Cada cuatro
veranos y durante mil años, la gente de cada
rincón de la antigua Grecia concurría a las tierras sagradas de la Antigua Olimpia para celebrar su pasión por las competencias deportivas.
Barcos llegaban desde colonias griegas a un punto en el que se mezclaban filósofos, poetas, escritores, apostadores, proxenetas, vendedores ambulantes, músicos y bailarines, con el fin de asistir a los antiguos
Juegos, que duraban cinco días y comenzaban en agosto, como una
fiesta religiosa.