Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
Al entrar en el patio de armas de la fortaleza todos sintieron escalofríos en la espalda, cuando los tres van hacía la puerta lateral que se imaginaron daba entrada al salón principal.
Al penetrar en el salón del trono se dirigieron entre la medio oscuridad del salón, hacia una larga mesa que había en el centro; y sentado en la cabecera les contemplaba el ladino embustero Tapafuegos, que les acogía con su acostumbrada y burlesca sonrisa.
- ¡Malos tiempos son para negocios, si de verdad los traéis!
Dijo Tapafuegos como saludo de bienvenida.
Después de un buen rato de descanso y repuestos de la fatigosa subida, nuestros amigos empujaron la puerta de entrada, cuyas bisagras chirriaron con estridencia ocasionando un esfuerzo muy grande el poder abrirlas, dado el estado avanzado de la edad de los tres vagabundos.
Al entrar en el patio de armas de la fortaleza todos sintieron escalofríos en la espalda, cuando los tres van hacía la puerta lateral que se imaginaron daba entrada al salón principal.
Tapafuegos fue informado enseguida de la insólita presencia de que tres individuos que tenían aspecto de vagabundos, estaban dormitando en la puerta y no dejaban pasar a nadie.
Después de un buen rato de descanso y repuestos de la fatigosa subida, nuestros amigos empujaron la puerta de entrada, cuyas bisagras chirriaron con estridencia ocasionando un esfuerzo muy grande el poder abrirlas, dado el estado avanzado de la edad de los tres vagabundos.
Los vigilantes de la fortaleza, que eran unos seres que tenían una vida nocturna y a la claridad del día le hacían verdaderos ascos, a duras penas vieron a los tres personajes, de un aspecto variopinto y algo destartalados en sus maneras de vestir, que sientan sus posaderas en la misma puerta y con descaro y desvergüenza se adormilan sin respeto alguno a los dueños del castillo.
Tapafuegos fue informado enseguida de la insólita presencia de que tres individuos que tenían aspecto de vagabundos, estaban dormitando en la puerta y no dejaban pasar a nadie.
Nuestros tres héroes, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, al llegar, se sentaron en el mismo dintel, para despejarse un poco de la mucha fatiga de la empinada subida hasta el enorme portón.
Los vigilantes de la fortaleza, que eran unos seres que tenían una vida nocturna y a la claridad del día le hacían verdaderos ascos, a duras penas vieron a los tres personajes, de un aspecto variopinto y algo destartalados en sus maneras de vestir, que sientan sus posaderas en la misma puerta y con descaro y desvergüenza se adormilan sin respeto alguno a los dueños del castillo.
La fatiga de una larga escalada les hacía pararse de continuo, para poder respirar y reponerse hasta que después del largo día de empinada subida, llegan a las puertas de la enorme fortaleza en donde habita de tiempos inmemoriales el malvado Tapafuegos.
El protector de dragones y de malvadas brujas y de otros ogros de menor cuantía, que pululaban entre los hombres como anda Pedro por su casa.
Nuestros tres héroes, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, al llegar, se sentaron en el mismo dintel, para despejarse un poco de la mucha fatiga de la empinada subida hasta el enorme portón.
Capitulo 13
La noche estaba avanzada cuando nuestros amigos levantando la mirada hacía las estrellas, vieron que centelleaban, como queriendo animarles el camino lleno de peligros que habían escogido hasta lo más alto de una montaña que tenía la cresta totalmente cubierta de nieve.
La fatiga de una larga escalada les hacía pararse de continuo, para poder respirar y reponerse hasta que después del largo día de empinada subida, llegan a las puertas de la enorme fortaleza en donde habita de tiempos inmemoriales el malvado Tapafuegos.
El protector de dragones y de malvadas brujas y de otros ogros de menor cuantía, que pululaban entre los hombres como anda Pedro por su casa.
-El amo del dragón, que se llama Tapafuegos, está trabajando y comiendo, en otra aldea parecida a la vuestra y solamente se doblegará si él bien quiere con vuestra plata y oro.
La avaricia, acariciaba el viciado aire del salón de la posada, dejando el ambiente apestosamente mal, por el fétido olor de la miseria humana.
Capitulo 13
La noche estaba avanzada cuando nuestros amigos levantando la mirada hacía las estrellas, vieron que centelleaban, como queriendo animarles el camino lleno de peligros que habían escogido hasta lo más alto de una montaña que tenía la cresta totalmente cubierta de nieve.
-Dos semanas nos bastarán para buscar al dragón y hacer con él un trato intermedio entre vivir y morir en los años venideros. Pero necesitaremos mucho oro para poder negociar esta industria con el dueño del dragón, porque nosotros sabemos que tiene un malvado dueño, que deseará para negociar la vida o la muerte, todo el oro y la plata que poseáis en la aldea de templanza.
-El amo del dragón, que se llama Tapafuegos, está trabajando y comiendo, en otra aldea parecida a la vuestra y solamente se doblegará si él bien quiere con vuestra plata y oro.
La avaricia, acariciaba el viciado aire del salón de la posada, dejando el ambiente apestosamente mal, por el fétido olor de la miseria humana.
Rascahuertos más animado pidió la palabra y dijo:
-Como el tiempo humano, no cuenta para nosotros, ni cuenta para vosotros, sólo os pediremos tiempo.
-Dos semanas nos bastarán para buscar al dragón y hacer con él un trato intermedio entre vivir y morir en los años venideros. Pero necesitaremos mucho oro para poder negociar esta industria con el dueño del dragón, porque nosotros sabemos que tiene un malvado dueño, que deseará para negociar la vida o la muerte, todo el oro y la plata que poseáis en la aldea de templanza.
Un murmullo de asentimiento general, se escucho en el salón de la posada, lo que animó a nuestros amigos a coger las riendas para solucionar ese feo asunto que el pueblo les planteaba.
Rascahuertos más animado pidió la palabra y dijo:
-Como el tiempo humano, no cuenta para nosotros, ni cuenta para vosotros, sólo os pediremos tiempo.
-Tenemos que rogar de nuevo, que nos presten su ayuda nuestros buenos benefactores, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, porque ellos han sido los que salvaron al pueblo de la tiranía del dragón y nos han ayudado siempre habitando con nosotros en Templanza. Ellos solos pueden, con su inmortal cuerpo orgánico, sacarnos del atolladero en el cual nos hemos metido, por creer que éramos dioses del Universo. Les pedimos que dialoguen con la bestia para poder llegar a un acuerdo que sea lo bastante ... (ver texto completo)
Un murmullo de asentimiento general, se escucho en el salón de la posada, lo que animó a nuestros amigos a coger las riendas para solucionar ese feo asunto que el pueblo les planteaba.
La sorpresa fue general en el vetusto concilio de la aldea de Templanza.
El Alcalde tomó la palabra:
- ¡Vecinos!
-El haber empatado la votación, no quiere decir que nos guste la forma que tenemos de vivir actual y menos nos gustaría dejar de existir llamando a la puerta de la muerte, nuestras ansias de morir o de vivir, no tienen nada que ver con la precariedad de nuestro aspecto que cada día que pasa se deteriora más y más.
-Tenemos que rogar de nuevo, que nos presten su ayuda nuestros buenos benefactores, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, porque ellos han sido los que salvaron al pueblo de la tiranía del dragón y nos han ayudado siempre habitando con nosotros en Templanza. Ellos solos pueden, con su inmortal cuerpo orgánico, sacarnos del atolladero en el cual nos hemos metido, por creer que éramos dioses del Universo. Les pedimos que dialoguen con la bestia para poder llegar a un acuerdo que sea lo bastante ... (ver texto completo)
Chupahuesos ayudado por Tuercebotas comienzan a contar las bolas según iban sacándolas de la urna y la suerte comenzaba de esta guisa:
1ª.- Blanca.
1ª.- Negra.
2ª.- Negra.
3ª.- Negra.
2ª.- Blanca.
3ª.- Blanca.
4ª.- Negra.
4ª.- Blanca.
5ª.- Blanca. ... (ver texto completo)
La sorpresa fue general en el vetusto concilio de la aldea de Templanza.
El Alcalde tomó la palabra:
- ¡Vecinos!
-El haber empatado la votación, no quiere decir que nos guste la forma que tenemos de vivir actual y menos nos gustaría dejar de existir llamando a la puerta de la muerte, nuestras ansias de morir o de vivir, no tienen nada que ver con la precariedad de nuestro aspecto que cada día que pasa se deteriora más y más.
- ¡Tenéis el destino de todos en vuestras manos!
-Ahora contaremos las bolas y lo que salga será el destino final de Templanza.
-Nosotros os devolveremos al dragón si votáis con la bola negra y si es blanco el resultado, seguiréis como estáis y nosotros tres, que os hemos ayudado desinteresadamente, abandonaremos el pueblo y la región para siempre, salga el resultado que sea.
Chupahuesos ayudado por Tuercebotas comienzan a contar las bolas según iban sacándolas de la urna y la suerte comenzaba de esta guisa:
1ª.- Blanca.
1ª.- Negra.
2ª.- Negra.
3ª.- Negra.
2ª.- Blanca.
3ª.- Blanca.
4ª.- Negra.
4ª.- Blanca.
5ª.- Blanca.
6ª.- Blanca.
7ª.- Blanca.
5ª.- Negra.
6ª.- Negra.
8ª.- Blanca.
7ª.- Negra.
9ª.- Blanca.
10ª.- Blanca.
11.- Blanca.
8ª.- Negra.
9ª.- Negra.
12ª.- Blanca.
10ª.- Negra.
11ª.- Negra.
12ª.- Negra.
13ª.- Negra.
14ª.- Negra.
13ª.- Blanca.
14ª.- Blanca.
15ª.- Negra.
15ª.- Blanca.
Total del recuento, 30 bolas, por 30 habitantes.
15 Blancas y 15 Negras.
Resultado final, empate a 15. ... (ver texto completo)
Una vez finalizada la votación, el amigo retornó a la mesa principal para realizar el recuento final de las bolas.
La urna fue abierta por Chupahuesos, delante del Alcalde y de los vecinos, que miraban temerosos al amigo vagabundo, como desconfiando del recto proceder en el recuento.
Rascahuertos se dio enseguida cuenta de la maldad de esta gente y se levantando enojado y de repente les dijo muy enfadado:
- ¡Tenéis el destino de todos en vuestras manos!
-Ahora contaremos las bolas y lo que salga será el destino final de Templanza.
-Nosotros os devolveremos al dragón si votáis con la bola negra y si es blanco el resultado, seguiréis como estáis y nosotros tres, que os hemos ayudado desinteresadamente, abandonaremos el pueblo y la región para siempre, salga el resultado que sea.
-El que meta una bola blanca, es que desea vivir.
-El que meta una bola negra, es que desea morir.
Tuercebotas, que hacía de escribiente, se encargó de pasar la urna por los vecinos de Templanza.
Una vez finalizada la votación, el amigo retornó a la mesa principal para realizar el recuento final de las bolas.
La urna fue abierta por Chupahuesos, delante del Alcalde y de los vecinos, que miraban temerosos al amigo vagabundo, como desconfiando del recto proceder en el recuento.
Rascahuertos se dio enseguida cuenta de la maldad de esta gente y se levantando enojado y de repente les dijo muy enfadado:
-Comprendo que los más ancianos no puedan vivir en las condiciones actuales y para poder dilucidar el asunto de una vez por todas, yo propongo que se haga una votación secreta para determinar quien es el que desea vivir y los que desean dejar el mundo.
Como todos se habían puesto de acuerdo para esta votación, el alguacil a la orden del Alcalde dispuso de inmediato la urna y repartió a cada vecino una bola blanca y otra negra, diciendo:
-El que meta una bola blanca, es que desea vivir.
-El que meta una bola negra, es que desea morir.
Tuercebotas, que hacía de escribiente, se encargó de pasar la urna por los vecinos de Templanza.
- ¡Alcalde!
-Ancianos vecinos y amigos, las posibilidades de morir que los más ancianos desean para descansar de ese calamitoso y esquelético cuerpo que tienen, es razonable para ellos. Pero yo y otros ciudadanos que aún tenemos cincuenta o muy pocos años más, deseamos seguir como estamos. Por lo tanto yó me opongo a que vuelva el dragón de las siete cabezas y finalice la inmortalidad que nos concedió.
-Comprendo que los más ancianos no puedan vivir en las condiciones actuales y para poder dilucidar el asunto de una vez por todas, yo propongo que se haga una votación secreta para determinar quien es el que desea vivir y los que desean dejar el mundo.
Como todos se habían puesto de acuerdo para esta votación, el alguacil a la orden del Alcalde dispuso de inmediato la urna y repartió a cada vecino una bola blanca y otra negra, diciendo:
Después de un rato de silencio y cuando todos los presentes se inquietaban alzó la mano el más joven varón del pueblo, que rondaba los cincuenta años y empezó diciendo lo siguiente:
- ¡Alcalde!
-Ancianos vecinos y amigos, las posibilidades de morir que los más ancianos desean para descansar de ese calamitoso y esquelético cuerpo que tienen, es razonable para ellos. Pero yo y otros ciudadanos que aún tenemos cincuenta o muy pocos años más, deseamos seguir como estamos. Por lo tanto yó me opongo a que vuelva el dragón de las siete cabezas y finalice la inmortalidad que nos concedió.
Los habitantes del pueblo se miraron los unos a los otros, como esperando que el vecino que tenía al lado dijera algo, pero ninguno se atrevió a hablar.
Después de un rato de silencio y cuando todos los presentes se inquietaban alzó la mano el más joven varón del pueblo, que rondaba los cincuenta años y empezó diciendo lo siguiente:
-Pero antes quiero la opinión de todos los vecinos y el que tenga algo que decir que levante la mano y hable.
Los habitantes del pueblo se miraron los unos a los otros, como esperando que el vecino que tenía al lado dijera algo, pero ninguno se atrevió a hablar.
-Pero como esa extraordinaria condición de la vida cómoda no se puede comer ha llegado el momento de tomar la decisión, que os liberara de la falta de muerte que ahora tenéis.
-Pero antes quiero la opinión de todos los vecinos y el que tenga algo que decir que levante la mano y hable.
-Pero al mismo tiempo que todos habéis disfrutado de prosperidad y de bienestar cuando habéis estado en forma, después habéis ocultado que os faltaba la descendencia, para poder continuar los trabajos y la labor de sembrar para comer.
-Pero como esa extraordinaria condición de la vida cómoda no se puede comer ha llegado el momento de tomar la decisión, que os liberara de la falta de muerte que ahora tenéis.
- ¡Vecinos de Templanza!
-Al ser maldito que metimos en nuestros zurrones en dos mitades para que no pudiese reunirse jamás en su mágica existencia, le concedisteis el perdón a cambio de que todos los ciudadanos de la aldea de Templanza viviesen eternamente y esa decisión ha influido en todas vuestras vidas desde que esta maldita bestia se marcho del pueblo.
-Pero al mismo tiempo que todos habéis disfrutado de prosperidad y de bienestar cuando habéis estado en forma, después habéis ocultado que os faltaba la descendencia, para poder continuar los trabajos y la labor de sembrar para comer.
Un clamor general de aprobación y desencanto se escuchó en la sala sin mucha intensidad debido a la vejez de los ciudadanos de Templanza.
La voz del amigo Rascahuertos platicaba sonadora y potente, repartiendo los ecos de sus palabras por el amplio salón de paredes de piedra de sillería.
- ¡Vecinos de Templanza!
-Al ser maldito que metimos en nuestros zurrones en dos mitades para que no pudiese reunirse jamás en su mágica existencia, le concedisteis el perdón a cambio de que todos los ciudadanos de la aldea de Templanza viviesen eternamente y esa decisión ha influido en todas vuestras vidas desde que esta maldita bestia se marcho del pueblo.
-Los patrones Rascahuertos, Chupahuesos y Tuer-cebotas, nos proponen para dar la solución final, al gravísimo problema, de existir eternamente con un cuerpo orgánico que se deteriora aunque no muera; que debíamos de volvernos a la situación anterior, cuando ellos tenían cautivo y partido por la mitad al dragón de las siete cabezas que nos atormentaba la existencia anteriormente y nos arrebató la vida y la comida, sin piedad alguna para nosotros, ni para nuestros hijos.
Un clamor general de aprobación y desencanto se escuchó en la sala sin mucha intensidad debido a la vejez de los ciudadanos de Templanza.
La voz del amigo Rascahuertos platicaba sonadora y potente, repartiendo los ecos de sus palabras por el amplio salón de paredes de piedra de sillería.
- ¡Ciudadanos de Templanza!
- ¡Amigos y estimados vecinos!
-La actual situación, en la que todos los habitantes de la aldea nos hallamos, es tan seria, que tenemos que tomar una decisión que sea aprobada por una mayoría absoluta de todos los vecinos presentes en esta sala.
-Los patrones Rascahuertos, Chupahuesos y Tuer-cebotas, nos proponen para dar la solución final, al gravísimo problema, de existir eternamente con un cuerpo orgánico que se deteriora aunque no muera; que debíamos de volvernos a la situación anterior, cuando ellos tenían cautivo y partido por la mitad al dragón de las siete cabezas que nos atormentaba la existencia anteriormente y nos arrebató la vida y la comida, sin piedad alguna para nosotros, ni para nuestros hijos.
Rascahuertos, chupahuesos, Tuercebotas y el señor Alcalde de Templanza, presidían la urgente sesión.
El Alcalde se alza del asiento muy despacio, por la decrepita flojedad que su esquelético cuerpo tenía, porque a duras penas se tenía en pie; les dijo a sus vecinos:
- ¡Ciudadanos de Templanza!
- ¡Amigos y estimados vecinos!
-La actual situación, en la que todos los habitantes de la aldea nos hallamos, es tan seria, que tenemos que tomar una decisión que sea aprobada por una mayoría absoluta de todos los vecinos presentes en esta sala.
Penosamente y con extraordinarias dificultades, el pueblo lograba al final reunirse en la posada, todos los habitantes, ya sean los vetustos esqueletos, que no podían ni andar y los otros ochentones, que aún realizaban labores sociales y económicas, estaban reunidos en el amplio salón.
Rascahuertos, chupahuesos, Tuercebotas y el señor Alcalde de Templanza, presidían la urgente sesión.
El Alcalde se alza del asiento muy despacio, por la decrepita flojedad que su esquelético cuerpo tenía, porque a duras penas se tenía en pie; les dijo a sus vecinos:
Los que eran en realidad inmortales, porque jamás el tiempo contaba para ellos, después de tener cada cual un tesoro particular que les protegía de todo el mal que existía sobre la Tierra, toman una decisión de común acuerdo con el señor Alcalde de la aldea de Templanza, de convocar una reunión general de todos los vecinos en el salón principal de la posada y añadiendo, que los que no podían salir de su casa debido al viento que corría, fuesen lastrados en sus bolsillos con piedras, para que no estar ... (ver texto completo)
Penosamente y con extraordinarias dificultades, el pueblo lograba al final reunirse en la posada, todos los habitantes, ya sean los vetustos esqueletos, que no podían ni andar y los otros ochentones, que aún realizaban labores sociales y económicas, estaban reunidos en el amplio salón.
ahora.
Nuestros tres amigos reflexionaron y llegaron a la conclusión, de que el mal anterior y el actual, están ligados a la existencia o muerte del dragón asesino que los lugareños de la aldea de Templanza habían soltado años atrás.
Los que eran en realidad inmortales, porque jamás el tiempo contaba para ellos, después de tener cada cual un tesoro particular que les protegía de todo el mal que existía sobre la Tierra, toman una decisión de común acuerdo con el señor Alcalde de la aldea de Templanza, de convocar una reunión general de todos los vecinos en el salón principal de la posada y añadiendo, que los que no podían salir de su casa debido al viento que corría, fuesen lastrados en sus bolsillos con piedras, para que no estar ... (ver texto completo)
El galeno de Templanza ponía los medios posibles para que las escasas mujeres casadas, tuvieran una estirpe tradicional para la multiplicación normal de las pocas familias jóvenes que aún quedaban, pero desde aquel día jamás había nacido una criatura en la comunidad. Y cómo nadie se moría y nadé nacía la prosperidad se estaba encallando por la escasez de fuerzas de una mayoría decrepita, que con gente de edad centenaria y con el resto de edad avanzada que no podían atender a sus campos y sus negocios ... (ver texto completo)
ahora.
Nuestros tres amigos reflexionaron y llegaron a la conclusión, de que el mal anterior y el actual, están ligados a la existencia o muerte del dragón asesino que los lugareños de la aldea de Templanza habían soltado años atrás.
Los treinta y tres habitantes que habitan en la aldea de Templanza, comentan todos los días, a nuestros Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, que los chicos que se unieron a las chicas, no han tenido descendencia, lo que hacía sospechar a su Alcalde y al pueblo, que algo anormal había sucedido al aceptar del dragón la inmortalidad.
El galeno de Templanza ponía los medios posibles para que las escasas mujeres casadas, tuvieran una estirpe tradicional para la multiplicación normal de las pocas familias jóvenes que aún quedaban, pero desde aquel día jamás había nacido una criatura en la comunidad. Y cómo nadie se moría y nadé nacía la prosperidad se estaba encallando por la escasez de fuerzas de una mayoría decrepita, que con gente de edad centenaria y con el resto de edad avanzada que no podían atender a sus campos y sus negocios ... (ver texto completo)
Los mismos treinta vecinos que seguían sanos y salvos desde aquellos entonces, constatando desde entonces que en el termino municipal jamás había nacido un niño o niña humana, desde el mismo día que los vecinos aceptan del dragón la inmortalidad a cambio de la existencia de un cernícalo fabuloso que tenía siete cuellos y siete cabezas.
Los treinta y tres habitantes que habitan en la aldea de Templanza, comentan todos los días, a nuestros Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, que los chicos que se unieron a las chicas, no han tenido descendencia, lo que hacía sospechar a su Alcalde y al pueblo, que algo anormal había sucedido al aceptar del dragón la inmortalidad.
Capitulo 12
Había transcurrido mucho tiempo desde la extraña aventura con el dragón de las siete cabezas y los amigos Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas cómo no habían trabajado jamás, si al trabajar le llaman el traer patos y peces de los alrededores del pueblo y vendérselos en exclusiva a una rechoncha señora de una salchichería que había abierto al pie de la taberna en la plaza del pueblo.
Los mismos treinta vecinos que seguían sanos y salvos desde aquellos entonces, constatando desde entonces que en el termino municipal jamás había nacido un niño o niña humana, desde el mismo día que los vecinos aceptan del dragón la inmortalidad a cambio de la existencia de un cernícalo fabuloso que tenía siete cuellos y siete cabezas.
Tuercebotas, que estaba versado en la criptografía hermética, sabía interpretar estos códices antiguos sin pestañear un ápice, ni equivocarse jamás en las disquisiciones que debía realizar de cada texto.
El misterioso ente que lo había entregado, después de darle alguna vianda para saciar su hambre real, era la prueba definitiva, de que estaban los tres en el sendero y el camino recto, que les llevaría al fin delante de sus ansiadas metas personales.
Capitulo 12
Había transcurrido mucho tiempo desde la extraña aventura con el dragón de las siete cabezas y los amigos Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas cómo no habían trabajado jamás, si al trabajar le llaman el traer patos y peces de los alrededores del pueblo y vendérselos en exclusiva a una rechoncha señora de una salchichería que había abierto al pie de la taberna en la plaza del pueblo.
El códice de cuero, con el texto más santificado de la historia humana, que llevaba siempre consigo el compadre Rascahuertos, lo decía claramente en las hojas escritas con esos latines arcaicos de antiguos monjes Benedictinos.
Tuercebotas, que estaba versado en la criptografía hermética, sabía interpretar estos códices antiguos sin pestañear un ápice, ni equivocarse jamás en las disquisiciones que debía realizar de cada texto.
El misterioso ente que lo había entregado, después de darle alguna vianda para saciar su hambre real, era la prueba definitiva, de que estaban los tres en el sendero y el camino recto, que les llevaría al fin delante de sus ansiadas metas personales.
Rascahuertos y Chupahuesos le acogieron cuando llegó a esta aldea y Tuercebotas se alegraba de ver de nuevo a los compañeros de fatigas y de hambre.
Un nuevo episodio en su andarina vida comenzaba para los tres vagamundos después del reencuentro que suponía para todos el emprender otras nuevas aventuras.
El códice de cuero, con el texto más santificado de la historia humana, que llevaba siempre consigo el compadre Rascahuertos, lo decía claramente en las hojas escritas con esos latines arcaicos de antiguos monjes Benedictinos.
Tuercebotas se frotaba las manos de contento ante las sabias palabras que había pronunciado sin parar un instante, su amigo Rascahuertos.
Estaba curado de la fiebre negra y del espanto que su enfermedad había provocado en la aldea donde le acogieron con tanta piedad y compasión.
La vuelta al redil después de haberse curado con la pócima de un nigromante que se había echado en el pueblo como amigo, fue una salvación para los deteriorados huesos de su famélico cuerpo.
Rascahuertos y Chupahuesos le acogieron cuando llegó a esta aldea y Tuercebotas se alegraba de ver de nuevo a los compañeros de fatigas y de hambre.
Un nuevo episodio en su andarina vida comenzaba para los tres vagamundos después del reencuentro que suponía para todos el emprender otras nuevas aventuras.
-Cristo supremo e inmortal en estos señalados días los tres más veteranos vagabundos os pedimos con humildad la inmensa clemencia, para que bendigas a los caminos de la tierra y a los habitantes de ese inmenso techo celestial, que nos protege todos los días del año en el instante crucial de servirnos de tú fuerza y de tú inmenso poder.
Tuercebotas se frotaba las manos de contento ante las sabias palabras que había pronunciado sin parar un instante, su amigo Rascahuertos.
Estaba curado de la fiebre negra y del espanto que su enfermedad había provocado en la aldea donde le acogieron con tanta piedad y compasión.
La vuelta al redil después de haberse curado con la pócima de un nigromante que se había echado en el pueblo como amigo, fue una salvación para los deteriorados huesos de su famélico cuerpo.
Rascahuertos siguió leyendo con un extraño ritual de latín arcaico:
-Elohím gala uní la bapalatat et brózale.
-Schem ha mephohasch.
-Visita interiora térrea rectificando ivenies occul-tum lapiden.
-Sanctus Michael Archangele defende nos in proe-mio contra nequitiam et insidias diaboli esto prae-sidium.
Imperet illi Deus suplices deprecamur tuque princeps militioe coelestis.
Satanian aliosque spiritus malignos qui ad perditionem animarum pergavantur mundo divina virtude in infernun detrude. ... (ver texto completo)
-Cristo supremo e inmortal en estos señalados días los tres más veteranos vagabundos os pedimos con humildad la inmensa clemencia, para que bendigas a los caminos de la tierra y a los habitantes de ese inmenso techo celestial, que nos protege todos los días del año en el instante crucial de servirnos de tú fuerza y de tú inmenso poder.
Después Rascahuertos siguió leyendo:
-Los objetos que ven las personas sólo son reflejos celestiales que únicamente observan cuando vibran los éteres de una determinada forma; y cuando no percibimos lo que tenemos delante de nuestra nariz por nuestra ceguera humana, los éteres dejaban de vibrar alejándose de este ecosistema y de nuestro mundo para siempre.
Rascahuertos siguió leyendo con un extraño ritual de latín arcaico:
-Elohím gala uní la bapalatat et brózale.
-Schem ha mephohasch.
-Visita interiora térrea rectificando ivenies occul-tum lapiden.
-Sanctus Michael Archangele defende nos in proe-mio contra nequitiam et insidias diaboli esto prae-sidium.
Imperet illi Deus suplices deprecamur tuque princeps militioe coelestis.
Satanian aliosque spiritus malignos qui ad perditionem animarum pergavantur mundo divina virtude in infernun detrude.
Amen. ... (ver texto completo)
-La montaña de los hombres da siete leguas de su sombra al Norte, en cuarenta largos días, desde el siete de un mes, en el cual crecen las flores.
-Cincuenta jornadas más tarde, salen seis hombres de un lugar en donde se encuentra un trozo de cruz y andan hacía al Este, cien codos sagrados.
-Cuando llegan, deben de unir el vértice al ángulo de la sombra.
-Una vez allí trazaran un círculo en ese punto de la tierra mientras se ponen a rezar seis padrenuestros, dos rosarios y una novena.
-Cavad ... (ver texto completo)
Después Rascahuertos siguió leyendo:
-Los objetos que ven las personas sólo son reflejos celestiales que únicamente observan cuando vibran los éteres de una determinada forma; y cuando no percibimos lo que tenemos delante de nuestra nariz por nuestra ceguera humana, los éteres dejaban de vibrar alejándose de este ecosistema y de nuestro mundo para siempre.
Cuando finalizaron el ágape subieron los tres hasta la habitación que ocupaban para holgar y para que descansara Tuercebotas de la fatiga del largo viaje.
Una vez asentados los tres en la lujosa habitación, equipada con muebles tallados con maderas pre-ciosas, que había elaborado para ellos en el pueblo el ebanista, agradecido por liberarles de un terrible dragón, Rascahuertos abrió el libro por la mitad y se dispuso a leer en voz alta lo que sigue:
-La montaña de los hombres da siete leguas de su sombra al Norte, en cuarenta largos días, desde el siete de un mes, en el cual crecen las flores.
-Cincuenta jornadas más tarde, salen seis hombres de un lugar en donde se encuentra un trozo de cruz y andan hacía al Este, cien codos sagrados.
-Cuando llegan, deben de unir el vértice al ángulo de la sombra.
-Una vez allí trazaran un círculo en ese punto de la tierra mientras se ponen a rezar seis padrenuestros, dos rosarios y una novena.
-Cavad ... (ver texto completo)
Rascahuertos era el custodio del cofre con el libro y Chupahuesos tenía en custodia el preciado juego de ajedrez.
Cuando finalizaron el ágape subieron los tres hasta la habitación que ocupaban para holgar y para que descansara Tuercebotas de la fatiga del largo viaje.
Una vez asentados los tres en la lujosa habitación, equipada con muebles tallados con maderas pre-ciosas, que había elaborado para ellos en el pueblo el ebanista, agradecido por liberarles de un terrible dragón, Rascahuertos abrió el libro por la mitad y se dispuso a leer en voz alta lo que sigue:
Hartos de comer y beber, el trío de vagabundos se contaron sus aventuras y desdichas y le entregaron a Tuercebotas para su custodia el cofre del dominó que había olvidado uno de los danzarines.
Rascahuertos era el custodio del cofre con el libro y Chupahuesos tenía en custodia el preciado juego de ajedrez.
Y este era el motivo de que le pusieran el nombre de Tuercebotas, porque pisaba torcido en la planta de los dos pies.
El abrazo de los tres amigos, unido a la alegría de estar juntos otra vez, era lo más emocionante de la llegada de Tuercebotas al prospero pueblo.
Entraron cogidos del hombro los tres en la taberna y Rascahuertos ordenó al mesonero que preparara la mejor pitanza que tuviese para tres y ordenó que a la habitación que ahora ocupaban le añadiera una cama más para su amigo Tuercebotas.
Hartos de comer y beber, el trío de vagabundos se contaron sus aventuras y desdichas y le entregaron a Tuercebotas para su custodia el cofre del dominó que había olvidado uno de los danzarines.
Cuando llegó hasta la plaza la diligencia correo, de su interior se bajo el más extravagante personaje, que alma humana pueda imaginarse. Tuercebotas, cómo llamaban al insólito personaje, iba acicalado de jubón y sayón de lienzo rústico, que tenía atado al cinto una correa de cuero de la cual colgaba una daga curva primorosamente grabada.
Unos botines de borrego remataban las delgadas y arqueadas formas de sus piernas.
Y este era el motivo de que le pusieran el nombre de Tuercebotas, porque pisaba torcido en la planta de los dos pies.
El abrazo de los tres amigos, unido a la alegría de estar juntos otra vez, era lo más emocionante de la llegada de Tuercebotas al prospero pueblo.
Entraron cogidos del hombro los tres en la taberna y Rascahuertos ordenó al mesonero que preparara la mejor pitanza que tuviese para tres y ordenó que a la habitación que ahora ocupaban le añadiera una cama más para su amigo Tuercebotas.
Capitulo 11
Pasado cierto tiempo el pueblo maldito prospero y casas y callejas se transformaron en una maravillo-sa y prospera aglomeración de palacios lujosos.
Rascahuertos y Chupahuesos esperaban delante de la posada la llegada del amigo Tuercebotas, que ya estaba curado de la fiebre negra que había cogido por esos mundos de Dios.
Cuando llegó hasta la plaza la diligencia correo, de su interior se bajo el más extravagante personaje, que alma humana pueda imaginarse. Tuercebotas, cómo llamaban al insólito personaje, iba acicalado de jubón y sayón de lienzo rústico, que tenía atado al cinto una correa de cuero de la cual colgaba una daga curva primorosamente grabada.
Unos botines de borrego remataban las delgadas y arqueadas formas de sus piernas.