Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
- ¿Y que aras cuando no puedas alimentar más a tú cuerpo y necesites yantar para poder sobrevivir en una región que trata tan despóticamente al hombre; aun cuando vuestra merced y su humilde servidor, seamos unos vagamundos que procuran no hacerle daño a nadie?
-Entonces es cuando pediré ayuda a los dioses del agua y de la tierra, que nos acompañan siempre en nuestras andaduras diarias.
Aseveró inalterablemente Rascahuertos sin pararse de su andarina manera de caminar.
-Sin yantar sobreviví muchos días y muchas oras compañero y nunca jamás e querido abusar del po-der del Creador, ni del poder de la naturaleza para el sólo beneficio de un servidor.
-Es ciertamente verdad cuanto habláis de mí poder sobre la carne y lo relacionado con la materia, por se generado por una gitana y un moro, pero amigo mío, estos poderes mágicos jamás se deben utilizar para beneficio propio sin estar autorizado.
Afirmó con crítica y sabía irritación, al compadre de fatigas, Rascahuertos.
- ¿Y que aras cuando no puedas alimentar más a tú cuerpo y necesites yantar para poder sobrevivir en una región que trata tan despóticamente al hombre; aun cuando vuestra merced y su humilde servidor, seamos unos vagamundos que procuran no hacerle daño a nadie?
Preguntaba con insistencia Chupahuesos al amigo Rascahuertos.
-No hay una mentira que halla salido jamás de mis lozanos labios, compañero, pero ahora creo que la camaradería de la miseria, equivale en la practica a tener que renunciar a nuestro propio carácter para poder vivir el día a día.
-Sin yantar sobreviví muchos días y muchas oras compañero y nunca jamás e querido abusar del po-der del Creador, ni del poder de la naturaleza para el sólo beneficio de un servidor.
-Es ciertamente verdad cuanto habláis de mí poder sobre la carne y lo relacionado con la materia, por se generado por una gitana y un moro, pero amigo mío, estos poderes mágicos jamás se deben utilizar para beneficio propio sin estar autorizado.
Afirmó con crítica y sabía irritación, al compadre de fatigas, Rascahuertos.
-Cuando platica vuestra merced de peces y de ocas que surgen volando de un lago y aterrizaban todas en el zurrón, decía vuestra merced verdades ó por el contrario miente para distraer mis muchas ganas de poder yantar hasta atiborrarme.
Preguntaba con insistencia Chupahuesos al amigo Rascahuertos.
-No hay una mentira que halla salido jamás de mis lozanos labios, compañero, pero ahora creo que la camaradería de la miseria, equivale en la practica a tener que renunciar a nuestro propio carácter para poder vivir el día a día.
-Razón de comer algo, si que tenéis, mi apreciado compañero de fatigas; pero bien lo sabe su merced que para yantar algo lo primero que hay que tener es almuerzo, porque sin tener, es inútil provocar al estomago hambriento más necesidad de yantar.
-Cuando platica vuestra merced de peces y de ocas que surgen volando de un lago y aterrizaban todas en el zurrón, decía vuestra merced verdades ó por el contrario miente para distraer mis muchas ganas de poder yantar hasta atiborrarme.
- ¿Que me decís de poder saciar con alguna vianda nuestros muchos apetitos señor Rascahuertos?
Preguntó con humor su compañero.
- ¿Acaso no disponéis de ganas de comer?
Le insinuó parándose en el desmantelado camino y palpándose con la palma de la mano su estomago.
-Razón de comer algo, si que tenéis, mi apreciado compañero de fatigas; pero bien lo sabe su merced que para yantar algo lo primero que hay que tener es almuerzo, porque sin tener, es inútil provocar al estomago hambriento más necesidad de yantar.
A su compañero en los caminos (que era tan pobre como era el) le habían puesto el nombre y el mote de Chupahuesos y esa rara definición debía de ser por la pasmosa facilidad que el buen acompañante de Rascahuertos tenía para dejar mondo y lirondo, a toda la carne que se pegaba a los huesos y a otros similares aderezos de chicha que yantar.
- ¿Que me decís de poder saciar con alguna vianda nuestros muchos apetitos señor Rascahuertos?
Preguntó con humor su compañero.
- ¿Acaso no disponéis de ganas de comer?
Le insinuó parándose en el desmantelado camino y palpándose con la palma de la mano su estomago.
La razón de ser algo más generoso, que los demás seres que sobreviven alrededor de la existencia de una sola persona, se basa sobre todas las cosas en la grandeza que tiene el espíritu de los seres vivos para perdonar, explicaba Rascahuertos a un penoso pordiosero que había encontrado y le acompañaba en su andar por los caminos de esta tierra de Dios. Nunca se volvió a mirar atrás Rascahuertos, desde la salida de la miserable aldea donde había dejado a Tuercebotas, aldea que había sido diezmada por ... (ver texto completo)
A su compañero en los caminos (que era tan pobre como era el) le habían puesto el nombre y el mote de Chupahuesos y esa rara definición debía de ser por la pasmosa facilidad que el buen acompañante de Rascahuertos tenía para dejar mondo y lirondo, a toda la carne que se pegaba a los huesos y a otros similares aderezos de chicha que yantar.
Esta vez Rascahuertos, soñó sin recordarlo, con un mago que le llevaría hasta la alta fortaleza del más poderoso nigromante que había en la región.
La razón de ser algo más generoso, que los demás seres que sobreviven alrededor de la existencia de una sola persona, se basa sobre todas las cosas en la grandeza que tiene el espíritu de los seres vivos para perdonar, explicaba Rascahuertos a un penoso pordiosero que había encontrado y le acompañaba en su andar por los caminos de esta tierra de Dios. Nunca se volvió a mirar atrás Rascahuertos, desde la salida de la miserable aldea donde había dejado a Tuercebotas, aldea que había sido diezmada por ... (ver texto completo)
Era el mejor instante de cada día para poder soñar con la meta que se había propuesto alcanzar, a cos-ta de vagar sin rumbo fijo por los senderos de una tierra hostil y dispuesta a tragar a todo ser viviente que caminase por ella.
Esta vez Rascahuertos, soñó sin recordarlo, con un mago que le llevaría hasta la alta fortaleza del más poderoso nigromante que había en la región.
El agotamiento por el caminar diario, atrancaba los ojos del vagabundo Rascahuertos, a medida que el sueño se apoderaba muy despacio de su relajado y fuerte organismo.
Él creía, que su meta se hallaba cercana.
Una aseveración tan especulativa para un sombrío vagabundo, era más atrevida que la propia fantasía de que algún día lograse alcanzarla.
Era el mejor instante de cada día para poder soñar con la meta que se había propuesto alcanzar, a cos-ta de vagar sin rumbo fijo por los senderos de una tierra hostil y dispuesta a tragar a todo ser viviente que caminase por ella.
Se acordaba de su amigo Tuercebotas, al que había dejado hacía tres días en la aldea cercana, bastante enfermo por una fiebre negra que le había brotado de repente.
Fue raro el proceder del amigo Tuercebotas, con la gente de una pequeña localidad que le había dado cobijo. Unos vecinos que le ayudan sin conocer el grave peligro de contagio que su enfermedad tenía.
La fiebre negra es una tenebrosa enfermedad, peor de curar que otras dolencias comunes por la escasa higiene en las aldeas que frecuentaban.
El agotamiento por el caminar diario, atrancaba los ojos del vagabundo Rascahuertos, a medida que el sueño se apoderaba muy despacio de su relajado y fuerte organismo.
Él creía, que su meta se hallaba cercana.
Una aseveración tan especulativa para un sombrío vagabundo, era más atrevida que la propia fantasía de que algún día lograse alcanzarla.
La cueva que había encontrado, para refugiarse de la noche que llegaba, no era de estas enrevesadas y sinuosas por tener escasa ramificación a la vista.
Un poco de hierba y matorral seco sirvió de mulli-do lecho a Rascahuertos, que utilizaría después de comer un pedazo de queso con el resto de pan duro que le había quedado del día anterior.
Se acordaba de su amigo Tuercebotas, al que había dejado hacía tres días en la aldea cercana, bastante enfermo por una fiebre negra que le había brotado de repente.
Fue raro el proceder del amigo Tuercebotas, con la gente de una pequeña localidad que le había dado cobijo. Unos vecinos que le ayudan sin conocer el grave peligro de contagio que su enfermedad tenía.
La fiebre negra es una tenebrosa enfermedad, peor de curar que otras dolencias comunes por la escasa higiene en las aldeas que frecuentaban.
La tarde caía lentamente, saliendo la oscuridad del horizonte, para anunciarle que su inmediato deber era refugiarse de la terrible helada que llegaba con el derrumbe de la luz del día.
La cueva que había encontrado, para refugiarse de la noche que llegaba, no era de estas enrevesadas y sinuosas por tener escasa ramificación a la vista.
Un poco de hierba y matorral seco sirvió de mulli-do lecho a Rascahuertos, que utilizaría después de comer un pedazo de queso con el resto de pan duro que le había quedado del día anterior.
Llevaba bastantes años vagabundeando, por aquí y por allá sin ningún rumbo fijado de antemano y era bastante ágil de mente para conocer de inmediato a cualquier otro ladino gitano y moro como era él.
Jamás se fiaba de nadie y esa forma de ser le daba ventaja sobre otros vividores más avispados que se encontraba por los caminos del Señor.
La tarde caía lentamente, saliendo la oscuridad del horizonte, para anunciarle que su inmediato deber era refugiarse de la terrible helada que llegaba con el derrumbe de la luz del día.
Las razones esenciales de esa eterna peregrinación por los mundos de Dios, se hallaba metida dentro de una mezcla que tenía de sangre gitana y mora; un revoltijo genético que heredaría de su madre, la gitana Carmela y del padre que posiblemente fuese el anciano almuecín llegado a menos en Bagdad, un árabe desterrado por tener unas uñas demasiado largas para ser una persona honrada.
Llevaba bastantes años vagabundeando, por aquí y por allá sin ningún rumbo fijado de antemano y era bastante ágil de mente para conocer de inmediato a cualquier otro ladino gitano y moro como era él.
Jamás se fiaba de nadie y esa forma de ser le daba ventaja sobre otros vividores más avispados que se encontraba por los caminos del Señor.
La vida errante que traía y llevaba, le concedía el privilegio de escoger el modo y el lugar para hacer de vientre y llegaba a besar el santo, como se suele decirse vulgarmente, cuando devoraba unas pocas reservas de su ajado zurrón de piel de borrego.
Las razones esenciales de esa eterna peregrinación por los mundos de Dios, se hallaba metida dentro de una mezcla que tenía de sangre gitana y mora; un revoltijo genético que heredaría de su madre, la gitana Carmela y del padre que posiblemente fuese el anciano almuecín llegado a menos en Bagdad, un árabe desterrado por tener unas uñas demasiado largas para ser una persona honrada.
Capitulo 1
Rascahuertos, como tenía sed, detuvo su andadura para darse un trago en el arroyo que corría alegre y juguetón debajo de la parte norte de una alta pared de piedra que había en la senda que recorría desde los albores de aquel día.
El obligado alivio de hacer sus mayores necesida-des a la vez que bebía agua fresca del arroyo, era un diario placer para este enfático pordiosero.
La vida errante que traía y llevaba, le concedía el privilegio de escoger el modo y el lugar para hacer de vientre y llegaba a besar el santo, como se suele decirse vulgarmente, cuando devoraba unas pocas reservas de su ajado zurrón de piel de borrego.
Sentir la eternidad dentro de uno mismo, es volver al lóbrego pasado de ignorancia y descrédito de los gobernantes de poblaciones de la geografía de una Nación cómo la española, porque ninguno de estos habitantes es eterno en el Universo que rodea a los hombres.
C. Cortés
El hombre de la rosa.
Capitulo 1
Rascahuertos, como tenía sed, detuvo su andadura para darse un trago en el arroyo que corría alegre y juguetón debajo de la parte norte de una alta pared de piedra que había en la senda que recorría desde los albores de aquel día.
El obligado alivio de hacer sus mayores necesida-des a la vez que bebía agua fresca del arroyo, era un diario placer para este enfático pordiosero.
Un clamor del carillón que se aleja despacio, pero sin pausa, por la despejada y extensa campiña; re-suena sin eco alguno languideciendo en la inmensa distancia hasta que llega apagado a los oídos de un pueblo que desea sentir su latir metálico.
Era llegado el tiempo de la verdad.
Sentir la eternidad dentro de uno mismo, es volver al lóbrego pasado de ignorancia y descrédito de los gobernantes de poblaciones de la geografía de una Nación cómo la española, porque ninguno de estos habitantes es eterno en el Universo que rodea a los hombres.
C. Cortés
El hombre de la rosa.
Ha llegado la hora de proclamar a los cuatro vien-tos la necesaria regeneración de la ilustración libre y soberana, que mantenga en pie de guerra a todos los valores que sostienen la vida real del hombre.
Un clamor del carillón que se aleja despacio, pero sin pausa, por la despejada y extensa campiña; re-suena sin eco alguno languideciendo en la inmensa distancia hasta que llega apagado a los oídos de un pueblo que desea sentir su latir metálico.
Era llegado el tiempo de la verdad.
Llega la hora de la renuncia a encasillar a todos los autodidactas en el factor de la suerte ocasional, por atreverse a crear arte ó pensamiento escrito, en una sociedad paternalista que protege a los aristócratas del empuje de la chusma que se atreve a realizar el mismo trabajo y el mismo contexto que los felices poseedores de un título académico oficial.
Ha llegado la hora de proclamar a los cuatro vien-tos la necesaria regeneración de la ilustración libre y soberana, que mantenga en pie de guerra a todos los valores que sostienen la vida real del hombre.
¿Quién puede negarles este pomposo titulo del que presumen cientos de personajes dedicados a poner al día los trapos sucios de toda clase de mamelucos y pelanduscas?
Yo les concedo, sin rubor ni vergüenza alguna, el titulo de sobresalientes académicos de la lengua y de las costumbres españolas y nadie en este mundo que tenga alguna pizca de inteligencia podrá decir lo contrario.
Llega la hora de la renuncia a encasillar a todos los autodidactas en el factor de la suerte ocasional, por atreverse a crear arte ó pensamiento escrito, en una sociedad paternalista que protege a los aristócratas del empuje de la chusma que se atreve a realizar el mismo trabajo y el mismo contexto que los felices poseedores de un título académico oficial.
Las campanas de los pueblos de la campiña suenan todos los días cuando el almuecín católico anuncia al viento la celebración de una representación que se aprueba en Castilla desde el albor del tiempo en que se estableció en las aldeas las leyes vaticanas.
Las personas que han dedicado su vida, a pregonar con dibujos sobre tela y cantando, (los hechos más relevantes que sucedían en aldeas y ciudades de la inmensa Castilla) tienen bien ganada la titularidad de periodistas en una época plagada de ignorancia ... (ver texto completo)
¿Quién puede negarles este pomposo titulo del que presumen cientos de personajes dedicados a poner al día los trapos sucios de toda clase de mamelucos y pelanduscas?
Yo les concedo, sin rubor ni vergüenza alguna, el titulo de sobresalientes académicos de la lengua y de las costumbres españolas y nadie en este mundo que tenga alguna pizca de inteligencia podrá decir lo contrario.
Pancistas que se asemejan a los Sanchos, existen y pululan por los pueblos y las ciudades de España.
Ninguno les detiene, ni tampoco se preocupan de saber lo que hacen en su andadura por los barrios y en los círculos de los lugares en donde plantan sus bases operativas.
Las campanas de los pueblos de la campiña suenan todos los días cuando el almuecín católico anuncia al viento la celebración de una representación que se aprueba en Castilla desde el albor del tiempo en que se estableció en las aldeas las leyes vaticanas.
Las personas que han dedicado su vida, a pregonar con dibujos sobre tela y cantando, (los hechos más relevantes que sucedían en aldeas y ciudades de la inmensa Castilla) tienen bien ganada la titularidad de periodistas en una época plagada de ignorancia ... (ver texto completo)
El Quijote y Sancho, (los clásicos personajes de la novela de Cervantes) se asemejan a esos genuinos protagonistas de una antigua leyenda que resume ante cualquier Rey que haya habido en los reinos de la vieja Castilla la tutoría de una de las leyendas más terribles que la mente pueda imaginar.
Locos que equivalen a quijotes los hay por doquier en la geografía española.
Pancistas que se asemejan a los Sanchos, existen y pululan por los pueblos y las ciudades de España.
Ninguno les detiene, ni tampoco se preocupan de saber lo que hacen en su andadura por los barrios y en los círculos de los lugares en donde plantan sus bases operativas.
Una vieja tierra plagada de historias de la tradición española; que se sumerge dentro de la negligencia y de la monotonía de unas clases sociales bastante diferenciadas de las miserables. Un hecho real que han procurado tener oculto esos poderosos señores de las tierras de Castilla.
El Quijote y Sancho, (los clásicos personajes de la novela de Cervantes) se asemejan a esos genuinos protagonistas de una antigua leyenda que resume ante cualquier Rey que haya habido en los reinos de la vieja Castilla la tutoría de una de las leyendas más terribles que la mente pueda imaginar.
Locos que equivalen a quijotes los hay por doquier en la geografía española.
INTRODUCCIÓN
La tarde bastante avanzada del crudo invierno caía lentamente sobre la vasta campiña refrigerando los yerbajos de la apelmazada tierra que aún estaba sin remover desde la última siega del verano.
La torre de una de las miles de iglesias castellanas, destacaba orgullosa en la lejanía, sin inmutarse por la estirpe de rezos y de incalculables misas diarias que había celebrado debajo del gallardo campanil.
Los colores, de un ocre intenso, cegaban la visión general de aquel monótono paisaje, ... (ver texto completo)
Una vieja tierra plagada de historias de la tradición española; que se sumerge dentro de la negligencia y de la monotonía de unas clases sociales bastante diferenciadas de las miserables. Un hecho real que han procurado tener oculto esos poderosos señores de las tierras de Castilla.
Reservado el derecho de publicación del libro por el autor, Críspulo Cortés, con el AGRH 47755531, porque tiene el original depositado ante Notario.
Torrelavega 24 de diciembre 2006.
INTRODUCCIÓN
La tarde bastante avanzada del crudo invierno caía lentamente sobre la vasta campiña refrigerando los yerbajos de la apelmazada tierra que aún estaba sin remover desde la última siega del verano.
La torre de una de las miles de iglesias castellanas, destacaba orgullosa en la lejanía, sin inmutarse por la estirpe de rezos y de incalculables misas diarias que había celebrado debajo del gallardo campanil.
Los colores, de un ocre intenso, cegaban la visión general de aquel monótono paisaje, ... (ver texto completo)
Dedico esta fabula, a todas las personas que sepan trazar en una hoja blanca los signos que llamamos letras, para que con estos símbolos construyan las palabras y así faciliten el desarrollo del intelecto y de la sabiduría en los lectores de buena voluntad.
C. Cortés
El hombre de la rosa.
Torrelavega, 24 de diciembre de 2006.
Reservado el derecho de publicación del libro por el autor, Críspulo Cortés, con el AGRH 47755531, porque tiene el original depositado ante Notario.
Torrelavega 24 de diciembre 2006.
Dedico esta fabula, a todas las personas que sepan trazar en una hoja blanca los signos que llamamos letras, para que con estos símbolos construyan las palabras y así faciliten el desarrollo del intelecto y de la sabiduría en los lectores de buena voluntad.
C. Cortés
El hombre de la rosa.
Torrelavega, 24 de diciembre de 2006.
Cuando aún estaba amaneciendo, se abrió la puerta del calabozo del ayuntamiento de repente y el sol-dado Hausman fue conducido sin honor ni gloria, hasta la pared de piedra del cementerio en donde fue ejecutado por fusilamiento.
El sorprendido Hausman, ya estaba en el cielo de los alemanes, cuando quiso darse cuenta de lo que le había sucedido.
FIN
Entonces, a pesar de los agudos síntomas de indi-estión que lo atormentaban desde hacía tiempo, el brigadista Alemán, loco de alegría, empezó a bai-ar, a bailar desenfrenadamente, alzando los brazos y piernas, a bailar lanzando gritos frenéticos, hasta el momento en que cayo, agotado y desfallecido al pie de la pared.
¡Era prisionero!
¡Estaba salvado!
Cuando aún estaba amaneciendo, se abrió la puerta del calabozo del ayuntamiento de repente y el sol-dado Hausman fue conducido sin honor ni gloria, hasta la pared de piedra del cementerio en donde fue ejecutado por fusilamiento.
El coronel chillaba:
_ Velen por la seguridad del cautivo.
Por fin llegaron a la casa consistorial.
Abrieron la cárcel y arrojaron en el interior al sol-dado Hausman, libre de ligaduras.
Doscientos hombres armados montaron la guardia alrededor del edificio.
Entonces, a pesar de los agudos síntomas de indi-estión que lo atormentaban desde hacía tiempo, el brigadista Alemán, loco de alegría, empezó a bai-ar, a bailar desenfrenadamente, alzando los brazos y piernas, a bailar lanzando gritos frenéticos, hasta el momento en que cayo, agotado y desfallecido al pie de la pared.
¡Era prisionero!
¡Estaba salvado!
En las estrechas calles de pueblo los aguardaba la población ansiosa y sobreexcitada.
Cuando algunos de estos civiles divisaron el casco del prisionero, estallaron formidables clamores de venganza y de muerte.
Las mujeres alzaban los brazos; las viejas lloraban; un abuelo que lanzó su muleta al brigadista le hirió en la nariz a uno de sus guardianes.
El coronel chillaba:
_ Velen por la seguridad del cautivo.
Por fin llegaron a la casa consistorial.
Abrieron la cárcel y arrojaron en el interior al sol-dado Hausman, libre de ligaduras.
Doscientos hombres armados montaron la guardia alrededor del edificio.
La columna se formó en la oscuridad debajo de las gruesas paredes de la casona, y se puso en movi-miento, rodeando por todas partes a Hausman, el soldado Alemán, que estaba agarrotado, sujeto por seis soldados fascistas con las pistolas empuñadas.
Se enviaron exploradores para reconocer el cami-no, mientras avanzaban con prudencia, haciendo alto de vez en cuando.
Estaba rayando el día cuando la pequeña columna llegaba a Hinojosa del Duque, cuya bandera de la falange había realizado aquel hecho ... (ver texto completo)
En las estrechas calles de pueblo los aguardaba la población ansiosa y sobreexcitada.
Cuando algunos de estos civiles divisaron el casco del prisionero, estallaron formidables clamores de venganza y de muerte.
Las mujeres alzaban los brazos; las viejas lloraban; un abuelo que lanzó su muleta al brigadista le hirió en la nariz a uno de sus guardianes.
El joven oficial prosiguió:
_ ¿Que disposiciones debo tomar, mi coronel?
El coronel respondió:
_ Vamos a replegarnos para evitar un contraataque con artillería y fuerzas superiores.
Y dio la orden de marcharse.
La columna se formó en la oscuridad debajo de las gruesas paredes de la casona, y se puso en movi-miento, rodeando por todas partes a Hausman, el soldado Alemán, que estaba agarrotado, sujeto por seis soldados fascistas con las pistolas empuñadas.
Se enviaron exploradores para reconocer el cami-no, mientras avanzaban con prudencia, haciendo alto de vez en cuando.
Estaba rayando el día cuando la pequeña columna llegaba a Hinojosa del Duque, cuya bandera de la falange había realizado aquel hecho ... (ver texto completo)
El grueso militar, que se estaba enjugando la fren-te por el miedo que había pasado, vociferó:
_ ¡Victoria!
Y escribió en una pequeña agenda comercial que saco del bolsillo el parte de guerra:
"Tras encarnizada lucha, los rojos han tenido que batirse en retirada, llevándose sus muertos y sus heridos, que nosotros evaluamos en unos cincuenta hombres fuera de combate. Varios han quedado en nuestras manos."
El joven oficial prosiguió:
_ ¿Que disposiciones debo tomar, mi coronel?
El coronel respondió:
_ Vamos a replegarnos para evitar un contraataque con artillería y fuerzas superiores.
Y dio la orden de marcharse.
Otro oficial entrando dijo:
_ Mi coronel, los enemigos han huido.
_ Parece que hemos herido a varios.
_ Somos los dueños del cortijo.
El grueso militar, que se estaba enjugando la fren-te por el miedo que había pasado, vociferó:
_ ¡Victoria!
Y escribió en una pequeña agenda comercial que saco del bolsillo el parte de guerra:
"Tras encarnizada lucha, los rojos han tenido que batirse en retirada, llevándose sus muertos y sus heridos, que nosotros evaluamos en unos cincuenta hombres fuera de combate. Varios han quedado en nuestras manos."
Los vencedores que resoplaban como ballenatos lo levantaron, lo ataron a una silla y lo examinaron con curiosidad.
Varios de ellos se sentaron, pues no podían más de la emoción y del cansancio.
Mientras tanto Hausman entre los vapores del vino y la comilona, los sonreía, sonreía ahora, ¡seguro de estar al fin prisionero!
Otro oficial entrando dijo:
_ Mi coronel, los enemigos han huido.
_ Parece que hemos herido a varios.
_ Somos los dueños del cortijo.
De pronto un grueso militar cargado de medallas sobre su camisa azul, le plantó el pie en el vientre, vociferando:
_ Es usted mi prisionero, maldito rojo:
_ ¡Ríndase!
El brigadista sólo entendió la palabra, prisionero, y gimoteó en bastardo español:
_ ¡Me rindo!
Los vencedores que resoplaban como ballenatos lo levantaron, lo ataron a una silla y lo examinaron con curiosidad.
Varios de ellos se sentaron, pues no podían más de la emoción y del cansancio.
Mientras tanto Hausman entre los vapores del vino y la comilona, los sonreía, sonreía ahora, ¡seguro de estar al fin prisionero!
Él soldado Alemán de la República, resoplaba de aturdimiento, demasiado embrutecido para entender nada, apaleado, maltratado y loco de miedo.
De pronto un grueso militar cargado de medallas sobre su camisa azul, le plantó el pie en el vientre, vociferando:
_ Es usted mi prisionero, maldito rojo:
_ ¡Ríndase!
El brigadista sólo entendió la palabra, prisionero, y gimoteó en bastardo español:
_ ¡Me rindo!
En un instante cincuenta soldados falangistas, del Ejército de Franco, armados hasta los dien-tes se lanzaron al asalto de la casa y entraron en la cocina donde descansaba pacíficamente Hausman y, poniéndole en el pecho cincuenta fusiles cargados, lo derribaron, lo arrastraron, lo apresaron, lo ataron de pies y manos.
Él soldado Alemán de la República, resoplaba de aturdimiento, demasiado embrutecido para entender nada, apaleado, maltratado y loco de miedo.
Entonces, en un instante, las puertas, las contra-ventanas y los vidrios se hundieron ante una marea de hombres que se abalanzó, lo rompió y destrozó todo, invadiendo la casa.
En un instante cincuenta soldados falangistas, del Ejército de Franco, armados hasta los dien-tes se lanzaron al asalto de la casa y entraron en la cocina donde descansaba pacíficamente Hausman y, poniéndole en el pecho cincuenta fusiles cargados, lo derribaron, lo arrastraron, lo apresaron, lo ataron de pies y manos.
La despejada casona del cortijo erguía su silueta blanca.
Sólo dos ventanas brillaban aún en la planta baja.
De repente unas voces tonantes gritaron:
_ ¡Adelante!
_ ¡Maldita sea!
_ ¡Al asalto, por Cristo!
Entonces, en un instante, las puertas, las contra-ventanas y los vidrios se hundieron ante una marea de hombres que se abalanzó, lo rompió y destrozó todo, invadiendo la casa.
Mientras nuestro soldado dormía, unas sombras se deslizaban por entre las viejas encinas, numerosas y mudas y a veces un rayo de luna hacía relucir en la oscuridad una punta de acero.
La despejada casona del cortijo erguía su silueta blanca.
Sólo dos ventanas brillaban aún en la planta baja.
De repente unas voces tonantes gritaron:
_ ¡Adelante!
_ ¡Maldita sea!
_ ¡Al asalto, por Cristo!
Una media luna iluminaba vagamente el horizonte por encima de las encinas.
Era la hora fría que precede al alba.
Mientras nuestro soldado dormía, unas sombras se deslizaban por entre las viejas encinas, numerosas y mudas y a veces un rayo de luna hacía relucir en la oscuridad una punta de acero.
Después, borracho de vino y comida, embrutecido, colorado, sacudido por los hipos, con el ánimo tur-bado y con la boca llena de grasa, se desabrochó el uniforme para respirar, incapaz de dar un paso, por la mucha glotonería del ansioso festín.
Sus ojos se cerraban, sus ideas se embotaban.
Entonces, sin darse ya cuenta de lo que hacia, posó la pesada frente sobre sus brazos cruzados sobre la mesa, y perdió suavemente la noción del tiempo y de los hechos.
Una media luna iluminaba vagamente el horizonte por encima de las encinas.
Era la hora fría que precede al alba.
Con las dos manos se metía los trozos en su boca abierta como una trampa; y bultos de comida baja-ban uno tras otro a su estómago, hinchando su gar-ganta al pasar.
A veces se interrumpía, a punto de reventar como un tubo demasiado lleno.
Cogía entonces la jarra de vino y desatrancaba el estómago como quien limpia una cañería atascada.
Vació todos los platos, todas las fuentes y todas las botellas.
Después, borracho de vino y comida, embrutecido, colorado, sacudido por los hipos, con el ánimo tur-bado y con la boca llena de grasa, se desabrochó el uniforme para respirar, incapaz de dar un paso, por la mucha glotonería del ansioso festín.
Sus ojos se cerraban, sus ideas se embotaban.
Entonces, sin darse ya cuenta de lo que hacia, posó la pesada frente sobre sus brazos cruzados sobre la mesa, y perdió suavemente la noción del tiempo y de los hechos.
Saltando por la ventana Hausman se sentó ante un plato que había quedado intacto y empezó a comer.
Comía a grandes bocados, como si temiera que lo interrumpiesen de pronto y él no pudiese engullir bastante comida.
Con las dos manos se metía los trozos en su boca abierta como una trampa; y bultos de comida baja-ban uno tras otro a su estómago, hinchando su gar-ganta al pasar.
A veces se interrumpía, a punto de reventar como un tubo demasiado lleno.
Cogía entonces la jarra de vino y desatrancaba el estómago como quien limpia una cañería atascada.
Vació todos los platos, todas las fuentes y todas las botellas.