- ¡Sí!, hermano en Cristo…gracias…agradecido.
Le rogó el peregrino.
-Póngase vuestra merced el aquella mesa larga que está a la derecha.
Indico Remigio.
Victoriano mirando de soslayo alrededor se acercó hasta la mesa indicada y sentándose en la banqueta espero paciente la comida.
Remigio, al ver entrar por la puerta de la cocina al hermano forastero, se le aproximó requiriéndole:
- ¿Vuestra merced precisa yantar una escudilla bien caliente?
- ¡Sí!, hermano en Cristo…gracias…agradecido.
Le rogó el peregrino.
-Póngase vuestra merced el aquella mesa larga que está a la derecha.
Indico Remigio.
Victoriano, como se esperaba algo parecido, entro dentro sonriendo al portero con verdadera afección y afecto y después de darle la bendición se adentro en el atrio del edificio principal buscando la cocina para saciar la mucha hambre que de verdad tenía.
Remigio, al ver entrar por la puerta de la cocina al hermano forastero, se le aproximó requiriéndole:
- ¿Vuestra merced precisa yantar una escudilla bien caliente?
El hermano portero que se hallaba de vigilancia en la puerta, al ver al monje forastero con los atalajes propios del peregrino, le rogó que pasara a aliviar la fatiga, el hambre y también, para que hiciese sus mayores necesidades en el interior.
Victoriano, como se esperaba algo parecido, entro dentro sonriendo al portero con verdadera afección y afecto y después de darle la bendición se adentro en el atrio del edificio principal buscando la cocina para saciar la mucha hambre que de verdad tenía.
Mientras todo esto estaba pasando en Santa María de Lebeña, el templario Victoriano, se acercaba al Monasterio de Santo Toribio ataviado con el hábito de un monje que iba a Santiago de Compostela por el desagravio de su salud y el pago de sus pecados.
El hermano portero que se hallaba de vigilancia en la puerta, al ver al monje forastero con los atalajes propios del peregrino, le rogó que pasara a aliviar la fatiga, el hambre y también, para que hiciese sus mayores necesidades en el interior.
Marañón se entretenía en el sofisticado laboratorio que tenía el Temple escondido en las guardillas del edificio principal.
Estaba analizando el manuscrito miniado para el momento que Victoriano informara que ya tenía la clave para poder descifrarlo.
Mientras todo esto estaba pasando en Santa María de Lebeña, el templario Victoriano, se acercaba al Monasterio de Santo Toribio ataviado con el hábito de un monje que iba a Santiago de Compostela por el desagravio de su salud y el pago de sus pecados.
La casa y la finca antes había pertenecido al Conde de Santa María de Lebeña y este la había cedido en el testamento a la Orden del Temple, porque él era, Gran Maestre de la Orden y el custodio mayor del Arca de la Alianza.
Marañón se entretenía en el sofisticado laboratorio que tenía el Temple escondido en las guardillas del edificio principal.
Estaba analizando el manuscrito miniado para el momento que Victoriano informara que ya tenía la clave para poder descifrarlo.
Argos mientras tanto, preparaba con el cocinero las viandas para poder alimentar a todo el personal que estaba desplazado dentro del enorme complejo de la vieja casona.
La casa y la finca antes había pertenecido al Conde de Santa María de Lebeña y este la había cedido en el testamento a la Orden del Temple, porque él era, Gran Maestre de la Orden y el custodio mayor del Arca de la Alianza.
Ahora apoyaba a su amigo y Maestre Corona, para que consiguiera la meta deseada por el Temple, en los muchos siglos de existencia de la Orden y de el mismo.
Argos mientras tanto, preparaba con el cocinero las viandas para poder alimentar a todo el personal que estaba desplazado dentro del enorme complejo de la vieja casona.
La mucha experiencia en el manejo de las armas de Canive, le venía de todas las guerras en las cuales había participado, como voluntario al servicio de la Orden del Temple, en la defensa de Cristo contra el paganismo del Islam.
Ahora apoyaba a su amigo y Maestre Corona, para que consiguiera la meta deseada por el Temple, en los muchos siglos de existencia de la Orden y de el mismo.
Las colocaba en cuadricula para saber la posición exacta de cada instrumento explosivo, para tener la posibilidad posterior de desmontar el complejo defensivo cuando finalizase la operación.
La mucha experiencia en el manejo de las armas de Canive, le venía de todas las guerras en las cuales había participado, como voluntario al servicio de la Orden del Temple, en la defensa de Cristo contra el paganismo del Islam.
12
Canive estaba sembrando el perímetro de la casona de potentes minas terrestres que impedirían el paso a los servicios esenciales templarios, al ejército que a ciencia cierta debían haber reclutado el Cardenal Mariani.
Las colocaba en cuadricula para saber la posición exacta de cada instrumento explosivo, para tener la posibilidad posterior de desmontar el complejo defensivo cuando finalizase la operación.
-Todo se andará, queridos hermanos del señor, dar tiempo al tiempo.
Remató Rufino, el anciano Dominico.
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Canive estaba sembrando el perímetro de la casona de potentes minas terrestres que impedirían el paso a los servicios esenciales templarios, al ejército que a ciencia cierta debían haber reclutado el Cardenal Mariani.
-Tenemos que preparar al verdugo.
Finalizó Claudio, sin inmutarse.
-Todo se andará, queridos hermanos del señor, dar tiempo al tiempo.
Remató Rufino, el anciano Dominico.
-Preparemos el aposento para el tormento divino de los cuerpos humanos de esos pecadores templarios, porque mi mayor deseo es contemplar como sufren con el purificador tormento de un fuego sagrado.
-Tenemos que preparar al verdugo.
Finalizó Claudio, sin inmutarse.
Claudio, con el ladino aspecto que tenía, se acerco a los dos fraternos y con sus maquiavélicas formas de saber hablarles, dijo:
-Preparemos el aposento para el tormento divino de los cuerpos humanos de esos pecadores templarios, porque mi mayor deseo es contemplar como sufren con el purificador tormento de un fuego sagrado.
-Engrasad bien todas las armas para que sirvan al Señor, como es debido, porque con los maitines no solucionaremos los gravísimos problemas que tiene ahora la Iglesia.
Finalizo Basilio.
Claudio, con el ladino aspecto que tenía, se acerco a los dos fraternos y con sus maquiavélicas formas de saber hablarles, dijo:
Basilio, arto de preocuparse sobre la mejor manera de terminar con los impíos del Señor, dijo a los dos inquisidores:
-Engrasad bien todas las armas para que sirvan al Señor, como es debido, porque con los maitines no solucionaremos los gravísimos problemas que tiene ahora la Iglesia.
Finalizo Basilio.
A partir de este mismo momento puede decirse que tiene lugar en el ambiente de la España medieval el comienzo de una espeluznante represión intelectual que realizara la Inquisición secular.
Basilio, arto de preocuparse sobre la mejor manera de terminar con los impíos del Señor, dijo a los dos inquisidores:
El Papa llevo a cabo diversos intentos de volverse atrás sobre la decisión anterior, pero finalmente la situación se fue consolidando y en octubre del año 1483 todos los problemas del Papa se normalizaron con la designación de fray Tomas de Torquemada como Inquisidor General de Castilla y de la Corona de Aragón.
A partir de este mismo momento puede decirse que tiene lugar en el ambiente de la Españamedieval el comienzo de una espeluznante represión intelectual que realizara la Inquisición secular.
En el mes de abril del año 1482 el Papa Sixto IV se veía forzado a aceptar la institución inquisitorial en la Corona de Aragón.
El Papa llevo a cabo diversos intentos de volverse atrás sobre la decisión anterior, pero finalmente la situación se fue consolidando y en octubre del año 1483 todos los problemas del Papa se normalizaron con la designación de fray Tomas de Torquemada como Inquisidor General de Castilla y de la Corona de Aragón.
El Rey tuvo que vencer la fuerte resistencia de los conversos y las reticencias pontificias.
En enero del año 1482 el Papa Sixto IV contestaba negativamente a las presiones del enviado del Rey, Gonzalo de Beteta; precisando que la monarquía no tenía capacidad legal para el nombramiento del Inquisidor en la Corona de Aragón.
Con respecto a la situación medieval de la Corona de Aragón, los tres inquisidores modernos, señalan los esfuerzos de los Reyes Católicos por conseguir el establecimiento de la Inquisición en este reino.
El Rey tuvo que vencer la fuerte resistencia de los conversos y las reticencias pontificias.
El primer auto de fe de los facultados por la Iglesia y por el Rey Católico, lo celebran en una plaza de la ciudad de Sevilla el 6 de febrero de 1481.
Con respecto a la situación medieval de la Corona de Aragón, los tres inquisidores modernos, señalan los esfuerzos de los Reyes Católicos por conseguir el establecimiento de la Inquisición en este reino.
Miguel de Morillo y Juan de Santo Toribio, fueron los flamantes inquisidores que se instalaron en la ciudad de Sevilla.
El primer auto de fe de los facultados por la Iglesia y por el Rey Católico, lo celebran en una plaza de la ciudad de Sevilla el 6 de febrero de 1481.
El 27 de septiembre de 1480 fueron nombrados los primeros inquisidores por los Reyes Católicos.
Miguel de Morillo y Juan de Santo Toribio, fueron los flamantes inquisidores que se instalaron en la ciudad de Sevilla.
Hasta el mes de octubre del año 1483, se libra una genuina batalla entre la monarquía y el Papado, por la idea eclesiástica que tenía entonces el Papa de la inquisición; que estaba enfrentada a una pretensión monárquica que arrastraba a la entidad inquisitorial como instrumento de su propio poder.
El 27 de septiembre de 1480 fueron nombrados los primeros inquisidores por los Reyes Católicos.
El 1 de noviembre del año 1478 el Papa Sixto IV en una bula, Exigit sinceras devotionis affectus, le concedía a los Reyes Católicos las potestades para nombrar a obispos y sacerdotes de más de cuarenta años de vida respetable y con títulos académicos; para poder desempeñar el oficio de inquisidores en las ciudades o en las diócesis de todos sus reinos.
Hasta el mes de octubre del año 1483, se libra una genuina batalla entre la monarquía y el Papado, por la idea eclesiástica que tenía entonces el Papa de la inquisición; que estaba enfrentada a una pretensión monárquica que arrastraba a la entidad inquisitorial como instrumento de su propio poder.
Conscientes de los problemas religiosos y sociales que plateaba la chusma judío conversa y ávidos de la legitimación de la Iglesia, que su pretendido poder absoluto pedía, los monarcas instaron al Papa para que dotara de una Inquisición renovada a la Corona de Castilla porque ella jamás había tenido el acceso al poder de juzgar a los sacrílegos.
El 1 de noviembre del año 1478 el Papa Sixto IV en una bula, Exigit sinceras devotionis affectus, le concedía a los Reyes Católicos las potestades para nombrar a obispos y sacerdotes de más de cuarenta años de vida respetable y con títulos académicos; para poder desempeñar el oficio de inquisidores en las ciudades o en las diócesis de todos sus reinos.
Y los tres Dominicos prestan suma atención a que sea en estos años cuando se produjo un cambio tan radical, que les somete a una postergado represión eclesiástica de los actuales sacrílegos y pecadores que tenía la Iglesia católica en todos los hombres que queden de las antiguas instituciones templarias en el mundo entero.
Conscientes de los problemas religiosos y sociales que plateaba la chusma judío conversa y ávidos de la legitimación de la Iglesia, que su pretendido poder absoluto pedía, los monarcas instaron al Papa para que dotara de una Inquisición renovada a la Corona de Castilla porque ella jamás había tenido el acceso al poder de juzgar a los sacrílegos.
Los tres hermanos Dominicos habían observado los principales talantes que definieron a la Inquisición en el medioevo y habían discutido hasta los límites permitidos por la Iglesia, la férrea monarquía de los Reyes Católicos, con la unión de la Corona de Castilla y Aragón.
Y los tres Dominicos prestan suma atención a que sea en estos años cuando se produjo un cambio tan radical, que les somete a una postergado represión eclesiástica de los actuales sacrílegos y pecadores que tenía la Iglesia católica en todos los hombres que queden de las antiguas instituciones templarias en el mundo entero.
Basilio, Rufino y Claudio, los tres especialistas de la Inquisición en España, estaban preparando todos los materiales de guerra, que los soldados tenían en el polvorín del Monasterio, para poder realizar con algún éxito los venideros enfrentamientos entre las milicias del Papa y los aguerridos caballeros de una auténtica pasión por Cristo.
Los tres hermanos Dominicos habían observado los principales talantes que definieron a la Inquisición en el medioevo y habían discutido hasta los límites permitidos por la Iglesia, la férrea monarquía de los Reyes Católicos, con la unión de la Corona de Castilla y Aragón.
El espía recibió de inmediato la respuesta:
Deberá seguir infiltrado en el Temple para recabar el lugar exacto donde se instale el Temple y comunicárselo a la Iglesia de inmediato
Basilio, Rufino y Claudio, los tres especialistas de la Inquisición en España, estaban preparando todos los materiales de guerra, que los soldados tenían en el polvorín del Monasterio, para poder realizar con algún éxito los venideros enfrentamientos entre las milicias del Papa y los aguerridos caballeros de una auténtica pasión por Cristo.
El espía, que tenía la Iglesia dentro del Temple en Torrelavega les informaba, que partían sin aparente meta los efectivos templarios desde la sede central y que él esperaba las órdenes oportunas para seguir actuando de acuerdo con ellas.
El espía recibió de inmediato la respuesta:
Deberá seguir infiltrado en el Temple para recabar el lugar exacto donde se instale el Temple y comunicárselo a la Iglesia de inmediato
Una vez pasado el susto de la terrible putrefacción, del estomago de los fieles siervos del Señor, todos los esfuerzos debían de centrarse ahora en analizar los movimientos del temible enemigo templario.
El espía, que tenía la Iglesia dentro del Temple en Torrelavega les informaba, que partían sin aparente meta los efectivos templarios desde la sede central y que él esperaba las órdenes oportunas para seguir actuando de acuerdo con ellas.
Remigio debía ajustar la cuenta de la compra todos los lunes por la tarde en el despacho de la Abadía; pero Reinaldo no dejaba apenas margen para pasar algunos fondos a sus expendios personales, lo que enquistaba la relación laboral entre los dos monjes. Y como el Abad sospecha, que había sido Remigio el autor material de tan irrespetuoso desaguisado al Cardenal, Reinaldo estaba esperando la revancha.
Una vez pasado el susto de la terrible putrefacción, del estomago de los fieles siervos del Señor, todos los esfuerzos debían de centrarse ahora en analizar los movimientos del temible enemigo templario.
Todos los lunes era el día de mercado en Potes.
Remigio debía ajustar la cuenta de la compra todos los lunes por la tarde en el despacho de la Abadía; pero Reinaldo no dejaba apenas margen para pasar algunos fondos a sus expendios personales, lo que enquistaba la relación laboral entre los dos monjes. Y como el Abad sospecha, que había sido Remigio el autor material de tan irrespetuoso desaguisado al Cardenal, Reinaldo estaba esperando la revancha.
El Abad intuía, que el culpable del desaguisado era Remigio; porque el cocinero mayor estaba bastante celoso del Abad, que tenía el poder de tener la caja común para las compras que debía hacer Reinaldo para alimentar a la congregación.
La mierda salía hedionda entre las entrepiernas del Cardenal y del Prior; y cuando más se alejaban los dos a horcajadas del comedor, iban dejando por el camino el reguero de un apestoso conglomerado de restos de la suculenta manducatoria que los abates habían engullido sin medida alguna.
El Abad intuía, que el culpable del desaguisado era Remigio; porque el cocinero mayor estaba bastante celoso del Abad, que tenía el poder de tener la caja común para las compras que debía hacer Reinaldo para alimentar a la congregación.
Estaba muy enfadado porque el Cardenal le había reprendió severamente por el complacido descenso de la apestosa cagalera que había sufrido el siervo del Señor en el comedor comunal.
La mierda salía hedionda entre las entrepiernas del Cardenal y del Prior; y cuando más se alejaban los dos a horcajadas del comedor, iban dejando por el camino el reguero de un apestoso conglomerado de restos de la suculenta manducatoria que los abates habían engullido sin medida alguna.
11
Reinaldo se explayaba rezando para sí los latines y las vísperas en la pequeña capilla que el Abad tenía en la antesala de sus aposentos privados.
Estaba muy enfadado porque el Cardenal le había reprendió severamente por el complacido descenso de la apestosa cagalera que había sufrido el siervo del Señor en el comedor comunal.
Una buena comida para todos fue rociada de un buen vino gratifico el estomago agradecido de Victoriano.
Había ganado con poder y porque sabía jugar a los bolos.
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Reinaldo se explayaba rezando para sí los latines y las vísperas en la pequeña capilla que el Abad tenía en la antesala de sus aposentos privados.
Total 18 + 15 de antes suman 33 bolos.
Eleuterio a la tercera tirada sube siete y birla doce.
Total 19 + más 31 de antes suman 50 bolos.
Victoriano sube veintidós bolos con dos emboques y al birlar quince gana la partida con 37 bolos.
Una buena comida para todos fue rociada de un buen vino gratifico el estomago agradecido de Victoriano.
Había ganado con poder y porque sabía jugar a los bolos.
Eleuterio en la segunda tirada subió siete y birló nueve.
Total 16 + 15 de antes suman 31 bolos.
Victoriano sube seis y birla doce.
Total 18 + 15 de antes suman 33 bolos.
Eleuterio a la tercera tirada sube siete y birla doce.
Total 19 + más 31 de antes suman 50 bolos.
Victoriano sube veintidós bolos con dos emboques y al birlar quince gana la partida con 37 bolos.
La apuesta la ganaba quien cerraba con 30 ó más bolos a la mano o al pulgar, sin más gaitas.
Eleuterio en la segunda tirada subió siete y birló nueve.
Total 16 + 15 de antes suman 31 bolos.
Victoriano sube seis y birla doce.
Victoriano, que era mucho más alto que su amigo, subió cinco y birló diez.
Total 15 bolos.
La apuesta la ganaba quien cerraba con 30 ó más bolos a la mano o al pulgar, sin más gaitas.
Eleuterio que era algo grueso para tan poca altura, subió cuatro bolos y birló nueve.
Total 13 bolos.
Victoriano, que era mucho más alto que su amigo, subió cinco y birló diez.
Total 15 bolos.
Victoriano comenzó poniendo el tiro a 18 metros y la raya alta, a la mano y el emboque vale 10.
Eleuterio que era algo grueso para tan poca altura, subió cuatro bolos y birló nueve.
Total 13 bolos.
Victoriano había estado el día anterior en el pueblo de Los Corrales de Buelna a buscar las piezas que necesitaba para montar los servicios de escucha en el perímetro de la base y había jugado una partida de bolos en la bolera que tenia detrás el Bar Tama.
Jugó mano a mano en contra de un amigo llamado Eleuterio, que era muy bueno jugando al pulgar.
Victoriano comenzó poniendo el tiro a 18 metros y la raya alta, a la mano y el emboque vale 10.