De esta manera, el
jardín del
Gigante quedó para siempre sumido en el
invierno, y el viento del Norte, el
Granizo, la Escarcha, y la
Nieve bailoteaban lamentablemente entre los
árboles.
Una mañana, el Gigante estaba todavía en la cama cuando oyó que una
música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventada, pero hacía tanto tiempo que
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