Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
Ninguno sabía entonces en la aldea, que desearían con ansiedad, en un futuro no lejano, ver pasar a mendigos cómo Rascahuertos o Chupahuesos para que volviese a traerles de nuevo a todos la muerte natural de los hombres.
Lo desearían todos con ansia para dar un punto y final a la eterna y decrepita vida de ser esqueletos vivientes, que todos habían elegido.
Capitulo 11
Pasado cierto tiempo el pueblo maldito prospero y casas y callejas se transformaron en una maravillo-sa y prospera aglomeración de palacios lujosos.
Rascahuertos y Chupahuesos esperaban delante de la posada la llegada del amigo Tuercebotas, que ya estaba curado de la fiebre negra que había cogido por esos mundos de Dios.
Cómo el drama de los aldeanos había finalizado felizmente, Rascahuertos y Chupahuesos felices se alejan con su paso cansino, por entre los estrechos senderos que tiene la tierra, de las casas de gentes tan olvidadizas y de sus haciendas.
Ninguno sabía entonces en la aldea, que desearían con ansiedad, en un futuro no lejano, ver pasar a mendigos cómo Rascahuertos o Chupahuesos para que volviese a traerles de nuevo a todos la muerte natural de los hombres.
Lo desearían todos con ansia para dar un punto y final a la eterna y decrepita vida de ser esqueletos vivientes, que todos habían elegido.
Cuando Chupahuesos a requerimiento del Alcalde, desató la cuerda que tenían atado al dragón en los zurrones una brillante luz brotó desde los capachos y rapidísima, se elevó hasta perderse de vista entre las nubes del firmamento.
Cómo el drama de los aldeanos había finalizado felizmente, Rascahuertos y Chupahuesos felices se alejan con su paso cansino, por entre los estrechos senderos que tiene la tierra, de las casas de gentes tan olvidadizas y de sus haciendas.
Todos se miraban a los ojos, para verse en ellos la misma férrea decisión de existir para siempre des-pués del horripilante calvario que habían pasado.
El Alcalde que había votado también vivir, cómo los demás, ordenaba a los dos amigos que abriesen los zurrones y que dejasen libre al dragón de siete cabezas.
Cuando Chupahuesos a requerimiento del Alcalde, desató la cuerda que tenían atado al dragón en los zurrones una brillante luz brotó desde los capachos y rapidísima, se elevó hasta perderse de vista entre las nubes del firmamento.
-Vivir…vivir…vivir y de esa guisa nombraron la palabra vivir en voz alta por treinta veces nuestros sorprendidos amigos. Era una mayoría absoluta la que votó que liberara al dragón de las siete cabezas de inmediato.
Cuando finalizó el recuento el silencio era total en la plaza del pueblo.
Todos se miraban a los ojos, para verse en ellos la misma férrea decisión de existir para siempre des-pués del horripilante calvario que habían pasado.
El Alcalde que había votado también vivir, cómo los demás, ordenaba a los dos amigos que abriesen los zurrones y que dejasen libre al dragón de siete cabezas.
Rascahuertos y Chupahuesos con infinita pacien-cia desdoblaban cada uno de los votos de papel y leían en voz alta el resultado:
-Vivir…vivir…vivir y de esa guisa nombraron la palabra vivir en voz alta por treinta veces nuestros sorprendidos amigos. Era una mayoría absoluta la que votó que liberara al dragón de las siete cabezas de inmediato.
Cuando finalizó el recuento el silencio era total en la plaza del pueblo.
Cómo nada se había quedado al azar, Rascahuertos y Chupahuesos se encargaron de recopilar el voto de los treinta vecinos que tenía el pueblo y contar delante de todos los resultados finales.
Rascahuertos y Chupahuesos con infinita pacien-cia desdoblaban cada uno de los votos de papel y leían en voz alta el resultado:
-Tenéis que escribir en un papel blanco con tinta negra una de estas dos palabras:
- ¡Vivir ó morir!
Cómo nada se había quedado al azar, Rascahuertos y Chupahuesos se encargaron de recopilar el voto de los treinta vecinos que tenía el pueblo y contar delante de todos los resultados finales.
-La decisión que todos vosotros queráis tomar, al respecto, tiene que ser votada y decidida ahora por mayoría absoluta, sin más apelativos.
Dijo el Alcalde y continuó:
-Tenéis que escribir en un papel blanco con tinta negra una de estas dos palabras:
- ¡Vivir ó morir!
-La segunda opción es la que nos ofrece el dragón, porque si le dejásemos libre, todos los habitantes de esta ladea viviremos eternamente y en completa libertad. Entonces será cuando la bestia se irá para siempre de la montaña, cediéndonos a cambio de su vida, la inmortalidad eterna para los vecinos del pueblo.
-La decisión que todos vosotros queráis tomar, al respecto, tiene que ser votada y decidida ahora por mayoría absoluta, sin más apelativos.
Dijo el Alcalde y continuó:
- ¡Ciudadanos!
-Tenemos dos opciones:
-La primera opción es que si dejamos morir ahora al dragón, concluye para siempre el fin de nuestra pesadilla.
-La segunda opción es la que nos ofrece el dragón, porque si le dejásemos libre, todos los habitantes de esta ladea viviremos eternamente y en completa libertad. Entonces será cuando la bestia se irá para siempre de la montaña, cediéndonos a cambio de su vida, la inmortalidad eterna para los vecinos del pueblo.
Al día siguiente celebraban una asamblea todos los vecinos, organizada por el señor Alcalde a petición de Rascahuertos y Chupahuesos y el señor alcalde fue el iniciador y el exponente de los hechos:
- ¡Ciudadanos!
-Tenemos dos opciones:
-La primera opción es que si dejamos morir ahora al dragón, concluye para siempre el fin de nuestra pesadilla.
Capitulo 10
Cuando los aldeanos supieron que la bestia había sido capturada y aun cuando estaba partido en dos mitades les pedía clemencia a cambio de la vida de los aldeanos, ayudaron a Rascahuertos y al amigo Chupahuesos y en una carreta bajaron entre todos de la montaña el traje de escamas de plomo y los dos pesados zurrones con el dragón dentro.
Al día siguiente celebraban una asamblea todos los vecinos, organizada por el señor Alcalde a petición de Rascahuertos y Chupahuesos y el señor alcalde fue el iniciador y el exponente de los hechos:
Rascahuertos y Chupahuesos fuertemente sorpren-didos por tan extraordinaria maravilla que estaban escuchando por la boca del dividido dragón de las siete cabezas, que debería ser mudo; y por esa rara proposición hacía; decidieron avisar al Alcalde y a los vecinos para que fueran ellos los que tomasen la decisión más idónea.
Capitulo 10
Cuando los aldeanos supieron que la bestia había sido capturada y aun cuando estaba partido en dos mitades les pedía clemencia a cambio de la vida de los aldeanos, ayudaron a Rascahuertos y al amigo Chupahuesos y en una carreta bajaron entre todos de la montaña el traje de escamas de plomo y los dos pesados zurrones con el dragón dentro.
- ¡Líbrame de esta pena compasivos seres! Dejad que se prolongue mi existencia si vosotros que sois buenos humanos deseáis que los aldeanos que me han dado el diario sustento vivan eternamente.
Rascahuertos y Chupahuesos fuertemente sorpren-didos por tan extraordinaria maravilla que estaban escuchando por la boca del dividido dragón de las siete cabezas, que debería ser mudo; y por esa rara proposición hacía; decidieron avisar al Alcalde y a los vecinos para que fueran ellos los que tomasen la decisión más idónea.
Entre los excrementos de cabra y oveja que había esparcidos por doquier, nuestros hombres hallaron tirado en el suelo un brillante traje que les llamó la tención por su extraña forma y su confección. Al pretender levantar el vestido del suelo el excesivo peso que esta prenda tenía le doblegó al instante y Chupahuesos tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder levantar el extraño traje de plomo del suelo.
Llevando el traje a sus espaldas se acerco hasta el árbol en donde habían dejado los zurrones ... (ver texto completo)
- ¡Líbrame de esta pena compasivos seres! Dejad que se prolongue mi existencia si vosotros que sois buenos humanos deseáis que los aldeanos que me han dado el diario sustento vivan eternamente.
Sorprendidos, Rascahuertos y Chupahuesos, por la velocidad con que se daba por concluido el pelia-gudo problema de los aldeanos, dejan los zurrones bien atados colgados del árbol más alto y entraron en las cuevas para curiosearlo todo antes de bajar del monte y dar la noticia del final de la pesadilla al Alcalde y a los vecinos.
Entre los excrementos de cabra y oveja que había esparcidos por doquier, nuestros hombres hallaron tirado en el suelo un brillante traje que les llamó la tención por su extraña forma y su confección. Al pretender levantar el vestido del suelo el excesivo peso que esta prenda tenía le doblegó al instante y Chupahuesos tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder levantar el extraño traje de plomo del suelo.
Llevando el traje a sus espaldas se acerco hasta el árbol en donde habían dejado los zurrones ... (ver texto completo)
Cuando ese formidable y extraordinario fenómeno finalizo, al instante todos los rumores que conlleva la naturaleza volvieron a oírse en la montaña.
Sorprendidos, Rascahuertos y Chupahuesos, por la velocidad con que se daba por concluido el pelia-gudo problema de los aldeanos, dejan los zurrones bien atados colgados del árbol más alto y entraron en las cuevas para curiosearlo todo antes de bajar del monte y dar la noticia del final de la pesadilla al Alcalde y a los vecinos.
Una poderosa fuerza de luz, cómo si de un relám-pago se tratase, brotó del lugar donde se hallaba la bestia y la luminosidad intensa, giró por tres veces en el aire, cómo si de un torbellino se tratase, antes de introducirse dentro del zurrón de Rascahuertos y Chupahuesos.
Cuando ese formidable y extraordinario fenómeno finalizo, al instante todos los rumores que conlleva la naturaleza volvieron a oírse en la montaña.
¡Con la fuerza del Creador y con el poder que nos ha sido otorgado por la largueza y el desinterés de nuestros actos y sólo con nuestra propia voluntad, deseamos que este dragón de las siete cabezas se parta en dos y se meta dentro de los zurrones!
Una poderosa fuerza de luz, cómo si de un relám-pago se tratase, brotó del lugar donde se hallaba la bestia y la luminosidad intensa, giró por tres veces en el aire, cómo si de un torbellino se tratase, antes de introducirse dentro del zurrón de Rascahuertos y Chupahuesos.
El bicho, estaba devorando con ansiosa glotonería las provisiones que los aldeanos le habían dejado a la entrada. Y al saber Rascahuertos y Chupahuesos que no tenían defensa si se enfrentaban ellos solos con semejante bestia, decidieron utilizar el poder que les habían otorgado los extraños pedigüeños y sacaron sus zurrones a la vez que pronunciaban las siguientes palabras, en la placida noche:
¡Con la fuerza del Creador y con el poder que nos ha sido otorgado por la largueza y el desinterés de nuestros actos y sólo con nuestra propia voluntad, deseamos que este dragón de las siete cabezas se parta en dos y se meta dentro de los zurrones!
Cuando después de infinitas fatigas los hombres se acercaron a la entrada donde se hallaban las vallas de los rediles de las cuevas, sus semblantes palide-cieron cuando comprobaron, que la maligna bestia que tenía aterrorizados a los aldeanos es un simple y enorme dragón de siete cabezas.
El bicho, estaba devorando con ansiosa glotonería las provisiones que los aldeanos le habían dejado a la entrada. Y al saber Rascahuertos y Chupahuesos que no tenían defensa si se enfrentaban ellos solos con semejante bestia, decidieron utilizar el poder que les habían otorgado los extraños pedigüeños y sacaron sus zurrones a la vez que pronunciaban las siguientes palabras, en la placida noche:
Mientras trepaban por la estrecha vereda, notaron un excepcional silencio que dominaba el ambiente y la noche.
Nada se movía ó respiraba a su alrededor.
La propia naturaleza les pareció que había dejado de existir, porque el profundo silencio lo dominaba todo en el monte.
Cuando después de infinitas fatigas los hombres se acercaron a la entrada donde se hallaban las vallas de los rediles de las cuevas, sus semblantes palide-cieron cuando comprobaron, que la maligna bestia que tenía aterrorizados a los aldeanos es un simple y enorme dragón de siete cabezas.
La negra noche que se iniciaba, se hallaba plagada de estrellas que brillaban centelleantes, haciendo a los esforzados escaladores cómplices guiños desde el hermoso firmamento.
Mientras trepaban por la estrecha vereda, notaron un excepcional silencio que dominaba el ambiente y la noche.
Nada se movía ó respiraba a su alrededor.
La propia naturaleza les pareció que había dejado de existir, porque el profundo silencio lo dominaba todo en el monte.
Ya entrada la noche y cuando los habitantes del pueblo habían dejado la ofrenda diaria de comida a la vera de las cuevas, Rascahuertos y Chupahuesos equipados con todos sus avios se encaminaron, sin pensárselo dos veces, pendiente arriba hacía la alta cima de la montaña, donde estaba ubicada la cueva para el ganado.
La negra noche que se iniciaba, se hallaba plagada de estrellas que brillaban centelleantes, haciendo a los esforzados escaladores cómplices guiños desde el hermoso firmamento.
La generosidad de los dos, sorprendió gratamente al Alcalde, el cual muy satisfecho por el caritativo y generoso gesto, les nombró hijos adoptivos de la aldea.
Ya entrada la noche y cuando los habitantes del pueblo habían dejado la ofrenda diaria de comida a la vera de las cuevas, Rascahuertos y Chupahuesos equipados con todos sus avios se encaminaron, sin pensárselo dos veces, pendiente arriba hacía la alta cima de la montaña, donde estaba ubicada la cueva para el ganado.
Rascahuertos y Chupahuesos tomaron la decisión de que el Alcalde se encargase de repartir, los 90 patos que había contado, entre la gente que más lo necesitada en la aldea para poder mitigar de alguna forma la hambruna que padecían.
La generosidad de los dos, sorprendió gratamente al Alcalde, el cual muy satisfecho por el caritativo y generoso gesto, les nombró hijos adoptivos de la aldea.
Ningún habitante del pueblo les había visto jamás, ni tampoco sabía nadie absolutamente nada, sobre la naturaleza de estas bestias, que devoraban todos los alimentos que producía el pueblo.
Rascahuertos y Chupahuesos tomaron la decisión de que el Alcalde se encargase de repartir, los 90 patos que había contado, entre la gente que más lo necesitada en la aldea para poder mitigar de alguna forma la hambruna que padecían.
-Rascahuertos, contaba ayudado por el asombrado mesonero los esplendidos patos que habían cogido en el lago, era muy consciente de esa peligrosa y arriesgada aventura que iban a emprender contra la terrible y desconocida fuerza mortal que había en la montaña.
Ningún habitante del pueblo les había visto jamás, ni tampoco sabía nadie absolutamente nada, sobre la naturaleza de estas bestias, que devoraban todos los alimentos que producía el pueblo.
Cuando los patos se hallaron esparcidos encima de dos mesas, Rascahuertos y Chupahuesos los conta-ron por curiosidad y cuando terminaron de contar, vieron que había sobre las dos mesas 90 hermosos y apetitosos patos.
-Rascahuertos, contaba ayudado por el asombrado mesonero los esplendidos patos que habían cogido en el lago, era muy consciente de esa peligrosa y arriesgada aventura que iban a emprender contra la terrible y desconocida fuerza mortal que había en la montaña.
-Un ruido y un aleteo ensordecedor se acercaba por el aire hacía ellos, hasta que los patos que en el lago había se metieron dentro de los dos zurrones.
Cómo entre los dos no podían llevar tanto peso, le dieron un avisó al posadero para que les llevara los abultados zurrones en una carreta hasta la fonda.
Cuando los patos se hallaron esparcidos encima de dos mesas, Rascahuertos y Chupahuesos los conta-ron por curiosidad y cuando terminaron de contar, vieron que había sobre las dos mesas 90 hermosos y apetitosos patos.
Nuestros vagamundos viendo esa gran oportunidad de poder cenar los patos, abrieron de inmediato sus zurrones y dijeron al unísono, con fuerte y sonora voz:
- ¡Patos patitos adentro de nuestras bolsas estaréis más bonitos!
-Un ruido y un aleteo ensordecedor se acercaba por el aire hacía ellos, hasta que los patos que en el lago había se metieron dentro de los dos zurrones.
Cómo entre los dos no podían llevar tanto peso, le dieron un avisó al posadero para que les llevara los abultados zurrones en una carreta hasta la fonda.
Rascahuertos y Chupahuesos salieron detrás de él y tomando el camino que el mesonero les señalaba llegaron enseguida al borde de un precioso lago en donde revoloteaban con gran alboroto y escándalo una gran caterva de hermosos patos.
Nuestros vagamundos viendo esa gran oportunidad de poder cenar los patos, abrieron de inmediato sus zurrones y dijeron al unísono, con fuerte y sonora voz:
- ¡Patos patitos adentro de nuestras bolsas estaréis más bonitos!
Cómo no tenían nada que hacer y el tiempo les so-braba, Rascahuertos le preguntó al posadero si en el pueblo había un río ó lago en donde de pudiese pescar algo para cenar.
- Si tiene a bien vuestra merced yo mismo le indi-care el camino hasta el hermoso lago que bordea la aldea.
Le dijo el posadero saliendo de la fonda.
Rascahuertos y Chupahuesos salieron detrás de él y tomando el camino que el mesonero les señalaba llegaron enseguida al borde de un precioso lago en donde revoloteaban con gran alboroto y escándalo una gran caterva de hermosos patos.
Capitulo 9
Cuando todos los habitantes del pueblo saciados se retiraron a sus casas, se quedaron los vagamundos solos, junto al mesonero y su mujer, que sudaba la gota gorda fregando y retirando de las mesas los cuencos y los vasos de madera, en donde el pueblo se había comido los peces exquisitos y sabrosos.
Cómo no tenían nada que hacer y el tiempo les so-braba, Rascahuertos le preguntó al posadero si en el pueblo había un río ó lago en donde de pudiese pescar algo para cenar.
- Si tiene a bien vuestra merced yo mismo le indi-care el camino hasta el hermoso lago que bordea la aldea.
Le dijo el posadero saliendo de la fonda.
La región que abarcaba ese término municipal era lo bastante amplia para tener el doble de habitantes que los tenía en estos momentos.
Y nuestros dos héroes intuyendo la difícil misión y el complicado panorama que se les presentaba se adormilaron en sus asientos digiriendo los buenos peces que los dos glotones trotamundos se habían comido.
Capitulo 9
Cuando todos los habitantes del pueblo saciados se retiraron a sus casas, se quedaron los vagamundos solos, junto al mesonero y su mujer, que sudaba la gota gorda fregando y retirando de las mesas los cuencos y los vasos de madera, en donde el pueblo se había comido los peces exquisitos y sabrosos.
-Tendréis esta licencia está misma tarde, yo mismo en persona os la traeré sin demora alguna.
-En la taberna os esperamos señor Alcalde.
Dijo Chupahuesos mirando de soslayo a su amigo.
La región que abarcaba ese término municipal era lo bastante amplia para tener el doble de habitantes que los tenía en estos momentos.
Y nuestros dos héroes intuyendo la difícil misión y el complicado panorama que se les presentaba se adormilaron en sus asientos digiriendo los buenos peces que los dos glotones trotamundos se habían comido.
-Señor Alcalde, tenéis que autorizarnos por escrito esta licencia que nos habéis otorgado, porque si al paso del tiempo alguna cosa nos saliese al revés no queremos ser los responsables directos de vuestras desgracias.
Dijo Rascahuertos muy serio.
-Tendréis esta licencia está misma tarde, yo mismo en persona os la traeré sin demora alguna.
-En la taberna os esperamos señor Alcalde.
Dijo Chupahuesos mirando de soslayo a su amigo.
El resto del populacho, (al oír las palabras del edil) le vitoreaba con fervor y entusiasmo por tan sensata y acertada decisión.
-Señor Alcalde, tenéis que autorizarnos por escrito esta licencia que nos habéis otorgado, porque si al paso del tiempo alguna cosa nos saliese al revés no queremos ser los responsables directos de vuestras desgracias.
Dijo Rascahuertos muy serio.
-Pues bien, Rascahuertos y Chupahuesos, yo cómo Alcalde del pueblo de Templanza os autorizo des-de este mismo instante para que vosotros seáis los exterminadores oficiales de la peste inmunda, que está matando a nuestros animales y a nuestra gente y no nos deja nada para que podamos comer.
El resto del populacho, (al oír las palabras del edil) le vitoreaba con fervor y entusiasmo por tan sensata y acertada decisión.
Al oír estas palabras por boca de los forasteros, el Alcalde se acerco hacía ellos y sin preámbulo les preguntó:
- ¿Cómo os llamáis forasteros?
- ¡Rascahuertos y Chupahuesos nos llaman señor!
-Pues bien, Rascahuertos y Chupahuesos, yo cómo Alcalde del pueblo de Templanza os autorizo des-de este mismo instante para que vosotros seáis los exterminadores oficiales de la peste inmunda, que está matando a nuestros animales y a nuestra gente y no nos deja nada para que podamos comer.
- ¡Si me dais carta blanca exterminare la maldad!
Dijo Rascahuertos con potente voz.
Al oír estas palabras por boca de los forasteros, el Alcalde se acerco hacía ellos y sin preámbulo les preguntó:
- ¿Cómo os llamáis forasteros?
- ¡Rascahuertos y Chupahuesos nos llaman señor!
- ¡Sí!... ¡muerte a la bestia!
El clamor de protesta fue tan sonoro y fuerte, que rebotaba entre las paredes de la fonda y retumbaba en largo eco por todo el pueblo.
- ¡Si me dais carta blanca exterminare la maldad!
Dijo Rascahuertos con potente voz.
-Ahora os debemos de preguntar:
- ¿Quiere el pueblo acabar de una vez por todas con esa maldición que hace consumir vuestras haciendas y vuestras vidas?
- ¡Sí!... ¡muerte a la bestia!
El clamor de protesta fue tan sonoro y fuerte, que rebotaba entre las paredes de la fonda y retumbaba en largo eco por todo el pueblo.
Nos ha contado el estrago de maldad y sufrimiento que padecéis y las trágicas consecuencias que todo ello ocasiona a la economía del pueblo. Sabiendo que vuestra aldea era antes de esta tragedia, feliz y autosuficiente.
-Ahora os debemos de preguntar:
- ¿Quiere el pueblo acabar de una vez por todas con esa maldición que hace consumir vuestras haciendas y vuestras vidas?
-Hombres y mujeres de Templanza:
Comenzó sin titubeos Rascahuertos.
-Se por un carretero que habita en vuestro terminó municipal, todas las desgracias y los sufrimientos que padecéis sin causa ni motivación alguna, cómo ya os he dicho, lo sabe mi amigo Chupahuesos y yó, por ese bondadoso arriero que a tenido la sana virtud de traernos hasta vosotros.
Nos ha contado el estrago de maldad y sufrimiento que padecéis y las trágicas consecuencias que todo ello ocasiona a la economía del pueblo. Sabiendo que vuestra aldea era antes de esta tragedia, feliz y autosuficiente.
- ¿Cómo se llama el pueblo?
Preguntó Rascahuertos al aldeano que tenía cerca.
- ¡Templanza, se llama nuestro pueblo señor!
-Hombres y mujeres de Templanza:
Comenzó sin titubeos Rascahuertos.
-Se por un carretero que habita en vuestro terminó municipal, todas las desgracias y los sufrimientos que padecéis sin causa ni motivación alguna, cómo ya os he dicho, lo sabe mi amigo Chupahuesos y yó, por ese bondadoso arriero que a tenido la sana virtud de traernos hasta vosotros.
Muy despacio se levantó Rascahuertos de la mesa y girando la mirada escrutaba los rostros ansiosos de los escasos vecinos que aún quedaban con vida y viendo en ellos la apatía y la resignación decidió hablarles con su sinceridad habitual:
- ¿Cómo se llama el pueblo?
Preguntó Rascahuertos al aldeano que tenía cerca.
- ¡Templanza, se llama nuestro pueblo señor!
Rascahuertos aunque tenía mucha hambre, comió al mismo ritmo de Chupahuesos y cuando terminó de apurar el vino del vaso la gente se arremolinaba a su alrededor expectante y curiosa a la espera de los futuros acontecimientos que había anunciado el mesonero.
Muy despacio se levantó Rascahuertos de la mesa y girando la mirada escrutaba los rostros ansiosos de los escasos vecinos que aún quedaban con vida y viendo en ellos la apatía y la resignación decidió hablarles con su sinceridad habitual:
Los peces (que estaban exquisitamente aliñados) se devoraron en poco tiempo sin pausa ni respiro y a falta del trigo para hacer el pan, la mesonera les había preparado unas exquisitas y calientes tortas de maíz que fueron una delicia para todos.
Rascahuertos aunque tenía mucha hambre, comió al mismo ritmo de Chupahuesos y cuando terminó de apurar el vino del vaso la gente se arremolinaba a su alrededor expectante y curiosa a la espera de los futuros acontecimientos que había anunciado el mesonero.