Incluso había cocheros, llamados aurigas, que perdieron la vida dentro de estas peligrosas competencias. Pero el más violento de los espectáculos deportivos en aquellas olimpiadas era indudablemente el pancracio. Esta era una lucha casi a muerte entre dos atletas, que combinaba el boxeo y la lucha libre. En este evento se permitía todo excepto romper dedos, sacar ojos y morder.