Mensajes enviados por Críspulo Cortés Cortés:
Hay que poner los puntos sobre las ies.
Hay quien las mata callando.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
Hay quién está siempre ocupado pero nunca hace nada.
Hay que llevar dos sacos, uno para llevar y otro para recibir.
Hay quienes ante el peligro se crecen.
Hay que leerle la cartilla.
Hay quien busca un burro estando sentado sobre él.
Hay que hacer de tripas corazones.
Hay quien a los veinte años es viejo y a los cuarenta pellejo.
Hay que fijarse de que lado sopla el viento.
Hay que ver para creer.
Hay que estirar el pies hasta donde llegue la sábana.
Hay que tomar el
toro por las astas.
Hay que estar a las duras y a las maduras.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
Hay que sufrir para merecer.
Hay que esperar que las aguas retornen a su nivel.
Hay que ser puerco pero no trompudo.
Hay que engordar al cochino, para sacar buen tocino.
Hay que saber nadar y guardar la ropa.
Hay que empujar, porque vienen empujando.
Hay que romper el huevo antes de hacer la tortilla.
Hay que dar para recibir.
Hay que predicar con el ejemplo.
Hay que darle tiempo al tiempo.
Hay que poner tierra de por medio.
Hay que darle el beneficio de la duda.
Hay que poner remedio a tiempo.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Hay que poner los puntos sobre las ies.
Hay que creer, rajar o desastillar.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
Hay que cortar por lo sano.
Hay que llevar dos sacos, uno para llevar y otro para recibir.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Hay que leerle la cartilla.
Hay que comer del ala para comer de la pechuga.
Hay que hacer de tripas corazones.
Hay que coger al toro por los cuernos.
Hay que fijarse de que lado sopla el viento.
Hay que arar con los bueyes que se tenga.
Hay que estirar el pies hasta donde llegue la sábana.
Hay que aprender a ser gato de casa grande, se van a acabar los ratones.
Hay que estar a las duras y a las maduras.
Hay que andar más tieso que un ajo.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Hay que esperar que las
aguas retornen a su nivel.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Hay que engordar al cochino, para sacar buen tocino.
Hay mujeres, mujercillas, monicacas y monicaquillas.
Hay que empujar, porque vienen empujando.
Hay muchos diablos de un mismo pelaje.
Hay que dar para recibir.
Hay dos animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Hay que darle tiempo al tiempo.
Hay de todo en la viña del Señor.
Hay que darle el beneficio de la duda.
Hay desgracias con suerte.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Hay confianzas que matan.
Hay que creer, rajar o desastillar.
Hay confianzas que dan asco.
Hay que cortar por lo sano.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Hay burros que su bien no conocen, y cuando les rascan dan coces.
Hay que
comer del ala para comer de la pechuga.
Hay ayudas que son lavativas.
Hay que coger al
toro por los cuernos.
Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan.
Hay que arar con los bueyes que se tenga.
Haya paz duradera y sea lo que Dios quiera.
Hay que aprender a ser gato de
casa grande, se van a acabar los ratones.
Hay amores que matan.
Hay que andar más tieso que un ajo.
Haya marido, aunque sea de grano mijo.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
Hay mujeres, mujercillas, monicacas y monicaquillas.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
Hay muchos diablos de un mismo pelaje.
Hasta un pelo hace sombra en el suelo.
Hay dos animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Hasta una hormiga que pierde, muerde.
Hay de todo en la viña del Señor.
Hasta una hormiga que pierde, duerme. Hay dos animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Hay desgracias con suerte.
Hasta una hormiga que pierde, duerme.
Hay confianzas que matan.
Hasta una aguja, caída, bien paga la recogida.
Hay confianzas que dan asco.
Hasta San Antón Pascuas son, y si las quieres alargar hasta la Virgen de la Paz.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
Hasta que se muere el arriero, no se sabe de quien es la recua.
Hay burros que su bien no conocen, y cuando les rascan dan coces.