Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
Rascahuertos examinando algo más detenidamente el cofre y el contenido dedujo que las 28 hermosas fichas del dominó debían tener alguna relación con los extraños jeroglíficos que ornamentaban la caja de madera de acacia.
El día avanzaba inexorablemente y como la noche se acercaba, se guardaron la caja del pordiosero en un zurrón y dejando para más adelante la búsqueda del anónimo personaje, emprendieron los cofrades de nuevo el camino y tratar de encontrar antes de la noche, el adecuado refugio donde guarecerse del frió de la tarde que caía.
Después de buscarle y no hallarle, levantaron los dos la vista al firmamento y su osada imaginación de inmutables vagabundos le estimularon a repen-sar con más sosiego sobre las posibilidades que el raro y valioso cofre tenía para ellos dos.
Rascahuertos examinando algo más detenidamente el cofre y el contenido dedujo que las 28 hermosas fichas del dominó debían tener alguna relación con los extraños jeroglíficos que ornamentaban la caja de madera de acacia.
Rascahuertos con ese precioso cofre en la mano se volvió a Chupahuesos para tratar de encontrar los dos al excepcional pordiosero que tal objeto debe-ría de haberse olvidado al marcharse tan presuroso de la presencia de los dos amigos.
Después de buscarle y no hallarle, levantaron los dos la vista al firmamento y su osada imaginación de inmutables vagabundos le estimularon a repen-sar con más sosiego sobre las posibilidades que el raro y valioso cofre tenía para ellos dos.
Una vez perdida toda desconfianza por tan extraño suceso, Rascahuertos decidido la abrió, viendo que en el interior había hermosas fichas de un delicado juego de domino, tallado en marfil y azabache, con filigranas tan extrañas en la parte posterior que no acababa de comprender si era una lengua cristiana ó escritura mora.
Rascahuertos con ese precioso cofre en la mano se volvió a Chupahuesos para tratar de encontrar los dos al excepcional pordiosero que tal objeto debe-ría de haberse olvidado al marcharse tan presuroso de la presencia de los dos amigos.
Rascahuertos recogió el objeto, que estaba debajo del puente con sumo cuidado, observando que era una bella caja que tenía la cerradura y las bisagras, que se asemejaban que estaban hechas de oro puro, con primorosa talla y buen acabado. La caja era de madera de acacia elaborada con primorosos signos que representaban figuras de luchadores blancos y negros, enfrentándose con espadas entre ellos.
Una vez perdida toda desconfianza por tan extraño suceso, Rascahuertos decidido la abrió, viendo que en el interior había hermosas fichas de un delicado juego de domino, tallado en marfil y azabache, con filigranas tan extrañas en la parte posterior que no acababa de comprender si era una lengua cristiana ó escritura mora.
Al observar la caja algo más detenidamente, nues-tro vagabundo disipó los temores que tenía a tocar algo que sobrepasaba su intelecto, por lo enigma-tico que era todo lo que les había sucedido y avisó a Rascahuertos para que contemplase el objeto que alguien se había dejado olvidado bajo el puente.
Rascahuertos recogió el objeto, que estaba debajo del puente con sumo cuidado, observando que era una bella caja que tenía la cerradura y las bisagras, que se asemejaban que estaban hechas de oro puro, con primorosa talla y buen acabado. La caja era de madera de acacia elaborada con primorosos signos que representaban figuras de luchadores blancos y negros, enfrentándose con espadas entre ellos.
Curioso Chupahuesos se aproximo hasta el puente y se agachó sobre el objeto que brillaba con el sol de una manera fuerte y poderosa, y observó, que se trataba de un pequeño arcón de madera que estaba profusamente decorado con extrañas figuras y con misteriosos signos.
Al observar la caja algo más detenidamente, nues-tro vagabundo disipó los temores que tenía a tocar algo que sobrepasaba su intelecto, por lo enigma-tico que era todo lo que les había sucedido y avisó a Rascahuertos para que contemplase el objeto que alguien se había dejado olvidado bajo el puente.
Estaba Rascahuertos encogiéndose de hombros ante el asombro por la súbita desaparición del canijo pordiosero y se inclinaba para recoger su zurrón y reemprender el camino; cuando Chupahuesos, que miraba siempre hacía el suelo, estuviese parado o andando, vio algo que brillaba en la base del arco del pequeño puente, que había sobre un riachuelo que atravesaba la verde y espaciosa campiña.
Curioso Chupahuesos se aproximo hasta el puente y se agachó sobre el objeto que brillaba con el sol de una manera fuerte y poderosa, y observó, que se trataba de un pequeño arcón de madera que estaba profusamente decorado con extrañas figuras y con misteriosos signos.
Sorprendidos por la tan súbita y desacostumbrada huida, buscaron al personaje por los alrededores y al no encontrar ningún rastro del ser, se resignaron pensando que este pobre que era mucho más pobre que ellos se había esfumado para siempre.
Estaba Rascahuertos encogiéndose de hombros ante el asombro por la súbita desaparición del canijo pordiosero y se inclinaba para recoger su zurrón y reemprender el camino; cuando Chupahuesos, que miraba siempre hacía el suelo, estuviese parado o andando, vio algo que brillaba en la base del arco del pequeño puente, que había sobre un riachuelo que atravesaba la verde y espaciosa campiña.
Turbados y sorprendidos por tan raro espléndido y desprendido gesto del personaje que tenían delante Rascahuertos y Chupahuesos se volvieron el rostro para poder meter en sus zurrones la comida que le había devuelto y al volver los dos la vista de nuevo hacía el personaje vieron con admiración que el famélico sujeto había desaparecido.
Sorprendidos por la tan súbita y desacostumbrada huida, buscaron al personaje por los alrededores y al no encontrar ningún rastro del ser, se resignaron pensando que este pobre que era mucho más pobre que ellos se había esfumado para siempre.
El extraño ente haciendo una mueca muy rara con el rostro, que parecía sonreírles, negó con la cabe-za y sin decir palabra alguna partió en tres partes las miserables viandas que ellos le habían dado y les devolvió una parte a cada uno.
Turbados y sorprendidos por tan raro espléndido y desprendido gesto del personaje que tenían delante Rascahuertos y Chupahuesos se volvieron el rostro para poder meter en sus zurrones la comida que le había devuelto y al volver los dos la vista de nuevo hacía el personaje vieron con admiración que el famélico sujeto había desaparecido.
La famélica aparición extiendo sus dedos largos en extremo sucios y malolientes y cogió las viandas que Rascahuertos y Chupahuesos le daban con tan-to desprendimiento y compasión.
El extraño ente haciendo una mueca muy rara con el rostro, que parecía sonreírles, negó con la cabe-za y sin decir palabra alguna partió en tres partes las miserables viandas que ellos le habían dado y les devolvió una parte a cada uno.
- ¡Tómelo!
- ¿Aunque no creo que tan escaso alimento os quite las muchas ganas que decir tenéis?
Dijo Rascahuertos.
La famélica aparición extiendo sus dedos largos en extremo sucios y malolientes y cogió las viandas que Rascahuertos y Chupahuesos le daban con tan-to desprendimiento y compasión.
Cuando al final contemplaron, de arriba a bajo, al famélico ser que tenían delante, se les dulcificó el corazón. Aunque Rascahuertos y Chupahuesos no andaban sobrados de alimentos, se decidieron por compartir con el personaje, las escasas viandas que tenían. Sin pensarlo dos veces y compadecidos por el extraño ser, metieron la mano en sus zurrones y sacaron de cada uno de ellos un trozo de queso y un pedazo de pan bastante duro que les quedaba y se lo ofrecieron al ente que parecía más pobre que ... (ver texto completo)
- ¡Tómelo!
- ¿Aunque no creo que tan escaso alimento os quite las muchas ganas que decir tenéis?
Dijo Rascahuertos.
Asombrados todavía por el extraño requerimiento, Rascahuertos y Chupahuesos se levantaron despacio del lugar en donde habían dormido esa noche y observaron bastante sorprendidos al sujeto que tal demanda les hacía.
Cuando al final contemplaron, de arriba a bajo, al famélico ser que tenían delante, se les dulcificó el corazón. Aunque Rascahuertos y Chupahuesos no andaban sobrados de alimentos, se decidieron por compartir con el personaje, las escasas viandas que tenían. Sin pensarlo dos veces y compadecidos por el extraño ser, metieron la mano en sus zurrones y sacaron de cada uno de ellos un trozo de queso y un pedazo de pan bastante duro que les quedaba y se lo ofrecieron al ente que parecía más pobre que ... (ver texto completo)
Sorprendidos aún por la sobrecogedora aparición, nuestros hombres escucharon de pronto una dulce voz de tono melodioso, que tenía sosegado acento y repetía insistente y machaconamente.
¡Hambre!… ¡hermanos!… ¡tengo mucha hambre!
Asombrados todavía por el extraño requerimiento, Rascahuertos y Chupahuesos se levantaron despacio del lugar en donde habían dormido esa noche y observaron bastante sorprendidos al sujeto que tal demanda les hacía.
Cuando sus ojos fueron capaces de distinguir las formas del lugar en donde se hallaban comenzaron a entrever la sombra de un ser alargado y chocante que les pareció bastante sobrenatural debido a la luminosidad fantasmagórica que desprendía la luz del sol de la mañana sobre su cuerpo.
Sorprendidos aún por la sobrecogedora aparición, nuestros hombres escucharon de pronto una dulce voz de tono melodioso, que tenía sosegado acento y repetía insistente y machaconamente.
¡Hambre!… ¡hermanos!… ¡tengo mucha hambre!
Capìtulo 3
Rascahuertos, cuando sintió el roce de algo suave sobre el hombro, se despertó sobresaltado y al no ver, por hallarse deslumbrado porque le daba el sol de frente, se puso el antebrazo sobre el rostro para tratar de evitar la ceguedad que la fuerza del sol le producía a la vez que pegaba un fuerte codazo a su amigo Chupahuesos para que se despertara y entre los dos trataran de averiguar que entidad les había importunado su delicioso y placentero sueño.
Cuando sus ojos fueron capaces de distinguir las formas del lugar en donde se hallaban comenzaron a entrever la sombra de un ser alargado y chocante que les pareció bastante sobrenatural debido a la luminosidad fantasmagórica que desprendía la luz del sol de la mañana sobre su cuerpo.
Rascahuertos se consolaba de otra manera, porque ahora prestaría más atención a otros mendigos que jamás tendrían el mismo privilegio que tenían los dos expertos y afortunados vagamundos.
Lo que le sobraba, ahora, le servia para mitigar las penas y los sufrimientos de personas que padecen hambre y sed. Sobre todo por la falta de alimentos y también por la carencia de igualdad que los amos sinvergüenzas olvidan siempre a sus vasallos.
Chupahuesos era la cara opuesta de Rascahuertos.
Era el negro ... (ver texto completo)
Capìtulo 3
Rascahuertos, cuando sintió el roce de algo suave sobre el hombro, se despertó sobresaltado y al no ver, por hallarse deslumbrado porque le daba el sol de frente, se puso el antebrazo sobre el rostro para tratar de evitar la ceguedad que la fuerza del sol le producía a la vez que pegaba un fuerte codazo a su amigo Chupahuesos para que se despertara y entre los dos trataran de averiguar que entidad les había importunado su delicioso y placentero sueño.
Rascahuertos y Chupahuesos, sacaron el cofre de las brasas con apresuramiento dado el maledicien-te e huraño temperamento del malandrín y secreto entrometido.
Cuando los dos comprobaron que todas las piezas y el cofre estaban intactos, se santiguaron por todo el cuerpo, mojando el dedo con saliva para mitigar el mal de ojo, que posiblemente les había dejado el extraño y ridículo ser.
El castigo de no comer más, era para Chupahuesos más superficial que efectivo, porque le liberaba de ser protagonista ... (ver texto completo)
Rascahuertos se consolaba de otra manera, porque ahora prestaría más atención a otros mendigos que jamás tendrían el mismo privilegio que tenían los dos expertos y afortunados vagamundos.
Lo que le sobraba, ahora, le servia para mitigar las penas y los sufrimientos de personas que padecen hambre y sed. Sobre todo por la falta de alimentos y también por la carencia de igualdad que los amos sinvergüenzas olvidan siempre a sus vasallos.
Chupahuesos era la cara opuesta de Rascahuertos.
Era el negro y el blanco del tablero de ajedrez, que le libera de alimentarse día a día por esos caminos donde sólo transitaban ellos y la caridad del Señor. ... (ver texto completo)
-Tomad la caja de las brasas del fuego sin temor y envolver los dos, vuestra miserable existencia, con las piezas del ajedrez.
-Pero desde ahora debéis de hacer, sólo por mí, lo que a continuación os diga:
-Proteger al rey.
-Amar a la reina.
-Atacar con la torre.
-Pretejeros con los alfiles.
-Cabalgar con los caballos.
-Salvaguardar con los soldados el baluarte.
-Si lo cumplís y lo hacéis cómo os digo, estaréis en el Paraíso con el Creador al final de vuestros días.
Nada más pronunciar ... (ver texto completo)
Rascahuertos y Chupahuesos, sacaron el cofre de las brasas con apresuramiento dado el maledicien-te e huraño temperamento del malandrín y secreto entrometido.
Cuando los dos comprobaron que todas las piezas y el cofre estaban intactos, se santiguaron por todo el cuerpo, mojando el dedo con saliva para mitigar el mal de ojo, que posiblemente les había dejado el extraño y ridículo ser.
El castigo de no comer más, era para Chupahuesos más superficial que efectivo, porque le liberaba de ser protagonista ... (ver texto completo)
-Debéis de cubrir vuestro rostro y orejas mortales, antes de oír de mis labios los azabaches signos que os otorga el creador de la vida.
Los mendigos traumatizados y seriamente tocados por las maravillas que presenciaban, acataron las directrices del extraño ser y se cubrieron el rostro y orejas, esperando muy sorprendidos al siguiente acto. Nada más hacerlo, sintieron que penetraba en sus cuerpos una intensa luz y comprobaron que su sabiduría aumentaba extraordinariamente y podían analizar todo ... (ver texto completo)
-Tomad la caja de las brasas del fuego sin temor y envolver los dos, vuestra miserable existencia, con las piezas del ajedrez.
-Pero desde ahora debéis de hacer, sólo por mí, lo que a continuación os diga:
-Proteger al rey.
-Amar a la reina.
-Atacar con la torre.
-Pretejeros con los alfiles.
-Cabalgar con los caballos.
-Salvaguardar con los soldados el baluarte.
-Si lo cumplís y lo hacéis cómo os digo, estaréis en el Paraíso con el Creador al final de vuestros días.
Nada más pronunciar ... (ver texto completo)
-Prepáranos para adentrarnos en la senda final de la vida, no trates de ocultar a los ojos del hombre, la podredumbre microscópica que conlleva toda la existencia de los seres vivos dentro de los planetas del Universo conocido y desconocido.
Así finalizó la exposición de Rascahuertos.
La sorprendida cosa giratoria, se paró un instante y viendo que los dos vagamundos estaban asustados, les dijo:
-Debéis de cubrir vuestro rostro y orejas mortales, antes de oír de mis labios los azabaches signos que os otorga el creador de la vida.
Los mendigos traumatizados y seriamente tocados por las maravillas que presenciaban, acataron las directrices del extraño ser y se cubrieron el rostro y orejas, esperando muy sorprendidos al siguiente acto. Nada más hacerlo, sintieron que penetraba en sus cuerpos una intensa luz y comprobaron que su sabiduría aumentaba extraordinariamente y podían analizar todo lo que veían con una diáfana claridad y un exacto raciocinio. ... (ver texto completo)
-Si de verdad quieres hacer con nosotros la prueba de la inmortalidad, debe de empezar por demostrar a nosotros que somos hombres que pertenecemos a los inmortales curando nuestra hambre y después, sanando nuestros muchos pecados terrenales.
-Prepáranos para adentrarnos en la senda final de la vida, no trates de ocultar a los ojos del hombre, la podredumbre microscópica que conlleva toda la existencia de los seres vivos dentro de los planetas del Universo conocido y desconocido.
Así finalizó la exposición de Rascahuertos.
La sorprendida cosa giratoria, se paró un instante y viendo que los dos vagamundos estaban asustados, les dijo:
-Nosotros somos mortales y vuestra merced deberá estar suficientemente instruido, de que sólo somos sumisos pordioseros y no puede exigirnos ninguna contingencia que sea imposible de realizar para los seres creados con su poder en el Paraíso Terrenal.
-La energía divina y la humana, están atadas en el ombligo del neonato y desde allí brota la sabiduría y el conocimiento de los hombres.
-Si de verdad quieres hacer con nosotros la prueba de la inmortalidad, debe de empezar por demostrar a nosotros que somos hombres que pertenecemos a los inmortales curando nuestra hambre y después, sanando nuestros muchos pecados terrenales.
Chupahuesos desbordado por este extraño ser, dejo que alegara Rascahuertos, porque su poco entender no le capacitaba para pensar más de la cuenta.
Rascahuertos, dijo al extraño ser, con palabras que brotaron de la garganta como brota el agua en una impetuosa cascada que descienda de la montaña.
-El creador de los hombres ya tuvo en su poderosa mano lo que a nosotros nos ofrecéis hoy y Él supo dominarlo con su inmortal sabiduría.
-Nosotros somos mortales y vuestra merced deberá estar suficientemente instruido, de que sólo somos sumisos pordioseros y no puede exigirnos ninguna contingencia que sea imposible de realizar para los seres creados con su poder en el Paraíso Terrenal.
-La energía divina y la humana, están atadas en el ombligo del neonato y desde allí brota la sabiduría y el conocimiento de los hombres.
Chupahuesos desbordado por este extraño ser, dejo que alegara Rascahuertos, porque su poco entender no le capacitaba para pensar más de la cuenta.
Rascahuertos, dijo al extraño ser, con palabras que brotaron de la garganta como brota el agua en una impetuosa cascada que descienda de la montaña.
-El creador de los hombres ya tuvo en su poderosa mano lo que a nosotros nos ofrecéis hoy y Él supo dominarlo con su inmortal sabiduría.
Y no se equivocaba ninguno de los dos amigos, las duras palabras que surgieron de su boca helaban el aire por la intensa ira que transmitían:
- ¡Deje la saciedad del hambre en vuestras manos y lo pagáis con fuego y destrucción!
- ¡Separé la miseria y la compasión a cambio de la piedad y lo refutasteis quemando la piedad!
- ¡Renunciasteis a los remedios de una subsistencia eterna al quemar la autonomía de estar obligados a comer, por el fuego de la iniquidad!
- ¿Que futuro representáis vosotros ... (ver texto completo)
Chupahuesos al ser más atrevido que su compadre Rascahuertos, le respondió:
- ¿Es que vuestra merced se dedica a asustar a estos pobres e inofensivos caminantes?
-Yo, aún cuando no he sido el que quemó la caja de ajedrez, estaba muy aburrido de la monotonía y del riesgo que corría nuestro famélico estómago al no tener que yantar nunca más.
-Porque vuestra merced debe de saber bien, que si los hombres no comen se mueren de inanición y de estrechez de vientre.
Cuando las paredes sombrías del húmedo sótano se iban tornando de un azul muy brillante, apareció delante de Rascahuertos y Chupahuesos la persona que algunos días atrás les había dejado la caja que habían echado a la hoguera.
Un extraño sentimiento de culpabilidad les atenazó de inmediato a los pordioseros, porque se sentían indecentes por quemar el cofre que le había dejado días antes este desconocido y piensan los dos que el insólito ser volvía para reprocharles la insensata conducta de quemar ... (ver texto completo)
Y no se equivocaba ninguno de los dos amigos, las duras palabras que surgieron de su boca helaban el aire por la intensa ira que transmitían:
- ¡Deje la saciedad del hambre en vuestras manos y lo pagáis con fuego y destrucción!
- ¡Separé la miseria y la compasión a cambio de la piedad y lo refutasteis quemando la piedad!
- ¡Renunciasteis a los remedios de una subsistencia eterna al quemar la autonomía de estar obligados a comer, por el fuego de la iniquidad!
- ¿Que futuro representáis vosotros ... (ver texto completo)
Estaban los dos amigos mirando fijamente como el calor lo devoraba todo (menos el oro y la plata que quedaba apelmazado entre la ceniza), cuando vie-ron que desde el mismo centro de esas ascuas (que lamían la preciosa caja y la engullían) surgieron hacía la bóveda del techo dos rayos de una intensa y brillante luz azul; los cuales asemejaban tener vida propia, al girar entre la infinidad de columnas que sostenían la bóveda de la cripta con revoloteos y molinetes incesantes.
Cuando las paredes sombrías del húmedo sótano se iban tornando de un azul muy brillante, apareció delante de Rascahuertos y Chupahuesos la persona que algunos días atrás les había dejado la caja que habían echado a la hoguera.
Un extraño sentimiento de culpabilidad les atenazó de inmediato a los pordioseros, porque se sentían indecentes por quemar el cofre que le había dejado días antes este desconocido y piensan los dos que el insólito ser volvía para reprocharles la insensata conducta de quemar ... (ver texto completo)
Más por las muchas molestias que le ocasionaba el extraordinario juego, que por dejar de ser práctico para su manera de existir y por tener otras razones más prácticas y viables en perspectiva.
Rascahuertos sin responder de palabra a su amigo de fatigas señaló con un dedo la caja y sin preám-bulo alguno, arroja el juego de ajedrez a las brasas de una hermosa hoguera que habían encendido en las ruinas del sótano.
Cogido por sorpresa, ante tan rápida acción de su colega, Chupahuesos vio como el fuego ... (ver texto completo)
Estaban los dos amigos mirando fijamente como el calor lo devoraba todo (menos el oro y la plata que quedaba apelmazado entre la ceniza), cuando vie-ron que desde el mismo centro de esas ascuas (que lamían la preciosa caja y la engullían) surgieron hacía la bóveda del techo dos rayos de una intensa y brillante luz azul; los cuales asemejaban tener vida propia, al girar entre la infinidad de columnas que sostenían la bóveda de la cripta con revoloteos y molinetes incesantes.
La única obligatoria molestia que los dos tenían con este ajedrez mágico, era, que si querían verse satisfechos y hartos no podían dejar de jugar.
En cuanto no tocaban las fichas, el hambre volvía a manifestarse con toda la crudeza de una manera instantánea y brutal.
- ¿Que podemos hacer para neutralizar la fuerza de este maldito juego?
Se lamentaba Chupahuesos.
Más por las muchas molestias que le ocasionaba el extraordinario juego, que por dejar de ser práctico para su manera de existir y por tener otras razones más prácticas y viables en perspectiva.
Rascahuertos sin responder de palabra a su amigo de fatigas señaló con un dedo la caja y sin preám-bulo alguno, arroja el juego de ajedrez a las brasas de una hermosa hoguera que habían encendido en las ruinas del sótano.
Cogido por sorpresa, ante tan rápida acción de su colega, Chupahuesos vio como el fuego ... (ver texto completo)
Capitulo 2
Los ruinosos sótanos de la vieja Abadía acogían y abrigaban los cansados huesos de los vagabundos.
Y cómo los nómadas en el mundo tenían un cierto atisbo de ser vagos y haraganes profesionales, los dos compañeros de escasas fatigas, se regodeaban en largas pausas de contemplación bucólica.
La desenfrenada y súbita pasión por jugar siempre al ajedrez dejaba sin habla y sin tiempo para hacer otra cosa a los dos desarrapados amigos.
Mientras se entretuviesen con las mágicas figuras ... (ver texto completo)
La única obligatoria molestia que los dos tenían con este ajedrez mágico, era, que si querían verse satisfechos y hartos no podían dejar de jugar.
En cuanto no tocaban las fichas, el hambre volvía a manifestarse con toda la crudeza de una manera instantánea y brutal.
- ¿Que podemos hacer para neutralizar la fuerza de este maldito juego?
Se lamentaba Chupahuesos.
Chupahuesos, viendo la efectividad de la caja y sin tener ganas imperantes de comer se dedicó al buen aprendizaje del ajedrez con el maestro y compañe-ro Rascahuertos todos los días.
Rascahuertos, explicaba los movimientos de cada una de las piezas con paciencia infinita y decía con la sorna habitual de la sana amistad:
-Qué desea aprender vuestra merced hoy:
- ¿La academia del rey?
- ¿El plantel de una reina?
- ¿El ser caballero?
- ¿El saber defender la torre?
- ¿Aprender a manejar un ariete?
- ... (ver texto completo)
Capitulo 2
Los ruinosos sótanos de la vieja Abadía acogían y abrigaban los cansados huesos de los vagabundos.
Y cómo los nómadas en el mundo tenían un cierto atisbo de ser vagos y haraganes profesionales, los dos compañeros de escasas fatigas, se regodeaban en largas pausas de contemplación bucólica.
La desenfrenada y súbita pasión por jugar siempre al ajedrez dejaba sin habla y sin tiempo para hacer otra cosa a los dos desarrapados amigos.
Mientras se entretuviesen con las mágicas figuras ... (ver texto completo)
Rascahuertos, que ya conocía el juego del ajedrez, fabricó con la navaja y con mucha paciencia un ta-blero para jugar con las fichas que les había dejado el danzarín. Lo forjó de la plancha de la corteza de corcho de un alcornoque.
Cuando se paraban a descansar los dos pordioseros practicaban el apasionado juego y se olvidaban del hambre por la pasión que los dos amigos ponían.
Uno queriendo enseñar y otro queriendo aprender, olvidaban tiempo y lugar sin apercibirse de su pre-caria y urgente necesidad ... (ver texto completo)
Chupahuesos, viendo la efectividad de la caja y sin tener ganas imperantes de comer se dedicó al buen aprendizaje del ajedrez con el maestro y compañe-ro Rascahuertos todos los días.
Rascahuertos, explicaba los movimientos de cada una de las piezas con paciencia infinita y decía con la sorna habitual de la sana amistad:
-Qué desea aprender vuestra merced hoy:
- ¿La academia del rey?
- ¿El plantel de una reina?
- ¿El ser caballero?
- ¿El saber defender la torre?
- ¿Aprender a manejar un ariete?
- ... (ver texto completo)
Rascahuertos, que ya conocía el juego del ajedrez, fabricó con la navaja y con mucha paciencia un ta-blero para jugar con las fichas que les había dejado el danzarín. Lo forjó de la plancha de la corteza de corcho de un alcornoque.
Cuando se paraban a descansar los dos pordioseros practicaban el apasionado juego y se olvidaban del hambre por la pasión que los dos amigos ponían.
Uno queriendo enseñar y otro queriendo aprender, olvidaban tiempo y lugar sin apercibirse de su pre-caria y urgente necesidad ... (ver texto completo)
Chupahuesos, muy sorprendido por la largueza del compadre de fatigas, miró al danzarín como devo-raba la sopa que quedaba, el último pedazo de pan duro y la última escuálida longaniza.
Toda la comida que tenían los dos, había desapare-cido como por encanto, en el insondable tragadero del danzarín.
Rascahuertos y Chupahuesos estaban sorprendidos y mirándose asombrados; cuando volvieron la vis-ta al malandrín este había desaparecido del mapa.
El avispado danzante se había esfumado sin dejar rastro ... (ver texto completo)
Muy resignados los dos y más pobres que antes, se disponían a meter sus pocas cosas en los zurrones, cuando vieron debajo una bolsa, un delicado estu-che que relumbra resplandeciente al reflejarse con los rayos de sol.
Rascahuertos que tenía mucha experiencia en estos menesteres extraños, le dejo a Chupahuesos que lo abriese.
Este al levantar la tapa labrada de vieja plata, vio que estaba repleto de bellas figuras de ajedrez; que estaban dispuestas en perfecto orden según la clase de metal de que estaban hechas, de oro las unas y de plata las otras.
No había nada más. ... (ver texto completo)
- ¿Si vuestra merced desea alguna de las cosas que nosotros tengamos suya es, aun cuando muestra ya precaria economía se debilite más que antes?
Soltó Chupahuesos, de un solo tirón sin inmutarse lo más mínimo.
- ¡Dame de comer y satisface mi sed!
Exigió el entremetido malandrín sin mover un sólo músculo de su feo y horripilante rostro.
-Tomad lo que deseéis de nuestras pobres viandas.
Le dijo Rascahuertos, evitando toda conversación, y dando al ser los zurrones y la olla con los restos de la ... (ver texto completo)
Chupahuesos, muy sorprendido por la largueza del compadre de fatigas, miró al danzarín como devo-raba la sopa que quedaba, el último pedazo de pan duro y la última escuálida longaniza.
Toda la comida que tenían los dos, había desapare-cido como por encanto, en el insondable tragadero del danzarín.
Rascahuertos y Chupahuesos estaban sorprendidos y mirándose asombrados; cuando volvieron la vis-ta al malandrín este había desaparecido del mapa.
El avispado danzante se había esfumado sin dejar rastro ... (ver texto completo)
Nuestros amigos sorprendidos por tan repentina e inesperada actuación, se preguntan titubeantes, que objeto tenía ó que había motivado el vertiginoso y alocado baile del desconocido ser.
Y cómo nadie podía responder a la ardua pregunta, Chupahuesos que era más osado que Rascahuertos, le inquirió al danzarín directamente:
- ¿Si vuestra merced desea alguna de las cosas que nosotros tengamos suya es, aun cuando muestra ya precaria economía se debilite más que antes?
Soltó Chupahuesos, de un solo tirón sin inmutarse lo más mínimo.
- ¡Dame de comer y satisface mi sed!
Exigió el entremetido malandrín sin mover un sólo músculo de su feo y horripilante rostro.
-Tomad lo que deseéis de nuestras pobres viandas.
Le dijo Rascahuertos, evitando toda conversación, y dando al ser los zurrones y la olla con los restos de la ... (ver texto completo)
Había pasado un tiempo incierto cuando cesaba de repente la fulgurante y estrambótica danza o baile giratorio de este chocante ser y sólo fue entonces, cuando los dos amigos de correrías, observaron de pleno al que parecía un ser humano, aún cuando el sujeto que estaba allí vivo bien pareciese otra cosa.
Los extraños ropajes de ese extraño ser, reflejaban abundancia y prosperidad por una aparente calidad de los lienzos de que estaban hechos, los cuales al reflejarse el sol en ellos, brillaban como ... (ver texto completo)
Nuestros amigos sorprendidos por tan repentina e inesperada actuación, se preguntan titubeantes, que objeto tenía ó que había motivado el vertiginoso y alocado baile del desconocido ser.
Y cómo nadie podía responder a la ardua pregunta, Chupahuesos que era más osado que Rascahuertos, le inquirió al danzarín directamente:
Rascahuertos y Chupahuesos, sorprendidos por tan extraño sujeto, que bailaba de una forma tan rara y difícil, que ninguno de los vagamundos había visto jamás, miran sorprendidos al personaje que dejaba entrever extraños ropajes, con aspecto que parecía burlón y atrevido.
Había pasado un tiempo incierto cuando cesaba de repente la fulgurante y estrambótica danza o baile giratorio de este chocante ser y sólo fue entonces, cuando los dos amigos de correrías, observaron de pleno al que parecía un ser humano, aún cuando el sujeto que estaba allí vivo bien pareciese otra cosa.
Los extraños ropajes de ese extraño ser, reflejaban abundancia y prosperidad por una aparente calidad de los lienzos de que estaban hechos, los cuales al reflejarse el sol en ellos, brillaban como ... (ver texto completo)
Estaban en esta placentera tarea, cuando desde el lado izquierdo de la pradera donde reposaban, les traveseó una sombra que bailaba con el ritmo de la peonza que gira rápida sin parar un instante.
Rascahuertos y Chupahuesos, sorprendidos por tan extraño sujeto, que bailaba de una forma tan rara y difícil, que ninguno de los vagamundos había visto jamás, miran sorprendidos al personaje que dejaba entrever extraños ropajes, con aspecto que parecía burlón y atrevido.
Después de comerse los dos una buena ración de la sopa de raíces calientes, que Chupahuesos le había cocido en la olla de hierro, los amigos mendicantes recostaron sus fatigados cuerpos sobre el tronco de una vieja encina y comenzaron a dormitar.
Estaban en esta placentera tarea, cuando desde el lado izquierdo de la pradera donde reposaban, les traveseó una sombra que bailaba con el ritmo de la peonza que gira rápida sin parar un instante.
-Loable intención tenéis, mí querido compañero de fatigas espirituales, porque la extenuación corporal por el apetito y la desdicha no cuenta en el entierro para vuestra merced. Pero presiento que mí amigo a pesar de las desgracias que pasamos juntos, me dirá, que aún debemos de ser sensatos y razonables para no incomodar al dios de la tierra ni al prójimo en esta misérrima vida que nos ha tocado vivir.
Terminó Chupahuesos su larga y rara monserga.
Después de comerse los dos una buena ración de la sopa de raíces calientes, que Chupahuesos le había cocido en la olla de hierro, los amigos mendicantes recostaron sus fatigados cuerpos sobre el tronco de una vieja encina y comenzaron a dormitar.
-La probaré.
Dijo Rascahuertos provocador y siguió diciéndole suavemente.
- ¿Porque sí con esta supuesta sopa que has guisado te envenenas, yó cómo soy tú amigo deseo estar en la misma condición?
-Loable intención tenéis, mí querido compañero de fatigas espirituales, porque la extenuación corporal por el apetito y la desdicha no cuenta en el entierro para vuestra merced. Pero presiento que mí amigo a pesar de las desgracias que pasamos juntos, me dirá, que aún debemos de ser sensatos y razonables para no incomodar al dios de la tierra ni al prójimo en esta misérrima vida que nos ha tocado vivir.
Terminó Chupahuesos su larga y rara monserga.
- ¿Quieres tomar un poco de mi sopa ecológica?
Le pregunto con ironía y con disimulada cachaza, Chupahuesos a Rascahuertos.
-La probaré.
Dijo Rascahuertos provocador y siguió diciéndole suavemente.
- ¿Porque sí con esta supuesta sopa que has guisado te envenenas, yó cómo soy tú amigo deseo estar en la misma condición?
Chupahuesos en cambio, era todo lo contrario que Rascahuertos, se peleaba con cualquiera por tonterías y cuando debía plantar cara para hacer justicia de verdad, por un caso lamentable de arbitrariedad, desaparecía del foro y jamás tornaba hasta que las aguas se calmasen de nuevo.
- ¿Quieres tomar un poco de mi sopa ecológica?
Le pregunto con ironía y con disimulada cachaza, Chupahuesos a Rascahuertos.
Rascahuertos le dejaba hacer sin decir esta boca es mía, por no herirle más de la cuenta, porque estaba Chupahuesos harto de ser un protagonista inútil de la misérrima vida que llevaban los dos.
Después Rascahuertos haría lo que fuese menester, para mitigar la mucha necesidad de yantar alguna cosa que los dos vagamundos deseaban.
El carácter de Rascahuertos era casi siempre calmo y tranquilo, mientras los sucesos que provienen de la vida cotidiana o de la convivencia con la gente transcurriesen ... (ver texto completo)
Chupahuesos en cambio, era todo lo contrario que Rascahuertos, se peleaba con cualquiera por tonterías y cuando debía plantar cara para hacer justicia de verdad, por un caso lamentable de arbitrariedad, desaparecía del foro y jamás tornaba hasta que las aguas se calmasen de nuevo.
Chupahuesos estaba enfadado con su compañero y al estar hambriento no pudo resistir más tiempo las ganas que tenía y se dedicó a recoger las raíces de las plantas para después cocerlas y comérselas.
Cuando ya había reunido un buen puñado de jugosos tubérculos, preparó la hoguera y mientras el fuego prendía en la leña, con el cuchillo peló y troceó las blancas raíces y después echó todo en una cacerola de hierro para que cociera hasta que eliminara toda la vivaz amargura que tenían esas raíces de ... (ver texto completo)
Rascahuertos le dejaba hacer sin decir esta boca es mía, por no herirle más de la cuenta, porque estaba Chupahuesos harto de ser un protagonista inútil de la misérrima vida que llevaban los dos.
Después Rascahuertos haría lo que fuese menester, para mitigar la mucha necesidad de yantar alguna cosa que los dos vagamundos deseaban.
El carácter de Rascahuertos era casi siempre calmo y tranquilo, mientras los sucesos que provienen de la vida cotidiana o de la convivencia con la gente transcurriesen por la senda recta, justa y equitativa. Pero si los avatares de sus vidas eran al contrario, Rascahuertos deja de lado la placidez y el sosiego; y penetra en la vía de la pasión verbal y física para hacer su particular justicia. ... (ver texto completo)
-Entonces es cuando pediré ayuda a los dioses del agua y de la tierra, que nos acompañan siempre en nuestras andaduras diarias.
Aseveró inalterablemente Rascahuertos sin pararse de su andarina manera de caminar.
Chupahuesos estaba enfadado con su compañero y al estar hambriento no pudo resistir más tiempo las ganas que tenía y se dedicó a recoger las raíces de las plantas para después cocerlas y comérselas.
Cuando ya había reunido un buen puñado de jugosos tubérculos, preparó la hoguera y mientras el fuego prendía en la leña, con el cuchillo peló y troceó las blancas raíces y después echó todo en una cacerola de hierro para que cociera hasta que eliminara toda la vivaz amargura que tenían esas raíces de ... (ver texto completo)