El Señor, que en las concavidades de la tierra y en partes escondidas obra sus maravillas, la hizo tan grande en aquella
iglesia, que luego la Hostia se convirtió en carne y el vino en sangre, queriendo su majestad abrir los ojos de aquel miserable Ministro, y pagar tan gran devoción, como mostró aquel buen hombre viniendo a oir misa con tantas incomodidades (...) Yo, aunque indigno, vi y adoré este sagrado misterio cuando pasé por aquel lugar, y vi las dos ampollas; en la una está la sangre como
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