Respuestas para Críspulo Cortés Cortés:

-Yo espero el mismo proceder valeroso de vuestras milicias, Eminencia.
Replico enfadado el Abad.
- ¿Quien se encarga de espiar al Temple?
Pregunta el Cardenal.
- ¿Tenéis la suficiente confianza en vuestros monjes para poder atacarles sin más traiciones?
Remato descaradamente Domenico Mariani.
-Yo espero el mismo proceder valeroso de vuestras milicias, Eminencia.
Replico enfadado el Abad.
-Tenemos que atacarlos ahora, porque aún tenemos cierta ventaja sobre ellos, Eminencia.
Dijo el Abad muy serio.
- ¿Tenéis la suficiente confianza en vuestros monjes para poder atacarles sin más traiciones?
Remato descaradamente Domenico Mariani.
-Que opina vuestra merced ahora, cuando sabemos al dedillo que los templarios conocen el número de nuestros efectivos.
-Tenemos que atacarlos ahora, porque aún tenemos cierta ventaja sobre ellos, Eminencia.
Dijo el Abad muy serio.
Mientras comían solos, el Cardenal con un ademán de incertidumbre impresa en la unión de los labios, grasientos por la glotonería, pregunta a Reinaldo:
-Que opina vuestra merced ahora, cuando sabemos al dedillo que los templarios conocen el número de nuestros efectivos.
El asunto de la traición se tapona con la sangre que requería para ejemplo de los demás miembros de la Orden Benedictina y por ese lado estaban tranquilos; aunque sospechan que el traidor les facilitó los informes secretos que el Temple quería saber para contrarrestar la posible ofensiva del Cardenal.
Mientras comían solos, el Cardenal con un ademán de incertidumbre impresa en la unión de los labios, grasientos por la glotonería, pregunta a Reinaldo:
El Cardenal Mariani y el Abad se sentaban ante las suculentas viandas, sin tener remordimiento alguno por el grave incidente protagonizado por Remigio.
El asunto de la traición se tapona con la sangre que requería para ejemplo de los demás miembros de la Orden Benedictina y por ese lado estaban tranquilos; aunque sospechan que el traidor les facilitó los informes secretos que el Temple quería saber para contrarrestar la posible ofensiva del Cardenal.
El alma de Remigio subió como una centella surca el firmamento, hasta encontrar el paraíso donde se hallan todas las almas puras y castas que sucumben en la Tierra bajo la tortura de otros hombres.
El Cardenal Mariani y el Abad se sentaban ante las suculentas viandas, sin tener remordimiento alguno por el grave incidente protagonizado por Remigio.
El fallecimiento del reo durante este interrogatorio inquisitorial ha determinado la culpa evidente del antes monje Remigio Berceli.
El Señor le tenga delante de la puerta del infierno en castigo a su maldad y por traición a la Iglesia del Papa y del Padre Eterno.

Firmado y sellado en Santo Toribio de Liébana el día 1 de diciembre del año del Señor 2006.

Cardenal: Abad:
Domenico Mariani Reinaldo Sevané
El alma de Remigio subió como una centella surca el firmamento, hasta encontrar el paraíso donde se hallan todas las almas puras y castas que sucumben en la Tierra bajo la tortura de otros hombres.
TRIBUNAL DE LA SANTA FE
Acta de preguntas y respuestas del acto de fe que se ha efectuado en el Valle de Liébana el día 1 de diciembre del año 2006, bajo la supervisión de su Eminencia el cardenal Mariani y la del Prior de la Abadía de Santo Toribio sita en el mismo Valle.
Culpa del reo: Traición a la Iglesia.
Nombre del reo: Remigio Berceli cocinero y monje de la Abadía de Santo Toribio de Liébana.
Acta de preguntas y respuestas del interrogatorio doloso, efectuado por el padre Basilio, Dominico ... (ver texto completo)
El fallecimiento del reo durante este interrogatorio inquisitorial ha determinado la culpa evidente del antes monje Remigio Berceli.
El Señor le tenga delante de la puerta del infierno en castigo a su maldad y por traición a la Iglesia del Papa y del Padre Eterno.

Firmado y sellado en Santo Toribio de Liébana el día 1 de diciembre del año del Señor 2006.

Cardenal: Abad:
Domenico Mariani Reinaldo Sevané
Había condenado su Eminencia sin parpadear.
La confesión de Remigio estaba pasándola a limpio el Dominico Rufino, como inexorable secretario de la Iglesia y la redactó en estos términos:
TRIBUNAL DE LA SANTA FE
Acta de preguntas y respuestas del acto de fe que se ha efectuado en el Valle de Liébana el día 1 de diciembre del año 2006, bajo la supervisión de su Eminencia el cardenal Mariani y la del Prior de la Abadía de Santo Toribio sita en el mismo Valle.
Culpa del reo: Traición a la Iglesia.
Nombre del reo: Remigio Berceli cocinero y monje de la Abadía de Santo Toribio de Liébana.
Acta de preguntas y respuestas del interrogatorio doloso, efectuado por el padre Basilio, Dominico ... (ver texto completo)
La detención nocturna de Remigio fue efectuada en su celda, sin testigos oculares extraños a la Iglesia.
Las órdenes del Cardenal fueron tajantes:
- ¡Tortura y confesión!
Había condenado su Eminencia sin parpadear.
La confesión de Remigio estaba pasándola a limpio el Dominico Rufino, como inexorable secretario de la Iglesia y la redactó en estos términos:
El sádico verdugo era un siniestro protagonista que había llegado en el séquito del Cardenal desde Roa, para realizar estos necesarios menesteres.
La detención nocturna de Remigio fue efectuada en su celda, sin testigos oculares extraños a la Iglesia.
Las órdenes del Cardenal fueron tajantes:
- ¡Tortura y confesión!
17
El Dominico, se regodeaba de inmenso placer ante la presencia del descoyuntado cuerpo de Remigio, cruelmente torturado por el sanguinario verdugo de la Inquisición.
El sádico verdugo era un siniestro protagonista que había llegado en el séquito del Cardenal desde Roa, para realizar estos necesarios menesteres.
- ¡Considérese prisionero de Dios!
Ordenó Claudio el magistrado de la guardia.
Una etapa de dolor y vejaciones comenzaba para la vida de Remigio.
17
El Dominico, se regodeaba de inmenso placer ante la presencia del descoyuntado cuerpo de Remigio, cruelmente torturado por el sanguinario verdugo de la Inquisición.
Cuando Remigio se retiraba a su celda a descansar del duro día de trabajo y de las nuevas ilusiones, un piquete de guardias del Papa le estaban esperando en la pequeña habitación.
- ¡Considérese prisionero de Dios!
Ordenó Claudio el magistrado de la guardia.
Una etapa de dolor y vejaciones comenzaba para la vida de Remigio.
Remigio tenía la total convicción de que ninguno le observaba, pero estaba equivocado; un fiel servidor de la Iglesia que le estaba vigilando estrechamente, por orden de Reinaldo, había controlado la entrada y la salida del Monasterio.
Cuando Remigio se retiraba a su celda a descansar del duro día de trabajo y de las nuevas ilusiones, un piquete de guardias del Papa le estaban esperando en la pequeña habitación.
Eran los tiempos que pertenecen a la expiración del organismo de los humanos vivos. Cuando estos son llamados a la presencia del Creador para pedirles el canon que corresponde a los días de existencia real de los habitantes de ciertos planetas del Universo.
Remigio tenía la total convicción de que ninguno le observaba, pero estaba equivocado; un fiel servidor de la Iglesia que le estaba vigilando estrechamente, por orden de Reinaldo, había controlado la entrada y la salida del Monasterio.
El mismo que vagabundeaba entre el ramaje de los abetos mientras busca la invocada piedra filosofal; para entregarla a los dioses de la espesura antes de que el diablo del verde profundo se quede con ella para siempre.
Eran los tiempos que pertenecen a la expiración del organismo de los humanos vivos. Cuando estos son llamados a la presencia del Creador para pedirles el canon que corresponde a los días de existencia real de los habitantes de ciertos planetas del Universo.
Los seres que habitan en el antiguo Valle, serán los únicos testigos sensoriales de esta tragedia humana que estaba ordenando sin descanso el viejo espíritu del bosque lebaniego.
El mismo que vagabundeaba entre el ramaje de los abetos mientras busca la invocada piedra filosofal; para entregarla a los dioses de la espesura antes de que el diablo del verde profundo se quede con ella para siempre.
La insidia y la traición se estaban instalando en el viejo Valle sin permiso de ningún mortal.
Los seres que habitan en el antiguo Valle, serán los únicos testigos sensoriales de esta tragedia humana que estaba ordenando sin descanso el viejo espíritu del bosque lebaniego.
Estaban sonando las últimas campanadas de las doce horas del mediodía, cuando Remigio abría con una doble llave una portilla anexa a la puerta principal, que supuestamente estaba inutilizada de hacía bastante tiempo.
La insidia y la traición se estaban instalando en el viejo Valle sin permiso de ningún mortal.
Como era ya bastante tarde, Remigio no quería que nadie averiguase el nuevo vínculo que tenía con el grupo de templarios, ni con la visita a la casona de Lebeña, apresuró la marcha para llegar a la Abadía Cisterciense antes de que empezase el servicio de la comida.
Estaban sonando las últimas campanadas de las doce horas del mediodía, cuando Remigio abría con una doble llave una portilla anexa a la puerta principal, que supuestamente estaba inutilizada de hacía bastante tiempo.
Ahora era miembro del Temple por propia derecho y pondría todos los medios que ahora disponía para seguir perteneciendo a esa bendita Orden Sagrada de Cristo, en donde no cejaría jamás de agradecer a Cristo su inestimable ayuda.
Como era ya bastante tarde, Remigio no quería que nadie averiguase el nuevo vínculo que tenía con el grupo de templarios, ni con la visita a la casona de Lebeña, apresuró la marcha para llegar a la Abadía Cisterciense antes de que empezase el servicio de la comida.
El día más feliz de toda su vida le había llegado al final, entrando a raudales en su distinto corazón de legítimo Caballero Templario.
Ahora era miembro del Temple por propia derecho y pondría todos los medios que ahora disponía para seguir perteneciendo a esa bendita Orden Sagrada de Cristo, en donde no cejaría jamás de agradecer a Cristo su inestimable ayuda.
Remigio, saltaba de alegría y contento mientras se encaminaba al domicilio de su pariente el Guardia Civil para devolver el uniforme.
El día más feliz de toda su vida le había llegado al final, entrando a raudales en su distinto corazón de legítimo Caballero Templario.
Finalizó de platicar para despedir emocionado el Maestre Corona.
Remigio, saltaba de alegría y contento mientras se encaminaba al domicilio de su pariente el Guardia Civil para devolver el uniforme.
-Muchas gracias y muchísima suerte, mí estimado caballero Remigio.
Finalizó de platicar para despedir emocionado el Maestre Corona.
- Para que no tener que desplazaros continuamente hasta aquí y por la seguridad vuestra os entregara cuando os vayáis el intendente Argos, una emisora GPS por si disponéis de informaciones que precise el Temple.
-Muchas gracias y muchísima suerte, mí estimado caballero Remigio.
-Tenéis la puerta abierta para cuando queráis servir a Cristo desde el Temple pero la Orden, mi querido Remigio, os recompensa desde hoy con el titulo de Caballero Templario.
- Para que no tener que desplazaros continuamente hasta aquí y por la seguridad vuestra os entregara cuando os vayáis el intendente Argos, una emisora GPS por si disponéis de informaciones que precise el Temple.
-Alabado seáis…mi samaritano…gracias…gracias a Cristo que os ha guiado hasta la casa en donde se defiende de verdad la fe en su Padre y sus humanos evangelios. Palabras sagradas que se hallan henchidas de caridad y de piedad, para que los hombres del Creador consigan sobrevivir en armonía con las especies vivas de la Tierra.
-Tenéis la puerta abierta para cuando queráis servir a Cristo desde el Temple pero la Orden, mi querido Remigio, os recompensa desde hoy con el titulo de Caballero Templario.
Tornándose hacía Remigio se aproximó y tomando al monje en sus brazos arrancó a llorar sin consuelo alguno, diciéndole:
-Alabado seáis…mi samaritano…gracias…gracias a Cristo que os ha guiado hasta la casa en donde se defiende de verdad la fe en su Padre y sus humanos evangelios. Palabras sagradas que se hallan henchidas de caridad y de piedad, para que los hombres del Creador consigan sobrevivir en armonía con las especies vivas de la Tierra.
Corona, no sabía cómo reaccionar por el asombro y la extraordinaria fortuna que ahora tenía el Temple. Porque Corona considera que era una valiosa señal que le ofrecía Cristo para poder recuperar el Arca.
Tornándose hacía Remigio se aproximó y tomando al monje en sus brazos arrancó a llorar sin consuelo alguno, diciéndole:
Termino de hablar Remigio, mirando de soslayo al Gran Maestre Corona y tratar de observar en él alguna reacción.
Corona, no sabía cómo reaccionar por el asombro y la extraordinaria fortuna que ahora tenía el Temple. Porque Corona considera que era una valiosa señal que le ofrecía Cristo para poder recuperar el Arca.
-Ellos saben todo, porque tienen un espía infiltrado entre sus caballeros Señoría y las órdenes concretas para exterminar a todos los caballeros del Temple que aún queden en toda Europa, proviene del Papa y de una vieja congregación para salvaguardar la fe en Dios, llamada Inquisición.
Termino de hablar Remigio, mirando de soslayo al Gran Maestre Corona y tratar de observar en él alguna reacción.
-Ellos saben, que un caballero del Temple encontró en la mar, por casualidad, el cofre que se perdió en una galerna en el Cantábrico cuando viaja a Roma en barco Alexis un viejo monje del Monasterio de Santo Toribio en el invierno del año 1050.
-Ellos saben todo, porque tienen un espía infiltrado entre sus caballeros Señoría y las órdenes concretas para exterminar a todos los caballeros del Temple que aún queden en toda Europa, proviene del Papa y de una vieja congregación para salvaguardar la fe en Dios, llamada Inquisición.
-El Papa ha enviado a España al Cardenal Mariani con sus milicias de especialistas para acabar con el Temple antes de que vuestra Orden tenga operativa la clave secreta para conocer el último refugio que dio Dios al Arca de su Alianza con los hombres.
-Ellos saben, que un caballero del Temple encontró en la mar, por casualidad, el cofre que se perdió en una galerna en el Cantábrico cuando viaja a Roma en barco Alexis un viejo monje del Monasterio de Santo Toribio en el invierno del año 1050.
-Hace bastante tiempo Señoría, que estoy inquieto por unos los graves sucesos que he presenciado en el Monasterio de Santo Toribio. Se conoce Señoría de que está en marcha una canallesca conspiración en contra de la Orden del Temple, fomentada por una Iglesia que no quiere perder sus muchos privilegios a base de engañar por miedo y la condenación a sus fieles seguidores cristianos.
-El Papa ha enviado a España al Cardenal Mariani con sus milicias de especialistas para acabar con el Temple antes de que vuestra Orden tenga operativa la clave secreta para conocer el último refugio que dio Dios al Arca de su Alianza con los hombres.
-Si su Señoría tiene a bien escuchar podrá entender enseguida el motivo de mi presencia en su casa de Lebeña.
Remigio se paro un instante y continuó:
-Hace bastante tiempo Señoría, que estoy inquieto por unos los graves sucesos que he presenciado en el Monasterio de Santo Toribio. Se conoce Señoría de que está en marcha una canallesca conspiración en contra de la Orden del Temple, fomentada por una Iglesia que no quiere perder sus muchos privilegios a base de engañar por miedo y la condenación a sus fieles seguidores cristianos.
- Alabado sea el Señor.
Dijo Remigio desde el dintel de la puerta, antes de penetrar en la estancia de Corona.
- Pase vuestra merced y acomódese a su gusto.
Respondió el Maestre, algo más calmado.
-Si su Señoría tiene a bien escuchar podrá entender enseguida el motivo de mi presencia en su casa de Lebeña.
Remigio se paro un instante y continuó:
Cuando entro el cocinero del Monasterio de Santo Toribio, en los aposentos de Corona, iba disfrazado con un uniforme de la Guardia Civil que Remigio se había procurado en casa de un primo suyo que era policía. Corona al ver a un monje disfrazado de esa guisa, le entro una risa tan convulsiva, que casi se atora de la fuerte tos que de pronto le agobió.
El monje Remigio, aunque era reservado y muy serio, comprendía lo muy ridículo que era el disfraz para un monje que se preciara de serlo.
- Alabado sea el Señor.
Dijo Remigio desde el dintel de la puerta, antes de penetrar en la estancia de Corona.
- Pase vuestra merced y acomódese a su gusto.
Respondió el Maestre, algo más calmado.
16
Campo Corona había recibido una extraña nota que le notificaba la visita secreta y personal de un fraile de la Orden de San Benito llamado Remigio.
Cuando entro el cocinero del Monasterio de Santo Toribio, en los aposentos de Corona, iba disfrazado con un uniforme de la Guardia Civil que Remigio se había procurado en casa de un primo suyo que era policía. Corona al ver a un monje disfrazado de esa guisa, le entro una risa tan convulsiva, que casi se atora de la fuerte tos que de pronto le agobió.
El monje Remigio, aunque era reservado y muy serio, comprendía lo muy ridículo que era el disfraz para un monje que se preciara de serlo.
Mientras las intrigas y los desatinos del hombre se multiplicaban por toda la Tierra, los flexibles copos de una intensa nevada recubrían las capas de hielo que se había formado en la superficie. Mientras, los abetos del vecino bosque se torcían con una pesada carga de nieve, soportando estoicamente el peso sin rasgar el ramaje.
16
Campo Corona había recibido una extraña nota que le notificaba la visita secreta y personal de un fraile de la Orden de San Benito llamado Remigio.
-Hay que borrar de la faz de la Tierra, al Temple.
Terminó de hablar Reinaldo, mientras se asentaba en la mesa del despacho.
Mientras las intrigas y los desatinos del hombre se multiplicaban por toda la Tierra, los flexibles copos de una intensa nevada recubrían las capas de hielo que se había formado en la superficie. Mientras, los abetos del vecino bosque se torcían con una pesada carga de nieve, soportando estoicamente el peso sin rasgar el ramaje.
-Nada de simplezas ni de compasión para esa gente criminal y despiadada que pretende terminar con la tradición que establece el Apóstol Pedro en Roma.
-Hay que borrar de la faz de la Tierra, al Temple.
Terminó de hablar Reinaldo, mientras se asentaba en la mesa del despacho.
-Afirmo que ha sido la economía la que a logrado que el Temple pueda sobrevivir hasta hoy con la pujanza necesaria que les da el oro que ellos tienen escondido.
-Nada de simplezas ni de compasión para esa gente criminal y despiadada que pretende terminar con la tradición que establece el Apóstol Pedro en Roma.
-Es cierto que jamás nos asignamos los tesoros que tenía la orden templaria esparcidos por Europa.
-Afirmo que ha sido la economía la que a logrado que el Temple pueda sobrevivir hasta hoy con la pujanza necesaria que les da el oro que ellos tienen escondido.
Mirando al Cardenal, el Prior dirigió sus palabras a la oronda figura de Monseñor:
-Habéis traído, Eminencia, el bálsamo de la Iglesia y del Santo Padre, con los mejores efluvios para la práctica del fuerte deseo, de terminar ahora, con las migajas que quedan del Temple en la Tierra.
-Es cierto que jamás nos asignamos los tesoros que tenía la orden templaria esparcidos por Europa.
-La prevaricación nos está acechando sin respiro en el corazón de los antirreligiosos, que no desean que la Iglesia de Pedro disfrute de bonanza alguna, en los templos y ni en las parroquias del mundo, fieles a la Iglesia y creyentes en Dios.
Mirando al Cardenal, el Prior dirigió sus palabras a la oronda figura de Monseñor:
-Habéis traído, Eminencia, el bálsamo de la Iglesia y del Santo Padre, con los mejores efluvios para la práctica del fuerte deseo, de terminar ahora, con las migajas que quedan del Temple en la Tierra.
-Mis devotos fraternos de la Iglesia del Señor.
-Hoy estamos inmersos entre las piadosas plegarias y oraciones a la Inmaculada María, madre de Jesús el Cristo; el que fue enviado por el Creador para el tormento de la Cruz; un hecho que fue trazado por los judíos en Jerusalén y al que vosotros mancilláis todos los días sin recato alguno.
-La prevaricación nos está acechando sin respiro en el corazón de los antirreligiosos, que no desean que la Iglesia de Pedro disfrute de bonanza alguna, en los templos y ni en las parroquias del mundo, fieles a la Iglesia y creyentes en Dios.