Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Al volverse a mirar a su mujer, Eduardo se frotó los ojos, sin creer lo que veía. Allí estaba su esposa, con una gallina bajo el brazo y un huevo de oro perfecto en la otra mano. La buena mujer reía contenta mientras le decía:
- ¡Eduardo, ven a ver lo que he encontrado! ¡Oh, éste es el día más maravilloso de nuestras vidas!
La gallina de los huevos de oro

Había una vez un granjero muy pobre llamado Eduardo, que se pasaba todo el día soñando con hacerse muy rico. Una mañana estaba en el establo -soñando que tenía un gran rebaño de vacas- cuando oyó que su mujer lo llamaba.
“Después de la tristeza … la alegría”, sonó la campana mayor.
“El pajaro de lindo canto se alejo cuanto pudo de aquella catedral y por siempre recordará la estatua que aunque triste, se sacrifico por liberarlo.”
Esa noche hubo un terrible sonido crepitante en el tejado de la Catedral y un ruido como de caer mampostería. La corneja del campanario dijo que seguro que la helada estaba afectando a la piedra, y como ella había experimentado muchas heladas, todos le dieron la razón. Por la mañana vieron con gran sorpresa, que lo que se había caído era la figura de la imagen del alma perdida que se había desprendido de su cornisa y había caído sobre la jaula, pero por suerte solo lo suficiente para destrozar la ... (ver texto completo)
“Veo una jaula rota”, fue la respuesta.
“Nadie ha echado nada en el basurero que podamos comer?” -preguntó una paloma a otra que estaba mirando por encima del borde del parapeto norte.
Pero un día, no se oyó la canción, que llegaba desde la pequeña jaula de mimbre. Fue el día más frío del invierno, y las palomas y los gorriones en el tejado Catedral se juntaban unos con otros intentando entrar en calor y mirando ansiosamente por todos los lados, para intentar descubrir restos de comida de los que dependían en un clima tan duro.
Esa noche el pequeño cantor no fué a su refugio habitual, y la imagen Oscuro descubrió más que nunca la amargura de la soledad. Quizás su pequeño amigo había sido asesinado por un gato al acecho o herido por una piedra. Quizás... tal vez él había volado a otra parte. Pero cuando llegó la mañana llegó flotando hasta él, a través del ruido y el bullicio del mundo alrededor de la Catedral, un mensaje del dolor de corazón, del preso que se encontraba en la jaula de mimbre, muy por debajo. Y todos los ... (ver texto completo)
La gente que vivía en la caseta del sacristán se dio cuenta de que un pequeño pájaro marrón revoloteaba por el recinto de la Catedral, y admiró su hermoso canto. “Pero es una lástima”, dijeron, “que este precioso trino no lo podamos escuchar todos los días, pues cuando está en las paredes de la Catedral no se puede oír desde aquí.”. Así que cogieron el pájaro y lo pusieron en una pequeña jaula de mimbre fuera de la puerta de la casa.
Y, puede que fuera obra del viento y el clima, o tal vez otro tipo de influencia, pero el rostro dibujado triste y salvaje parecía poco a poco, perder parte de su dureza y la infelicidad. Todos los días, durante las largas horas, la canción de su pequeño huésped subía a ratos al observador solitario, y en la tarde, cuando la campana sonaba y los grandes murciélagos grises se salían de de sus escondites en el techo campanario, el pajarito regresaba, entonaba algunas notas soñolientas, y anidan en ... (ver texto completo)
Pero entonces el pájaro divisó una imagen que se encontraba completamente solitaria y volando se posó en ella. Las palomas no lo consideran un lugar seguro para posarse pues la imagen se inclinaba tanto hacia fuera de la perpendicular, que parecía que se iba a caer y proyectaba un exceso de sombra. Al ver que el pajarito se quedaba en la imagen del alma perdida todas las palomas se empezaron a reír y burlar. “Vaya has cogido el mejor sitio” decían con guasa unas, “Ahí te puedes quedar el tiempo que ... (ver texto completo)
Pero un día de otoño llegó al techo de la Catedral un delgado pájaro con una voz muy dulce, que se había alejado de los campos desnudos y de los frondosos setos en busca de un lugar de descanso para pasar el invierno. Quería descansar sus alas agotadas y pies cansados, bajo la sombra de un gran ángel o anidar en los pliegues esculpidos de un manto real, pero las gordas palomas no la dejaron y continuamente la empujaban de donde se había instalado, y al final un ruidoso gorrión más antipático que ... (ver texto completo)
La estatua triste

En un país muy lejano y en una enorme y antigua Catedral había una serie de figuras talladas en piedra, colocadas a intervalos a lo largo de los parapetos de su fachada, algunas de ellas representaban a ángeles, a reyes y otras a obispos, y casi todas se encontraban en actitudes de gran amor, piedad y alegría. Pero había una figura, que se encontraba muy abajo, en el lado norte y frío de la Catedral, que no tenía ni corona, ni mitra, y su rostro era duro, amargo y transmitía ... (ver texto completo)
Pero esa noche las armas, lideradas por la espada del rey, volvieron a entonando su canto de paz, y de nuevo ningún soldado pudo descansar, por lo que tuvieron que aplazar la batalla de nuevo, y lo mismo se repitió durante los siguientes siete días. Al anochecer del séptimo día, los dos reyes se reunieron para ver qué podían hacer con aquella situación. Ambos estaban todavía muy enfadados por su anterior discusión, pero al poco de estar juntos, comenzaron a comentar las noches sin sueño que habían ... (ver texto completo)
– “Vibrad como yo lo hago. Si hacemos suficiente ruido nadie podrá dormir”.
Todas las armas le hicieron caso y empezaron a vibrar, y el ruido fue creciendo hasta hacerse ensordecedor. Se hizo tan grande que llegó hasta el campamento de los enemigos, cuyas armas, que también estaban hartas de la guerra, se unieron a la gran protesta.
Cuando amaneció, en la hora que debía comenzar la batalla, ningún soldado estaba preparado. Nadie había conseguido dormir ni un poquito, ni tan siquiera los reyes y los generales, así que todos pasaron el día entero durmiendo. Cuando comenzaron a despertar al atardecer, decidieron dejar la batalla para el día siguiente. ... (ver texto completo)
– “A ninguno nos gusta, pero ¿qué podemos hacer?”.
– “No quiero que haya batalla mañana, no me gusta la guerra”.
La espada contempló horrorizada todo aquello, y se dió cuenta que el pensamiento que tenía de la guerra era totalmente falso, y decidió que no le gustaban las guerras ni las batallas. Ella prefería estar en paz y dedicarse a participar en torneos y concursos. Así que durante aquella noche previa a la gran batalla final, la espada buscaba la forma de impedirla. Finalmente, empezó a vibrar. Al principio emitía un pequeño zumbido, pero el sonido fue creciendo, hasta convertirse en un molesto sonido ... (ver texto completo)
La espada estaba super contenta y emocionada con su primera participación en una batalla de verdad. Quería demostrar a todos lo valiente y especial que era, y estaba segura que su fama, después de la batalla, llegaría a todos los confines del mundo. Así, se imaginó vencedora de muchos combates mientras iban de camino al frente. Pero cuando llegaron, la primera batalla ya se había disputado, y la espada pudo ver el resultado de la guerra. Aquello no tenía nada que ver con lo que había imaginado: nada ... (ver texto completo)
Hasta que un día, se produjo una gran discusión entre su majestad y el rey de un país vecino, está terrible disputa, terminó con ambos reinos declarándose la guerra.
La espada pacífica

Había una vez una espada preciosa. Era propiedad de un gran rey, y desde que la forjó el maestro herrero, siempre había estado en palacio, participando activamente en los entrenamientos y exhibiciones de su señor. Era tan bonita y tenía tanto filo, que esto la hacía enormemente orgullosa.
Aquella misma noche retornaron a palacio, donde tuvieron un hijito que, con el tiempo, se convirtió en un apuesto joven. Y durante muchos años viveron los tres completamente felices.
Como el príncipe ya no se acorbada de su bella esposa y se disponía airse con la otra princesa desencantada, la primera echó mano al huevo y lo partío formulando el fervoroso deseo de que su esposo recobrase la memoria y marchara con ella a su hogar. Inmediatamente se efectuó el milagro pedido por la afligida esposa, pues el príncipe recuperó su memoria, dejó a la coqueta princesa y se echó en los brazos de su dulce consorte.
La princesa marchó hasta el mar Rojo y, una vez en el sitio donde seguían luchando el león y el dragón, sacó su cajita y formuló este deseo: que su esposo venciera al dragón y recobrase la forma natural. De inmediato se realizó el prodigio, pues el león venció al dragón, matándolo de un zarpazo, y acto seguido el príncipe recobró su forma humana, pero ¡oh, desgracia!, también el dragón muerto se transformó en una joven y hermosa princesa, la cual se acercó al príncipe y le abrazó, y el el acto el ... (ver texto completo)
Lleva tu cajita que te regaló el sol y el huevo que te dió la luna, y esos objetos te servirán para salvar a tu marido y traértelo ya en forma humana.
Sí, via la palomita blanca volando sobre el mar Rojo, pero de pronto se transformó en león porque ya transcurrieron los siete años del encantamiento. Cuando se convertió en león, fue atacado por un dragón, que es una princesa encantada que pretende separarlo de ti.
Luego preguntó a los vientos y sólo el viento del sur le dio una respuesta concreta:
Al llegar la noche repitió la misma pregunta a la luna, negando ésta haber visto a la palomita. Sin embargo, antes de despedirse de ella, la luna le regaló un huevo, que debería abrir cuando se hallase en algún apuro.
No la he visto, princesa- respondió el sol-, pero aquí tienes una cajita que sólo debes abrir cuando lo necesites.
– Tú que brillas sobre las cimas de las montañas, ¿no has visto por ningún sitio una palomita blanca?
Pero un día dejó de ver la plumita blanca, pues la paloma había desaparecido. La princesa elevó los ojos al cielo y dijo suplicante al sol:
Cuando terminó de hablar, salió volando por la puerta. La princesa le siguió sin vacilar, guiada por la plumita blanca que de vez en cuando había caer la paloma.
-Siete largos años tengo que volar de aquí para allá, pero de vez en cuando dejaré caer una plumita blanca para indicarte el camino que sigo y, si tú sales en la dirección que las plumas te indiquen, tal vez puedas libertarme.
En la casa de su suegro, el príncipe escogío una gran habitación de gruesos muros, con el fin de estar en ella mientras durasen las ceremonias. Por desgracia, nadie se fijó que había una grieta en una de las paredes y, cuando el cortejo nupcial regresaba del templo, un rayito de sol dio de lleno en el rostro del principe. De repente éste desapareció y, cuando entró su esposa, lo halló convertido en una blanca paloma, que le dijo tristemente:
Como ella insistió alegando que tendría mucho cuidado de que no le diera la luz del sol, el príncipe terminó aceptando.
El príncipe le contestó que sería peligroso para él, pues si le daba la luz del sol, se convertiría en paloma y así tendría que permanecer siete años errante por el mundo.
– Esta vez vendrás tú conmigo.
Poco tiempo después fue invitada a los esponsales de su segunda hermana. Entonces dijo al príncipe:
La princesa fue recibida con jíbulo por su padre y hermanas, pues la creían muerta, devorada por el león de las rosas. Una vez pasadas las fiestas nupciales, regresó a su castillo, siempre acompañada de sus leones.
– Puedes ir acompañada de mis leones-dijo apesadumbrado el príncipe-; pues bien sabes que yo no puedo ir.
– Mañana se casará mi hermana mayor y debemos asistir a la boda.
Pero, ¡Oh, sorpresa!, el león era un príncipe encantado. Por el día, él y su corte eran leones pero al llegar la noche recobraban su forma natural. Como la niña llegó de noche al castillo, fue recibida con grandes muestras de gentileza y cariño. Y como los dos se enamoraron a primera vista, contrajeron enlacen en muy poco tiempo, hasta que un día la esposa dijo cariñosamente a su marido:
A la mañana siguiente preguntó a su padre el camino que debía seguir. Luego se despidió de él y de sus hermanas, y emprendió la marcha.
– Papá, debes cumplir lo que has prometido. Iré a ver al león e intentaré convencerlo para que me deje regresar a casa sana y salva.
Y contó a su hija todo lo sucedido. La niña le dijo:
- ¡Ay, hijita mía! – exclamó-. Estas rosas me salen demasiado caras, pues he prometido entregarte a un león salvaje, que seguramente te devorará.
Cuando ya se hallaba cerca de su casa, su hija menor salió corriendo a recibirlo. Lo abrazó y lo besó con grandes muestras de júbilo, pero el padre contempló a su hija y se echó a llorar desconsoladamente.
El comerciante pensó de inmediato que quien le saldría al encuentro al llegar a casa sería su hija menor, de modo que se mostró poco dispuesto a prometerle aquello al león. Sin embargo, el criado comentó que probablemente le saldría al encuentro un gato o un perro suyo. Ante este consejo, el comerciante aceptó y tomó las rosas con un gran pesar.