Esa es la calle en la que yo me crié; en la que crecí, soñé, jugué, sufrí y amé. Se llamaba Calvo Sotelo, y mi número era el 4. Ahora se llama de otra manera. Los que le han cambiado el nombre dicen que han recuperado la memoria. La vida tiene esas cosas: recuperamos la memoria de unos a consta de la de otros. Es una especie de concatenación absurda de solapados. Mi memoria, sin embargo, es esa, y difícilmente me la puede arrebatar otra cosa que no sea la causa natural. Y, aunque es cierto, que me
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PC, se puede pensar que mi escrito obedece a devolución de favores, pero, a pesar de ese "pesar", no voy a dejar de dar mi opinión..., tu escrito dota a "tu
calle", llámese como se llame (como quieran ponerme, que decía "La Otra") otra vez de VIDA, de bullicio callejero, de serenidad maternal, de
amistad vecinal, de aquella seguridad que presentíamos en una norma no escrita que, siempre, siempre, llegaría, el apoyo de una mano
amiga que, al menos, sería nuestro paño de lágrimas para aliviar nueatras
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