Ahora vamos a
comer —dijo papá—. Tengo hambre. Buzzy, Fuzzy y Streaky corrieron a sus pequeñas sillas de
setas. La
familia se sentó alrededor de una mesa de
piedra en el centro de la habitación. A Walter le parecía una agradable
comida. Había
nueces de todas las clases, lechugas frescas y zanahorias, y, de
postre, ricas manzanas. A Walter le hubiera gustado unirse y ayudarles a comer, ya que estaba hambriento. Pero, por supuesto, no podía hacerlo sin estar invitado.