermería. Cómo pudo suceder tal cosa merece punto y aparte.
Poco después de mi llegada, ... (ver texto completo)
"ENSEÑAR A CONTAR HASTA 500,..."
Para los pobladores no alemanes del este sólo habrá una escuela primaria de cuatro grados. Esa enseñanza elemental tendrá exclusivamente el siguiente objeto: enseñar a contar hasta 500, escribir el nombre completo, inculacar la doctrina de que hay un mandamiento divino, obedecer a los alemanes, y ser trabajador y dócil. No estimo neecsario que se enseñe a leer."
Queridísimo Reichsfuhrer:
Cumplo con el deber que me ha señalado de tenerle periódicamente informado de los resultados de mis investigaciones...
"Pese a la brevedad del período de tiempo que he tenido a mi disposición, solo cuatro meses, ya me hallo en condiciones, Reichsfuhrer, de informarle de cuanto he descubierto. El método inventado por mí para esterilizar el organismo femenino sin intervención quirúrgica, se encuentra en la práctica totalmente a punto. El método se funda en una sola inyección en el cuello del útero y puede ser aplicado mientras se efectua un examen ginecológico normal, conocido por todos los médicos. Cuando afirmo que el método está a punto "en la práctica"quiere decir que aun de efectuarse determinados perfeccionamientos, que este sistema puede ser, desde ahora, utilizado en lugar de la intervención quirurgica para nuestras esterilizaciones eugenésicas y sustituírla."
"En cuanto a la pregunta que Ud. Reichsfuhrer, me formuló hace casi un año respecto al tiempo necesario para esterilizar por este sistema a un millar de mujeres, puedo responderle con suficiente aproximación. Es decir si mis investigaciones siguen con el ritmo actual - y no existe motivo para suponer lo contrario-, no está lejano el momento en que un médico práctico, que disponga de la instaalción adecuada y de una docena de ayudantes (el número de ayudantes está en función de la aceleración del programa que se desee cumplir), se halle en condiciones de esterilizar varios centenares - e incluso 1000 mujeres al día -.
Fuente Consultada: Carta del Dr. Carl Clauberg a Himmler 7-6-1943 ... (ver texto completo)
Se ha hablado mucho y se han baraj ado gran cantidad de cifras al referirse al genocidio judío y a las víctimas de la barbarie nazi en general. Se estima que murieron alrededor de 5.934.000 judíos, de ellos, 3 millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos. Según algunos historiadores, otros seis millones de personas murieron en los campos de concentración del Reich. Entre 150.000 y 200.000 soldados, oficiales e industriales fueron responsables ... (ver texto completo)
En varios campos, los internados fueron utilizados como cobayas humanas y sometidos a terribles
experiencias: inoculación de fermedades, ablación de músculos, castración y esterilización,... Algunas
de estas experiencias estaban orientadas a encontrar los métodos más eficaces para el exterminio de las etnias y los grupos sociales considerados inferiores. El Instituto de Higiene de las Waffen SS dirigía estas pruebas, llevadas a cabo por médicos nazis en colaboración con las secciones de química ... (ver texto completo)
Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones. En Treblinka, y con la presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000 cadáveres en 24 horas. Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios. Previamente, las víctimas eran despojadas de todas sus pertenencias. La rapiña de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los deportados que, mediante un adecuado ... (ver texto completo)
Exterminio
Ya en los últimos meses de 1939, Hitler propuso un programa de eutanasia, destinado a eliminar los enfermos incurables, fundamentalmente los mentales. El asesinato de las víctimas se llevó a cabo obligándoles a inhalar monóxido de carbono. Los familiares debían contentarse con un certificado de defunción que aludía a «muerte por pulmonía o debilidad cardíaca».
Cuando Hitler decidió la llamada «Solución final», fueron dispuestos los grandes campos de
exterminio polacos (Chelmno, Belzec, ... (ver texto completo)
La contravención del reglamento podía significar 20 ó 50 bastonazos en los riñones, o bien tener que permanecer en posición de firmes bajo los focos de los reflectores durante toda la noche, con las manos cruzadas detrás de la nuca.
Sin embargo, los SS pocas veces se manchaban las manos. Se elegía a los verdugos entre los propios compañeros de los prisioneros: los odiados «Kapos». En ocasiones, los mismos prisioneros aceptaban colaborar para poder disfrutar de algunas ventajas. El llamado «Sonderkommando» ... (ver texto completo)
A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo. Para los hambrientos, cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos, incluso se dieron actos de canibalismo. Los barracones de madera («Blocks»), además de albergar a los prisioneros amontonados, estaban cargados de piojos, pulgas, polvo, moho y excrementos humanos. Los enfermos que no cabían en la enfermería se quedaban en ... (ver texto completo)
Un día cualquiera en un campo de concentración
La diana solía sonar entre las 4 y las 5 de la madrugada. Había que ocuparse de la limpieza personal, pero en muchas ocasiones se carecía de agua. A continuación se distribuía un tazón de agua sucia eufemísticamente llamada café, cuya máxima virtud era estar caliente. Sin perder tiempo, los internados tenían que formar en la «Appelplatz» o «Lagerplatz» (plaza central del campo) donde se pasaba lista. Tras este trámite, que podía durar horas, los prisioneros ... (ver texto completo)
Mauthausen, escalera hacia el abismo
Auténtica fortaleza inexpugnable, Mauthausen fue construido junto a la cantera de Wienergraben, aorillas del Danubio, en las cercanías de la ciudad austríaca de Linz. El acceso a la cantera se efectuaba descendiendo los 186 escalones de la «escalera de la muerte». Al amanecer, los prisioneros la bajaban corriendo, golpeados por la SS que formaban dos hileras; por la noche, la subida se llevaba a cabo en columnas de a 5, muy a menudo con un bloqke de piedra a ... (ver texto completo)
Sobre una colina boscosa y arrasada por el viento, próxima a la ciudad de Weimar, la cuna de Goethe, se levantó en 1937 el campo de Buchenwald. En l puerta de hierro forjado de su entrada se podía leer una inscriopción que decía: «Jedem das seine» (A cada uno lo suyo). Buchenwald era una auténtica «fábrica de cadáveres»: en los sótanos de su «Krematorium» estaban las salas de disección, cámaras de tortura y la sala en la que se llevaban a cabo ahorcamientos mediante ganchos de hierro clavados en ... (ver texto completo)
El umbral de la muerte
La escasísima alimentación era otra forma de morir lentamente. En Auschwitz, un prisionero
recibía alrededor ue 1.740 calorías diarias, cuando las mínimas indispensables debían ser 4.800. Además, la disenteria y otras enfermedades causaban estragos entre los deportados. Algunos «afortunados» lograban acceder a la enfermería («Revier») que, a pesar de ser un lugar siniestro e insalubre, y en la mayoría de las ocasiones la antesala de la cámara de gas, significaba un refugio ... (ver texto completo)
Los deportados que habían resistido las primeras vejaciones era integrados en escuadrones de trabajo bajo las órdenes de un «Kapo» (KAmaraden POlizei), generalmente delincuentes de derecho común que colaboraban con los SS en los peores servicios y brutalidades. Los escuadrones de trabajo debían recorrer diariamente varios kilómetros a pie para llegar al lugar del trabajo. Una vez allí les estaba prohibido hablar. Si alguno caía rendido por el cansancio o se alejaba de su puesto, era fusilado inmediatamente, y su cadáver debía ser cargado por sus compañeros hasta el campo para el recuento. Sometidos a una despiadada explotación, los deportados llegaban a convertirse en lo que según la jerga de los campos se denominaba «musulmanes»; es decir, detenidos que habían alcanzado el último grado de agotamiento, el límite de sus fuerzas.
Los prisioneros de Auschwitz trabajaban, en el l. G. Farben, en las fábricas de material de guerra de la Unión Krupp y en empresas más pequeñas que los empleaban en minas, bosques o trabajos de construcción de carreteras. De este modo, las SS, a cambio deproporcionar mano de obra barata obtenían de tales empresas sustanciosos beneficios. ... (ver texto completo)