Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Los siete cabritillos se fueron a casa para comer las ricas cosas que Mamá Cabra había comprado en el mercado.
Mamá Cabra se acercó calladita, abrió la barriga del lobo y liberó a los cabritillos. Luego, entre todos, llenaron el vientre de la fiera con piedras bien gordas, se la cosieron y se escondieron. Cuando el lobo se despertó, sintió mucha sed y se acercó al río para beber, pero la barriga le pesaba tanto que se cayó dentro del río y se ahogó.
Mamá Cabra y su hijo comenzaron a seguir las huellas de la malvada fiera. Encontraron al lobo a la sombra de un árbol. La barriga le pesaba tanto que se había sentado a descansar y se había quedado dormido.
Al cabo de un rato llegó Mamá Cabra y se encontró la puerta abierta y la casa vacía:
- ¡Ay, mis hijitos! ¡Seguro que a todos se los ha llevado el lobo!
- ¡Quedo yo! -exclamó el pequeño saliendo de la caja del reloj.
Pero no se los había comido a todos. El cabritillo más pequeño se había escondido en la caja del reloj.
- ¡Enséñanos la patita por debajo de la puerta!
El lobo enseñó su pata bien rebozada en harina.
- ¡Esta vez sí que es mamá! -dijeron los cabritillos al ver la pata blanca. Y abrieron la puerta. El lobo entró, se comió a los cabritillos y se gue camino de su guarida.
- ¿Quién llama? -preguntaron desde dentro.
-Abridme, hijitos míos. Traigo el canasto lleno de buenas cosas para comer -dijo el lobo con su voz más suave y fina.
Y el molinero, que le tenía mucho miedo, se la dio.
El lobo metió la pata en la orza para que se le blanquease. Y volvió a casa de los cabritillos. ¡Toc, toc, toc! Llamó a la puerta.
- ¡Ya sé lo que voy a hacer!
Y se fue a ver al molinero.
-Dame una orza de harina inmediatamente.
El lobo se puso aún más furioso que la primera vez y dio tantas patadas y tantos empujones a la puerta que se quedó sin aliento. Entonces se sentó en una piedra y se puso a pensar:
Y el lobo no tuvo más remedio que enseñar su pataza negra y peluda.
- ¡No eres nuestra madre! ¡Eres el lobo! ¡No te abriremos! -le gritaron los cabritillos.
- ¡Mamá, mamá! -gritaron los cabritillos creyendo que la voz que hablaba era la de su madre. Y ya iban a abrir la puerta cuando el hermano mediano, que era muy listo, dijo:
- ¡Enséñanos la patita por debajo de la puerta!
Volvió a casa de los cabritillos. ¡Toc, toc, toc! Llamó a la puerta.
- ¿Quién es? -preguntaron los cabritillos.
-Soy vuestra madre. Abridme. Os traigo del mercado cosas muy ricas para comer -dijo el lobo con su voz nueva y fina.
Se fue a casa del huevero y le dijo:
-Dame ahora mismo tres docenas de huevos.
El huevero, que le tenía mucho miedo, se las dio.
El lobo se zampó los huevos para que se le suavizara la garganta y se le pusiera la voz más fina.
- ¡No te abrieremos! ¡Eres el lobo! Tienes la voz ronca y la de nuestra madre es fina -contestaron los cabritillos sin abrir la puerta.
El lobo se puso furioso. Probó a tirar la puerta y empezó a darle porrazos y empujones, pero no consiguió nada. Al final, cansado, se sentó en una piedra y se puso a pensar.
- ¡Ya sé lo que voy a hacer!
- ¡No abriremos a nadie más que a ti! ¡Vete tranquila! -dijeron los cabritillos.
Mamá Cabra tomó su canasto y se fue al mercado.
El lobo al verla salir se relamió de gusto pensando en los cabritillos que habían quedado solos dentro de la casa.
LOS SIETE CABRITILLOS Y EL LOBO

Ocurrió que un día, Mamá Cabra dijo a los cabritillos:
-Hijitos míos, tengo que ir al mercado. Os quedáis solos en casa. No abráis la puerta a nadie. Mirad que el lobo anda rondando por estos lugares.
Al día siguiente se celebraban las bodas y todos los nobles y pobres del reino que acudieron al banquete se extasiaron ante la hermosa y dulce novia. Pero, de pronto, vieron a la joven lanzarse sobre un ratoncillo que zigzagueaba por el salón y zampárselo en cuanto lo hubo atrapado. El príncipe empezó entonces a llamar al Hada de los Imposibles para que convirtiera a su esposa en la gatita que había sido. Pero el Hada no acudió, y nadie nos ha contado si tuvo que pasarse la vida contemplando como ... (ver texto completo)
El joven, deslumbrado, descubrió junto a él a Zapaquilda, convertida en una bellísima muchacha.
LA GATITA ENCANTADA

Érase un príncipe muy admirado en su reino. Todas las jóvenes casaderas deseaban tenerle por esposo. Pero él no se fijaba en ninguna y pasaba su tiempo jugando con Zapaquilda, una preciosa gatita, junto a las llamas del hogar. Un día, dijo en voz alta:
-Eres tan cariñosa y adorable, que, si fueras mujer, me casaría contigo.
El malvado nunca prospera en el ejercicio del mal y tarde o temprano acaba como la cigüeña, que se dejó engañar por el cangrejo.
Al ver esto, el genio que habitaba el sauce, junto al cual la cigüeña había devorado a las truchas, agitó sus hojas y murmuró al viento:
La cigüeña obedeció presurosa y depositó el cangrejo a la orilla del estanque. Pero el cangrejo, que había sido muy buen amigo de las truchas y los barbos del estanque, decidió vengarlos, y antes de que la cigüeña pudiera retirarse cerró con fuerza sus tenazas y le cortó la cabeza, que cayó dentro del agua.
-Os juro que no quería comeros, señor cangrejo. No me apretéis más el cuello y os prometo llevaros al estanque. ¡Os doy mi palabra de honor!
-Bien -asintió el cangrejo-. Si es así llévame al estanque de los lotos.
Y al decir esto apretó sus tenazas alrededor del cuello del ave.
Este sintió que le faltaba la respiración y gruesas lágrimas brotaron de sus ojos. Vio la muerte muy cerca y como amaba la vida, tartamudeó:
-Si mis compañeros fueron lo bastante tontos para dejarse devorar por vos, yo no lo soy. Al contrario, quien va a perecer sois vos, amiga cigüeña. Sin duda no os habéis dado cuenta de que estás en mi poder, y que sí bien yo moriré, vos seréis destruido antes que yo.
- ¿Por quién me habías tomado? -replicó furiosa la cigüeña-. ¿Crees acaso que soy tu esclava? Si te he traído aquí ha sido para comerte, lo mismo que he hecho con tus demás compañeros. Al pie de ese árbol tienes sus restos.
Al llegar junto al estanque de los lotos, el cangrejo vio que la cigüeña no se dirigía hacia el agua, sino hacia el árbol junto al cual había devorado a los demás peces.
- ¡Eh, amiga! -llamó el cangrejo-. El estanque está en otro sitio. ¿Dónde me lleváis?
Perfectamente -asintió la cigüeña. Y bajando la cabeza dejó que el cangrejo se le cogiese al cuello con sus fuertes tenazas.
-Bien, señora cigüeña, estoy dispuesto a que me trasladéis al estanque ese de que me habéis hablado. Sin embargo, utilizando el sistema que habéis empleado con los demás peces no conseguiríamos nada. Se me ha ocurrido un medio mejor. Con mis tenazas me agarraré a vuestro cuello y así, cuando lleguemos al estanque no tendré que hacer más que soltarme y caer al agua.
-Esa cigüeña es incapaz de coger un pez con el pico y soltarlo en un estanque -se dijo-. Si me trasladase a otro sitio mejor, sería maravilloso, pero si fuera a parar a su estómago me causaría un profundo disgusto. Seguiré reflexionando.
Pasaron unos minutos, y la cigüeña empezó a impacientarse. Por fin el cangrejo asomó la cabeza fuera del agua y dijo:
- ¿No quieres reunirte con tus amigos, buen cangrejo? -preguntó con voz dulce la cigüeña.
-Ya quisiera, pero no veo la forma en que me podrás llevar.
-Te sostendré con el pico.
-No podrías, y quizás cayese por el camino.
-No tengas miedo -insistió el ave-. Te aseguro que te sostendré lo mejor que pueda.
El cangrejo reflexionó unos instantes.
-Ya he trasladado al primer pez, ahora trasladaré al segundo.
Y como había hecho con el primero, hizo con las demás truchas y barbos que fueron lo bastante tontos para dejarse engañar por ella.
Sin embargo, aún quedaba un cangrejo muy viejo, y al verle, la cigüeña se dijo que debería estar muy sabroso, ¡tanta era su gordura!
Los peces celebraron consejo y al fin decidieron trasladarse al otro estanque, y así se lo comunicaron a la cigüeña, quien emprendió el primer viaje con la trucha tuerta.
Al llegar junto al estanque, en vez de tirar la trucha al agua, el ave la mató de un picotazo y se la comió con gran apetito, tirando las espinas al pie de un árbol.
Cuando hubo terminado con la primera trucha, regresó al estanque diciendo:
El ave cogió con todo cuidado a la trucha y la llevó a que viese el magnífico estanque. Después la devolvió con sus compañeras, a las cuales explicó que la cigüeña había dicho verdad al describir el estanque.
Estas palabras convencieron algo a los peces, quienes delegaron a uno de ellos para que hiciera el viaje en el pico de la cigüeña. Era una trucha vieja y tuerta, que había demostrado en mil ocasiones que era suficientemente capaz de salir por sí misma de cualquier apuro.
-Estáis muy equivocados; ni por un momento se me ha ocurrido comerme a ninguno de vosotros. Si queréis, puedo llevar a uno de vosotros a que vea el estanque tan hermoso que hay a pocos pasos de aquí. Si vuelve con vida será señal de que no quiero causaros daño alguno.
-No estaría mal si fuese verdad, pero las cigüeñas tenéis la mala costumbre de comeros a los peces, y ya comprenderéis que no vamos a exponernos a perder la vida.
-Hay una solución muy sencilla. Si queréis os llevaré a un estanque que hay cerca de aquí. Es un estanque muy profundo y está lleno de flores de loto. Puedo cogeros uno por uno, con el pico, y trasladaros a ese lugar.
- ¿De veras? ¿Y qué es lo que piensas?
-Pues me decía que en este estanque hay muy poca agua y por lo tanto muy poca comida, por lo cual muchos de vosotros no tendréis apenas qué llevaros a la boca.
-Eso que dices es verdad -contestó un viejo barbo-. Pero ¿qué solución puede haber a un problema semejante?
Mientras buscaba la solución el problema, acercóse al estanque y se sentó a su orilla.
Al cabo de un rato, los peces, extrañados de verla allí, le preguntaron en qué pensaba.
-En vosotros -contestó el ave.
-Es necesario que encuentre la manera de engordar a esos peces y convertirlos en mi comida.
LA CIGÜEÑA CRUEL Y EL CANGREJO LISTO

En un espeso bosque había un pequeño estanque lleno de truchas. Como la estación era muy calurosa y el río que vertía sus aguas en el estanque muy poco caudaloso, pronto los peces se encontraron con que el lugar les resultaba bastante incómodo.
Una blanca cigüeña que les estaba observando se dijo:
El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin hacer nada de provecho.
Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin molestarte en hacer el trabajo de todos los días. Sufre, pues, tu castigo.
Desesperadamente, intentó enrollar el hilo en el carrete, pero sin lograrlo. Entonces la débil vocecilla que ya conocía, habló así:
De pronto se miró al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos cabellos nevados. Se asustó de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina. ¡Los instantes de su vida estaban contados!
-Dime, bobina, ¿cómo serán mi esposa y mis hijos?
En el mismo instante una bellísima joven y cuatro niños surgieron a su lado. Sin pararse a pensar, su curiosidad se iba apoderando de él y siguió soltando más hilo para saber como serían sus hijos de mayores.
-Trátame con cuidado, príncipe. Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando, el hilo se irá soltando. No ignoro que deseas crecer pronto... Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no vuelven.
El príncipe para cerciorarse, tiró con ímpetu del hilo y se encontró convertido en un apuesto príncipe. Tiró un poco más y se vio llevando la corona de su padre.
¡Era rey! Con un nuevo tironcito, inquirió: ... (ver texto completo)
Y he aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz: